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ALIANZA NACIONAL DE AGRICULTORES INDEPENDIENES DE CUBA 

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El delito del café en Cuba
por: Haydée Rodríguez, Instituto Cultura
y Democracia

SANTIAGO DE CUBA, Marzo de 1998- Se dice que el café es originario de Abisinia, de la provincia de Narea y de Koffa. Otros dicen que procede de Arabia. De donde quiera que sea, se ha aclimatado muy bien en nuestro país y es parte de su verde y exuberante paisaje. Este bello arbusto tiene una historia fascinante, entrar en ella es asistir a un espectáculo maravilloso, dice Alberto Arredondo en su libro: Vida es pasión de una riqueza nacional.

El cafeto posee un alcaloide llamado cafeína, sustancia activa del café, estimulante del corazón. Muy agradable cuando uno se siente cansado o débil, compañero inseparable de las noches de vigilia.

Buscar el origen del café o el inicio de su consumo por los grandes contingentes humanos es descender al fondo de la mitología, para extraer ciertas infusiones aromáticas que estaban consagradas a dioses de un extraordinario poder. Es dirigir nuestros pasos hacia la Odisea guiados por Homero, o Elena dándole a Egipto "un jugo maravilloso que aleja del corazón la tristeza".

Afírmase que eran de café aquellas cinco medidas tostadas que según la Biblia entregara Abigail a David para calmar su disgusto por el trato grosero recibido de parte de Nabal, y fue tanto lo que le gustó a David el café ofrecido por Abigail, que esperó pacientemente a que Nabal muriera para hacerla su esposa.

Los países orientales constituyen un inagotable manantial anecdotario cafetalero. Cuéntase en Turquía que la alevosa muerte de Sergio a manos de Mohamed fue inspirada por la locura que le produjo una gran dosis de café. En las páginas históricas y de aventuras se relatan hechos de los gobernantes de la Meca, refiriéndose al pei-kai, que en uno de los paseos descubrió un templo religioso dentro del cual sus fieles tomaban una rara y sabrosa bebida que les ayudaba en sus oraciones.

Felín, Sultán de Constantinopla, autorizó oficialmente el uso de la bebida y condena a Amurath III cuando ordena su clausura en todos los establecimientos. Como ejemplo de crueldad el gran visir Kréspoli mandaba a azotar bárbaramente a los bebedores de café como aviso de que si lo ingerían se ordenaría fuesen cosidos dentro de un saco y arrojados a las aguas del Bósforo. También se menciona la actitud de un sultán de Turquía que para asustar a los amantes del café les anunciaba que en el otro mundo tendrían el rostro ennegrecido como el fondo del caldero donde se prepara la infusión.

Francisco Pérez de la Riva expresa: "En la historia de Cuba hay un gran personaje, de grande categoría: es el café. Sus hojas de verde hermoso, de tal vitalidad que no se marchitan, sus flores como estrellas, sus bayas como de fuego, mientras que sus semillas semejan ojitos inocentes y de párpados adormilados. En tiempo de floración expiden un delicado perfume y una belleza como de jazmines sus blancos pétalos."

Muchos lo nombran con el exótico apelativo de: "néctar negro de los dioses blancos". En Cuba fue introducido en el año 1748 por José Antonio Gelabert, estableciéndose el primer cafetal en el Wajay. Para muchos constituyó un adorno en los jardines, donde crecía hermoso perfumando con sus blancas flores las regias mansiones.

La inmigración de colonos franceses procedentes de Santo Domingo y Haití contribuyó a la extensión de este cultivo en la isla. En las zonas que más se extendió su cultivo fue en Oriente, principalmente en las zonas de Yateras, Monte Ruz, San Luis, Sierra Maestra, Gran Piedra, que fue poblada por grandes cafetales como La Idalia y La Isabelica que hasta hoy conservan las ruinas de lo que fueron grandes asentamientos.

También se extendió este cultivo a Las Villas, en la zona de Trinidad, en Pinar del Río por San Cristóbal y Candelaria. En algunas zonas de la provincia de la Habana como en el Cacahual, donde aún se conservan algunos cafetales.

El café llegó a convertirse en la bebida más popular de Cuba. No se concebía que no se brindara una taza del aromático café recién colado a un visitante.

Con la llegada de nuevos inmigrantes a Cuba, principalmente españoles, el café llegó a ser uno de los primeros renglones de la economía del país y por todo el territorio florecían nuevos y bien cuidados cafetales; atendidos con esmero y amor, limpios y protegidos por frondosos árboles que con su sombra evitaban que el fuerte sol tropical marchitara sus hojas.

Músicos y poetas encontraron inspiración para sus obras. Entre ellas "El cafetal". ¿Quién no ha cantado más de una vez "¡Ay, mamá Inés, todos los negros tomamos café! o esa otra pieza musical cantada admirablemente por Mario Suárez y Héctor Cabreras "Tomando café"?

En los campos de Cuba se suele tostar el café con azúcar parda, un gran caldero al aire libre. Para evitar el "pasmo", muchas personas después de haber realizado esta labor no se bañan ni tan siquiera se pasan un peine por la cabeza, pues dicen que es frío. Mucho menos abren un refrigerador o salen de noche cuando está la luna brillando en el cielo. Después de tostado se pila en un pilón hecho de madera perfectamente ahuecada, especial para estos menesteres. El primer café se hace hirviendo el agua en el mismo caldero donde se tostó, --no hay café más delicioso que éste--, y se cuela en un colador de franela grande con abundante polvo.

Recuerdo en mi niñez el café claro, que era el que se hacía después de colar el primero fuerte, para las personas mayores, después se hervía agua de azúcar y se volvía a colar. Nos sentábamos alrededor de la mesa con un jarro lleno y abundantes galleticas de "cristina" con mantequilla. No había merienda mejor.

El café también tiene sus enemigos y detractores. Muchos dicen que es malo para la salud, principalmente para los hipertensos, que produce osteoporosis, que es irritante, dañino para las úlceras estomacales, que produce insomnio y hasta alucinaciones, sueños desagradables y hasta pesadilla. Pero creo que el peor enemigo del buen café en Cuba es el sistema comunista, pues además de haber hecho mucho daño a los cafetales al expropiárselo a sus dueños legítimos, convirtiendo su mayoría en matorrales abandonados, sin ningún cuido, hizo desaparecer muchos de estos cafetales que eran muy productivos, con el fin de sembrar otros cultivos.

Al perder a sus propietarios se han visto en manos de trabajadores voluntarios, alumnos de escuelas al campo, que sin miramiento y sin amor han estropeado sus sembrados, desgajados sus matas. Muchos de los que fueron hermosos cafetales hoy están cubiertos por malas hierbas, con bejucos, sin una poda adecuada, lo que ha arruinado este importante renglón de la economía cubana.

Como consecuencia de este desastre desde los primeros tiempos de la revolución, este producto tan inseparable del cubano, lo mismo del campo que de la ciudad, fue racionado a la mínima cuota de 4 onzas per cápita al mes.

En los años 70 se implantó una medida que hizo desaparecer esta bebida de todas las cafeterías de Cuba, y en su lugar se vendía té de cualquier hoja. Pero el cubano seguía prefiriendo el café y burlándose de esta medida, procuraba conseguir de cualquier manera el café en grano y elaborarlo en su casa, con el temor de ser descubierto y enjuiciado, pero se corría el riesgo con tal de saborear una buena taza de café puro.

Esta medida tan absurda como cruel hizo que todas las cafeterías de los pueblos y ciudades casi desaparecieran. En esa época se comenzó a vender a 4 onzas por la tarjeta de racionamiento, café mezclado, es decir un pequeño por ciento de café y el resto de chícharo o cualquier otro grano extraño, por lo que el café tradicional varió de sabor y calidad. A veces esta mezcla es tan rara que parece una infusión de hierba seca de no se sabe qué gusto tiene.

La tradicional tacita de café se hizo más difícil, con 4 onzas mensuales. Una onza por semana por persona no alcanza para tener esa atención con los amigos y visitantes y que alcance para un mes. Esta medida, en detrimento del interés y derecho del mercado interno, se tomó con el fin de tener más café para la exportación, ya que este grano es muy codiciado en el mercado extranjero, donde se gusta del buen café

Años después volvió a reaparecer en las pocas cafeterías que quedaron, pero mezclado y con mayor precio. Antes de 1959 una buena taza de café costaba sólo tres centavos, ahora se vende a diez centavos, cuando el local es de ínfima categoría.

Dice el refrán que el que hizo la ley hizo la trampa y la mayoría de los cubanos se valen de miles de artimañas por el sumo placer de tomarse un buen café y lo transportan como sea. Los registros por parte de la policía son tan minuciosos, que utilizan hasta técnicas de detección de drogas, lo que hace que muchas personas dejen abandonados bolsos, jabas, maletines. Cuando el transporte donde se viaja es registrado, bajan a los pasajeros y nadie es capaz de reclamar su equipaje, por miedo a verse ante un tribunal. Porque si usted no lo sabía: en Cuba es un delito tomarse una taza de café que no sea mezclado y esto le puede costar según el código penal vigente privación de libertad de tres meses a un año o multa de 100 a 300 cuotas o ambas.

¿Qué le parece? ¿Es un delito o no? ¿Se expone o sigue tomando más chícharo que café?

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