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En peligro de extinción las frutas de Cuba 
Por: Juan Carlos Céspedes, (Agencia de Prensa Libre Oriental)

SANTIAGO DE CUBA - Febrero 11 de 1998 - Son muchos los que se han inspirado en nuestras deliciosas frutas, que crecen en nuestros campos de forma espontánea o mediante cultivos dirigidos desde hace varios siglos. Poetas, compositores, pintores han sido blanco de ellas en su imaginación.
Así podemos ver cómo las incomparables frutas del Caney fueran fuente de inspiración de ese gran compositor oriental Félix B. Cagnet, y que diera lugar a una linda pieza popular que ha recorrido el mundo entero con su pregón.
Sin embargo, las que más deleitan a los más exigentes paladares no son oriundas de Cuba, pues en las últimas centurias muchas de las que hoy abundan fueron traídas de Asia, Africa, América del Sur o Central y de las Antillas. No obstante, muchas de éstas ya se consideran naturalizadas gracias a nuestro generoso clima tropical que como obra de Dios tiene nuestra bella isla caribeña.
Se podría preguntar: ¿quién no ha probado aunque sea una de nuestras frutas, ya sea en jugo, tajada o la propia fruta tal como la concibiera la naturaleza para deleite de grandes y chicos? Para aquél que la disfrutó y ya no la recuerda o por diferentes razones no pueda saborearla, quiero llevarlo en su imaginación hasta el sabroso hijo de la familia (anarcadia), ese jugoso y carnoso fruto que como la manzana es nuestro mango tropical, que aunque procede del Asia, fue introducido en el siglo pasado por un inglés precisamente en la zona del Caney, quien lo recibió como en su propia casa, por lo que en Cuba no se da igual en ningún otro lugar.
¿Quién no ha saboreado las ricas guayabas? Esta delicia de la familia (mirtacea), que se ha naturalizado con su delicioso fruto rico en vitamina C por lo que despierta gran interés en el mercado como fuente de alimentación en compotas para ancianos y niños.
Otra de nuestras riquezas frutales es el poretaria manmosa de la familia zapotácea, conocido en la zona occidental como el mamey colorado y en Oriente como zapote. Esta bien gustada fruta como quiera que la llamen es oriunda del sur mexicano y hoy cultivada en todas las regiones de Cuba para todo el que guste de un buen batido con leche y hielo frappé.
Para que no olviden otra de nuestras frutas tropicales les mencionaré el aguacate, el anón, la guanábana, chirimoya, el coco, de origen americano cuya agua es rica en propiedades medicinales y su grasa codiciada por la industria de cosméticos, el mamey de Santo Domingo, el mamoncillo chino, el melón de agua, símbolo de nuestras fiestas carnavalescas. Y para concluir no podía faltar la reina de Cuba por su hermosa corona, la piña que fuera bautizada por los españoles como la reina de las frutas, encontrada por primera vez en Brasil y hoy naturalizada en nuestra tropical isla.
Este paseo campestre que bien te podría poner en contacto con su naturaleza, disfrutar de sus ricas frutas y una que otras veces derramar lágrimas de añoranzas por los tiempos pasados, está a riesgo de ser sólo eso, recuerdos. Una indiscriminada tala no perdona el más noble de los árboles. Cuando no es para combustible es para robarle todo su fruto. Sin la menor piedad, cientos de árboles son derribados durante su cosecha por ladrones inescrupulosos a quienes solo interesa el botín de ese día.
Algo muy triste para cualquier persona es ver cómo toneladas de las más codiciadas frutas se pierden en los campos por falta de gestión para su recolección y puesta al mercado. Muchas veces las autoridades decomisan camiones enteros de frutas que se dirigen a lugares tan distantes como de Santiago de Cuba a La Habana, prefiriendo su descomposición o ser alimento para los cerdos, cuando los seres humanos muy pocas veces tienen acceso a sus propias frutas.
Son muchos los individuos que han cumplido prisión por coger frutas en fincas estatales de donde nunca serán recogidas.
Si este reportaje les trae un poco de nostalgia a alguna persona por no estar cerca de estos frutales que da nuestra tierra, le daré un poco de aliento. Es mejor olvidarse de la fruta fresca que mirarla en la mata y no poder comerla. O mejor le digo: es mejor comer frutas enlatadas que no ser enlatados como frutas.

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