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“El AMANECER
GUAJIRO”
Por:
Fausto Prometa
Rodríguez y Manuel Rosendo Gómez
Octubre del 2002
El cielo negro se torna rojizo, luego anaranjado hasta alcanzar
su color de sol, un radiante amarillo. Amanece y el día parece
que será como otro cualquiera, pero no es así. Nuestros campos
cada día viven una pena nueva. El campesino está saturado de
carencias, alejado de la ciudad, parece que se muere en el
tiempo sin importarle a nadie.
En el municipio
Guáimaro, específicamente en la Cooperativa Agropecuaria Joaquín
de Agüero, ubicada en carretera de San Miguel de Nuevitas, los
campesinos trabajadores de esta cooperativa y de otros lugares
aledaños, hace ya 22 años demandan del Gobierno les sea
instalado el servicio de energía eléctrica, que dista sólo de
tres Km. del lugar.
Visto así, podría
pensarse que este es un capricho de los guajiros de esa
localidad, “ya que en estos momentos, pedir es sinónimo de
contrarrevolución, porque el régimen opina que las carencias
materiales y de servicio existen por culpa de los americanos y
pedir ahora es como traicionar a quien lo da todo por la
seguridad, la educación y la salud del pueblo”.
Si sigo
escribiendo así, quizás me gane el derecho de comprar un carro;
pero prefiero perderlo y estar del lado de quienes necesitan, no
sólo un medio de transporte, sino de quienes carecen de los más
elementales derechos de un ser humano y, sabiendo el gobierno de
su humildad, se aprovecha de ella para doblegar y/o esclavizar a
quien está lleno de sencillez: el campesino.
Desde Camagüey he
recibido este trabajo de Manuel Rosendo Gómez, quien es el
Delegado de la ANAIC en esa Provincia, donde explica la
situación imperante en una zona del país. Yo vivo distante, de
donde se origina la noticia, en Alto Songo, a 23 Km. de Santiago
de Cuba; cerca de donde se originan otras que tal parecen copia
fiel de la original.
En Jutinicú,
pueblo cercano, a unos 40 Km. de la capital santiaguera por
ejemplo, hace varios meses que no tienen transporte público, por
el mal estado del camino. La “guagua serrana”, medio dedicado al
traslado de pasajeros en las zonas rurales no puede transitar.
En su lugar sólo
existen dos Jeep modelo Willy, particulares, que son un reto a
la imaginación de cualquiera que esté leyendo este trabajo, ya
que son equipos desde la época de la Segunda Guerra Mundial y
aún ruedan y con la cifra, por viaje, de hasta 22 personas a
bordo.
Otro lugar igual
es Joturo, pueblo del mismo municipio, Songo – La Maya, allí
nunca hubo corriente eléctrica, pero los campesinos conocían la
prosperidad, circulaban autos o coches (como les llaman en otras
partes) y existían varias tiendas. En este asentamiento hace
varios años no existe transporte de pasajeros. Los enfermos son
sacados en camillas o, en el mejor de los casos, en carretas de
bueyes, por unos caminos rudimentarios.
La corriente eléctrica está tan cerca que hasta se puede
escuchar la radio de vecinos de zonas adyacentes como Loma
Blanca, Bolaños, Sumidero y La Prueba. No es mucho lo que piden.
Sólo que se les dé lo que se merecen como seres humanos, acceso
al servicio de electricidad.
En estos
territorios la información llega de la manera más antigua, por
las propias voces de quienes van y vienen, unos les aportan,
otros les quitan y, en fin, que lo que llega a los oídos de
estos vecinos no es un run-run.
La vida social
transcurre, mientras el cielo se torna nuevamente anaranjado,
rojizo, hasta que oscurece, luego de recoger a los animales, no
queda otra cosa que irse a la mal trecha cama, no existe nada
para alumbrarse, en la oscuridad de la noche.
Sin calzado, sin
ropas, sin utensilios de trabajo, sin alimentos, sin medios de
aseo personal, así viven estas personas que ahora reciben la
“bondad” de una Sala de Video, para educarse y doctrinarse al
Fidelismo, de la manera más ruin, la imposición.
Estos son solos
pasajes de lo cotidiano de nuestros campos, si visita a Cuba,
les pido que se aleje de los mundos paradisíacos y fraudulentos
que le brinda el Gobierno cubano a los turistas. Busque lo
autóctono, lejos de todo confort hotelero, bajo el techo de
guano, paredes de palma y piso de tierra de un desvalijado
bohío. Ahí está lo verdaderamente cubano, donde la comida es más
sabrosa, con una sazón que no la da ni “Goya”, ya que sólo la
cocina con leña le da ese bouquet al plato. Allí, amigo mío,
compartirá la razón de la lucha de este campesinado, que está
obstinado de seguir siendo la clase social olvidada. Allí
disfrutará de los olores del amanecer y estará, por siempre,
atado a esta lucha, porque la verdad es de paso firme y seguro.
Usted lo podrá notar.

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