|
Nueva
estrategia gubernamental como contrapartida de las
cooperativas independientes
Por Antonio Alonso Pérez, vicepresidente de la
cooperativa independiente Transición
SANTIAGO
DE CUBA, Marzo 27, 1998 - Desde que se inició el año
pasado el movimiento cooperativo independiente en Cuba, el
gobierno diseñó una nueva estrategia nacional sobre el
trato a los pequeños agricultores privados, al reconocer
algunos altos funcionarios estatales la situación de
abandono y olvido en que se encontraba este sector privado
en nuestro país.
Esta nueva forma de reorganización de las CCS
--Cooperativas de Crédito y Servicio-- por parte del
gobierno, con el nombre de Fortalecimiento del Sector
Campesino, consiste en una estructura similar a la de una
Unidad Básica de Producción Cooperativa, cuyos miembros
no son propietarios de la tierra. De acuerdo a los planes
del gobierno, los pequeños propietarios estarían sujetos
a una directiva compuesta por un administrador, un
representante para el mercado, un económico, y los dueños
de tractores agrícolas pasarían a ser operadores de
maquinaria asalariados.
El pasado día 18 de marzo se efectuó una reunión en
Jutinicú, en el municipio Songo-La Maya, provincia de
Santiago de Cuba, con el objetivo de unir bajo esta nueva
estructura a tres cooperativas de la zona, donde se le
prometió a los campesinos todo tipo de ayuda e insumos,
créditos y herramientas de trabajo, y se les aseguró que
esta nueva fórmula sí les resolvería sus problemas y
que en el occidente del país ya esto había dado
resultados positivos, a pesar de ser un mecanismo muy
nuevo, por no decir que se estrenó ese día, lo que ha
suscitado muchas interrogantes.
1 - ¿Por qué los mismos funcionarios que unos días
antes decían que no había recursos, hoy vienen a decir
que hay de todo?
2 - Si existen los recursos, ¿por qué es necesario que
el campesino pierda su identidad al tener que mantener con
su trabajo una junta directiva que le administre lo suyo,
después de perder la posibilidad de obtener créditos de
forma individual, pudiendo dejarlo todo como está y
apoyarlo, y no hacer del campesino un obrero más, al
tener hasta un expediente laboral?
3 - ¿Cómo podemos estar seguros de la funcionalidad de
esta nueva forma, si lo mismo se dijo con los lotes, con
la brigada permanente de producción, con las granjas, con
el programa alimentario, con los módulos pecuarios y
otros, que en la actualidad unos han desaparecido y otros
están endeudados, y no pueden ni pagarle a sus obreros
por falta de fondos?
4 - ¿Podrá el campesino disponer libremente de sus
productos, participar en el mercado y establecer sus
precios?
5 - ¿Qué nuevo desastre le espera a la agricultura
cubana si los pocos campesinos independientes que quedan
pierden la autonomía y el sentido de identidad sobre la
propiedad privada que han logrado mantener durante 38 años,
resistiendo los años más duros de la colectivización?
Es hora ya de darse cuenta de que el problema de la
agricultura en Cuba no es de nuevos nombres, ni de cuadros
capaces o menos capaces. Incluso yo diría que ni de más
recursos o menos recursos. Con nombres nuevos y publicidad
no se va a resolver los problemas de la alimentación del
pueblo. Y mucho menos con más control y menos autonomía.
Sólo cuando el hombre que trabaja pueda disponer
enteramente, con entera libertad, del fruto de su trabajo,
saldremos de la gran crisis en que nos encontramos.
Esperamos que no sean la radio ni la televisión
los que digan si esto funcionará o no, sino la mesa de la
familia cubana, con abundancia y variedad de alimentos y
precios asequibles para todos.
|
|