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Proyecto de Desarrollo Cívico Rural

   

La verdadera justicia social está poner a todos los individuos en capacidad de pago, no en exonerarlos de ello. La gratuidad prostituye el concepto del valor.

 

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LA GUARDARRAYA CUBANA
Mar
ía de los Angeles González Amaro

Desde muy pequeña sentí gran repulsión hacia los llamados por mi primer maestro "latifundistas". Recuerdo cuando una niña como yo, que no sabíamos leer aún, me gritó en el aula: "Tu papá es un latifundista". La ofensa fue tan grande para mí, que comencé a llorar y llegué a mi casa pidiendo a gritos que me sacaran de esa escuela, hasta que comprendí por qué razón mis padres reaccionaron con indiferencia. La niña y yo sólo remetíamos como papagayos lo enseñado por el profesor comunista, y sólo mucho después conocí el significado de tal calificativo dado a mi padre, que estaba muy lejos de serlo, por ser un mecánico y poseer, como única propiedad, un automóvil que prestaba servicios a todos los enfermos del barrio donde vivíamos y al que los vecinos bautizaron cariñosamente como "La ambulancia".

Este amargo recuerdo que guardo desde hace tantos años es el fruto de una revolución que dijeron la hicieron para beneficiar al pueblo. Y yo me pregunto: ¿a qué parte de el sirve? Porque nunca se repartió las tierras a los campesinos, ni se les permite a las personas construir sus casas en terrenos baldíos, esa revolución, al menos para bien  no llegó a los desalojados del Callejón del Polvorín en el Cacahual, muy próximo al mausoleo del Titán de Bronce, que levantaría su machete nuevamente para luchar contra el atropello cometido por quienes dicen defender los intereses de la nación.

¿Por qué se violan los derechos del hombre? Fidel parece ignorar que en Cuba se expulsan a mujeres, niños y ancianos de sus viviendas. Estas son demolidas, causando terror y dolor. Sin embargo, en sus discursos en y hacia el extranjero ha enfatizado el derecho del hombre a tener una vivienda, y él arroja a los suyos a la calle. Pienso que Caridad, Rafelito, como otros más desalojados de sus hogares, han sintido gran indignación al escuchar el oratorio abogando por los desamparados. Y ellos, ¿como qué clasifican?

Los latifundistas, según los comunistas, desalojaban de sus tierras a los campesinos, y éstos iban a parar a la guardarraya. Y ahora, ¿hacia dónde irán los expulsados? Si esta es del dueño de todo, el estado. La desesperación de las madres y la impotencia ante la injusticia, ofrece un fiel testimonio para quienes realmente desean el bienestar de su pueblo, y se arriesgan a denunciarlo a la opinión pública internacional, sin importarles que por ello sean juzgados como contrarrevolucionarios.

El pueblo tiene voz, y reclama sus derechos, porque halló su verdadero camino, que no es el de la guardarraya impuesta.