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La
producción cafetalera en Cuba
Antonio Alonso Pérez, vicepresidente de la de la ANAIC y
de la cooperativa independiente Transición
SANTIAGO DE CUBA, enero 23 de 1998 - La producción
cafetalera en el sector campesino está reducida a un
pequeño grupo de productores con una pequeña extensión
de tierra. Las variedades más cultivables son: arábigo y
caturra.
Estas áreas de café son atendidas con muy pocos recursos
y sus producciones sólo pueden ser vendidas al estado
bajo el precio impuesto por éste, que paga las latas de
café de 13 kg a 8 pesos cubanos, o sea alrededor de 33
centavos dólar cuando es para despulpar, considerado
seleccionado de primera calidad.
Cuando es secado directamente al sol en los llamados
secaderos lo pagan a sólo 5 pesos cubanos. Previamente a
la cosecha un funcionario hace un estimado, y el productor
queda comprometido a cumplir con un plan de entrega, lo
que puede o no coincidir con la realidad. Este plan puede
no cumplirse a causa de muchos factores: falta de
transporte, falta de fuerza de trabajo, la que no acude
por falta de motivación, al suspendérsele la cuota
especial de alimentos que se le suministraba a los
recogedores, que incluía 3 libras de arroz, frijoles y
algunas latas de carne en conserva.
De no cumplirse el plan, el campesino debe indemnizar al
estado con el importe de 10 veces el valor del
incumplimiento. Sin embargo, los campesinos, para poder
enfrentar el alto costo de la vida, se ven precisados a
robarse a sí mismos y vender parte de la cosecha en el
mercado negro, donde la libra de café en grano puede
valer entre 10 y 20 pesos o más según el lugar y el
momento en que se efectúe la operación.
Es bueno aclarar que el tráfico de café tiene los mismos
controles y regulaciones de detección que las drogas
tradicionales.Muchas veces pasan meses de haber entregado
la cosecha y no reciben el dinero correspondiente a su
producción. El estado tiene inspectores que velan por la
correcta atención de las áreas cultivadas, por lo que el
campesino en lo suyo se siente como un obrero más, sin el
incentivo de atenderla como es debido.
A los campesinos le faltan los recursos mínimos
indispensables, por lo que la mayoría de las fincas se
encuentran en un total abandono, con producciones muy por
debajo de sus potencialidades.
En el sector estatal, que es el que mayor extensión de
tierras tiene dedicada al cultivo del café, las cuales
están atendidas por obreros agrícolas agrupados en
fincas estatales de 1 a 5 caballerías. Este personal
trabaja en las condiciones más precarias, ganando
salarios que no llegan a los 5 pesos diarios, menos de 25
centavos dólar.
En no pocas ocasiones se limpian estas fincas antes de la
cosecha, no se aplican fertilizantes, no se podan ni
deshijan las plantaciones y no se realiza la regulación
de sombra. Estas normas técnicas no se ejecutan, según
se dice, para disminuir los costos, ya que por lo general
estas fincas le deben al estado miles de pesos.
Los obreros sólo trabajan cuatro horas al día, dedicando
el resto del tiempo a trabajar sus "conucos", único
medio que les permite producir algún alimento para su
familia. Por lo general, los campos se encuentran
despoblados, las resiembras ya no se realizan y sus
producciones son desviadas hacia el mercado negro.
El gobierno ha hecho grandes esfuerzos para la recuperación
cafetalera debido a su buen valor en el mercado, a veces
favorecido por bajas cosechas en países altamente
productores.
Para lograr la recuperación cafetalera en el país se han
tomado distintas medidas, entre ellas el llamado Plan
Turquino y recientemente la entrega de tierras en
usufructo, dando para el fomento áreas que se encontraban
semi-abandonadas.
Estas medidas no
dieron los resultados esperados, por lo que los
rendimientos se encuentran en el orden de los 40 quintales
por caballería. No se entiende cómo el gobierno puede señalar
crecimientos en la zafra cafetalera cuando cada día hay
menos recursos, menos incentivos y los desvíos y robos
del grano se hacen mayores.
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