En
auge producción y venta ilegales de tabacos
(Artículo publicado por cubaNet)
Víctor Rolando Arroyo, UPECI /CECAIC
PINAR DEL RIO, Junio- 2001- Los torcedores de habanos
de Pinar del Río y de otras zonas del país reciben hoy
tentadoras ofertas de trabajo en las fábricas
clandestinas que proliferan en esta región del occidente
cubano.
Diversos factores han propiciado este fenómeno. Los
principales son que el Estado paga poco a los campesinos
que producen la hoja, el costo de producción es alto y
los torcedores de puros devengan salarios insuficientes
por laborar en pésimas condiciones de trabajo y bajo
extremas medidas de vigilancia que humillan al obrero.
Además, muy importante, hay demanda del producto en el
mercado ilegal.
Tal es el incremento de fábricas y torcedores
clandestinos de tabaco que el gobierno creó un órgano
represivo para exterminar el tráfico de tabaco al que
denominó "Grupo de Enfrentamiento al Tráfico de
Tabaco", y que está integrado por investigadores
policiales, fiscales y otros especialistas.
En 1996 ya la prensa oficialista señalaba que en los
tribunales se habían radicado cientos de causas por tráfico
ilegal de tabaco, y que el volumen de productos ocupados
por la policía iba en aumento.
En los primeros meses de este año fueron detectadas y
desactivadas alrededor de doce fábricas clandestinas de
tabaco y se ocupó, además de puros y hojas, anillos, y
cajas y envases de calidad superior capaces de convencer a
cualquier fumador experto de que su contenido proviene de
las famosas vegas de Monterrey, El Corojo o Buena Vista.
El procedimiento usado por los productores clandestinos
se ha ido perfeccionando de manera directamente
proporcional al aumento de la represión policiaca. En él
intervienen cientos de ciudadanos de ambos sexos
encargados de trasladar del campo a la ciudad en pequeñas
cantidades las hojas de tabaco. Antes de esta operación
de transportación de la materia prima, los fabricantes
compran a los vegueros parte de su cosecha, que éstos
ocultan hábilmente de la vista de los representantes del
gobierno a cargo de comprarles la producción.
Expertos en la materia califican las hojas de tabaco en
casas destinadas a ello en los pueblos o ciudades donde
radican las fábricas y luego las distribuyen a los puntos
donde se elaboran los puros, donde por lo general trabajan
tres o cuatro torcedores.
Cuando concluye la producción, ésta es recogida y se
traslada a otro sitio donde es clasificada, anillada y
embalada en cajas y estuches de lujo "originales".
Estos productores de tabaco tienen demanda de turistas
que visitan la provincia, de extranjeros residentes en el
país, de fumadores nacionales que rechazan las ofertas
estatales por su mala calidad e, incluso, de cubanos
residentes en el extranjero o que viajan al exterior.
Las autoridades admiten que el destino de las
producciones ilegales es diverso y va en aumento. De ahí
su decisión de crear el Grupo de Enfrentamiento al Tráfico
de Tabaco. No obstante, el auge de tales instalaciones es
tal que los funcionarios afirman que neutralizar las fábricas
será difícil.
Otro factor que conspira contra la erradicación de los
productores ilegales de puros es la escasez de empleo
existente en el país.
El tráfico de tabaco está en auge y llega lejos. Se
sabe de producciones pinareñas que se venden en zonas turísticas
tan lejanas como Varadero.
La producción y venta ilegal de tabaco es una
actividad tan lucrativa que se hace un "negocio"
tentador hasta para militares y policías. Aún se
recuerda que en 1997 se produjo un escándalo cuando se
descubrió que miembros de ambos cuerpos, vistiendo sus
uniformes, eran los encargados del trasiego de tabaco
hacia otras zonas del país. Así burlaban los puntos de
control policial donde registran a personas y vehículos a
la entrada y salida de los pueblos y ciudades.
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