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Razones más que suficientes
para una nueva organización de mujeres
Ingeniera Ilenis
Pérez Pérez
Dos Caminos de San Luis- Santiago de Cuba,
Cuba.
Desde niña
escuchaba una frase que siempre motivaba mi imaginación:
“El amor entra por la cocina”. Me causaba curiosidad
saber por qué y acudí a preguntarle a unos ancianitos
que me dijeron: “Se dice que el amor entra por la
cocina, porque en el hogar donde no exista una cocina,
no hay mujer y si no hay mujer, no hay amor”
Reflexionando sobre la sabiduría de nuestros ancianos
pude sacar la conclusión, que en la actualidad en muchos
hogares cubanos aunque físicamente exista un local para
cocinar, le falta el espíritu y aunque esté presente la
mujer el amor se queda afuera.
No pretendo rememorar el pasado, pero si hubo cosas que
nunca debimos perder, por ejemplo las Escuelas
Hogaristas, centros que formaban integralmente a la
mujer como una verdadera ama de casa, algo que siempre
se ha vinculado con la marginación social de la mujer y
símbolo de sometimiento.
De estas escuelas egresaban mujeres con amplios
conocimientos de alta cocina, economía doméstica,
costura y trabajo manual. Hoy no existe nada de eso, la
vida de la mujer ama de casa, que incluye a todas las
desocupadas de la familia, es totalmente monótona, sin
motivación alguna, porque no existen las condiciones
mínimas que asegure la cocina familiar.
Podemos citar entre muchas limitaciones la falta de
combustible, utilizando cocina de leña como en los
tiempos lejanos de nuestra civilización, que se instalan
desde los balcones de los edificios hasta en las casas
independientes, tanto de los campos como de las
ciudades.
La falta de alimentos es general, para que se tenga una
idea podemos citar algo imprescindible para cualquier
comida, las grasas. Su venta oficial solo se realiza dos
veces al año, mientras en el mercado dolarizado se
expende a precios inaccesibles, un pomo de 8.5 oz., o
sea 250 ml tiene un valor de 0.60 centavos dólar,
aproximadamente unos 15 pesos cubanos.
Este análisis nos permite comparar el ingreso de un
obrero agrícola, que percibe un jornal de 6.30 pesos
cubanos, con su poder adquisitivo, que necesitaría para
comprar el pomo de aceite de referencia, o sea dos días
y parte de otro de trabajo en el campo.
La situación económica de nuestro país es tan penosa,
que muchas de nuestras mujeres se ven obligadas a revender
la cuota de leche en polvo que adquieren por tener hijos
menores de 7 años. La leche de la cuota, como
generalmente se conoce, luego de comprarla la
venden a un precio superio y con esa pequeña ganancia
compran otros productos necesarios.
Los productos censados por la libreta de racionamiento,
aunque se adquieren a un precio inferior al del mercado
informal, sólo alcanzan para los primeros diez días de
cada mes, por eso las madres se ven obligadas a privar
sus hijos de algo tan necesario como la leche para
vendérsela a otra familia que tiene mejor ingreso, ya
sea por tener un puesto en el gobierno, recibir remesas
familiares desde el exterior, pertenecer a la red del
mercado negro o simplemente limitarse también de otras
necesidades para resolver la leche de un hijo enfermo o
simplemente garantizarle algún alimento para su desayuno
escolar.
Si los alimentos vendidos a través de la tarjeta de
racionamiento sólo alcanzan para los primeros días del
mes, entonces es fácil suponer que los 20 días restantes
hay que resolverlos como puedas, así se dice
popularmente. Muchas venden su cuerpo por un poco de
viandas y dinero para dar que comer a sus hijos.
La situación se agrava para las madres solteras, que no
tienen un padre que luche por sus hijos. De alguna
manera tienen que sobrevivir, algunas intentan vender
turrones caseros, pero eso se hace bastante difícil,
porque el azúcar que venden por la libreta no les
alcanza, otras que logran conseguir azúcar clandestino,
a veces lo pierden todo, con multas hasta de 1500 pesos,
porque los inspectores están que cortan, como dicen
muchas cuando alguien pregunta por su negocio.
Las mujeres que no pueden trabajar en la agricultura por
problemas de salud, acuden a la organización de la
Federación de Mujeres Cubanas, para que la tengan en
cuenta para algún curso, pero sólo reciben
explicaciones. Sin embargo cuando van a cobrar la cuota
de la organización no aceptan explicaciones, tienen que
cumplir con las orientaciones del Municipio. Es
frecuente escuchar a mujeres manifestar: “Donde quiera
que vamos sólo recibimos charlas y de ellas ya tenemos
la barriga llena.”
Muchas muchachas de origen campesino después de
terminados los estudios no tienen ubicación laboral y se
convierten en amas de casa, pero al ver la vida
rutinaria de la mujer rural, que viven muchas sin
electricidad, sin motivación alguna, fuera del alcance
de toda perspectiva económica, entonces se van a probar
suerte como sexo servidoras en el sector turístico, que
aunque esta prohibido el gobierno se hace de la vista
gorda porque es un gran incentivo en la recaudación de
divisas y además sirve como mecanismo de inteligencia
para vigilar y controlar los extranjeros.
Este cúmulo de problemas incide directamente en las
relaciones humanas y familiares que no pueden satisfacer
las necesidades más perentorias como se puede apreciar
durante todo este trabajo, que es un pálido reflejo de
toda nuestra realidad. Por lo que los indicies de
violencia doméstica son altísimos, pero que además no se
cuenta con ningún mecanismo de protección para la mujer,
que son víctimas del machismo potenciado por el
alcohol, algo muy agudizado en las zonas rurales del
país.
Todas estas razones nos han llevado a buscar un nuevo
enfoque para la mujer, el que se encuentra enmarcado en
el Proyecto General de la Federación Latinoamericana de
Mujeres Rurales, pensando siempre en perspectiva, de que
nosotras al enumerar nuestros problemas y dificultades,
no ignoramos iguales situaciones para las otras mujeres
en cualquier parte del mundo.
Por tanto concluimos que trabajaremos unidas a las
féminas a nivel internacional para que nuestras mujeres
mejoren sus condiciones económicas, sociales y hasta
morales, sin tener que abusar de su condición de mujer
para poder subsistir.


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