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Silvia Bárbara Torres
Camaguey-Cuba
Las características
de las viviendas casi definen una clase social, el
campesinado. En Cuba el bohío llegó a considerarse como un
legado histórico, la máxima y única aspiración como casa
del hombre del campo.
El tiempo ha demostrado que el bohío no es
funcional, ni obedece a los requisitos y necesidades
habitacionales que impone una vida generacional más
moderna. Las viviendas campestres, aunque su enclave como
centro de asentamiento familiar de los propietarios o
dueños de fincas no ha variado en muchas partes del mundo,
su diseño constructivo marca el desarrollo de las
comunidades rurales, ajustadas a las necesidades y
comodidades de nuestros tiempos.
El gobierno cubano al
comienzo, en su política de organización rural, incluía el
desarrollo habitacional. Se argumentaba que la única forma
de proveerle servicios de electricidad, acueductos y demás
servicios sociales tenía que ser en forma de comunidad.
Algo que parecía razonable, pero establecía una gran
diferencia para el campesino como ente vinculado a la
tierra y sin una infraestructura socio-económica que lo
respaldase.
Lo cierto es que la
vivienda juega un papel muy importante en las vidas las
personas, de sus condiciones dependen la higiene y la
salud de sus moradores. Desde la convivencia con los
animales, como es el caso cubano, por el robo
consuetudinario hasta las características y ubicaciones de
las letrinas
(ver foto) y la falta de agua corriente.
La vida en comunidad es apropiada para una gran parte de
la población rural, que funge como trabajador o que por la
naturaleza de lo que hace es realmente obrera, y que como
tal no necesariamente tiene intereses de ser propietaria
de tierras, ni de casas individuales, con demarcaciones
equidistantes. Tampoco las viviendas rurales pueden estar
tan aisladas y distantes que se haga imposible o sumamente
costoso prestarles los servicios básicos de salud,
educación, electricidad y comunicaciones en general.
Las tierras, como las
casas de campo son parte de la infraestructura
rural, pero no puede ser la única forma organizacional,
porque en una comunidad rural donde todos sean
propietarios y productores, se anulan los demás servicios,
incluyendo la fuerza de trabajo agrícola.
Una sociedad bien organizada tiene que poner a todos los
individuos en el lugar que con dignidad merecen, un
trabajador, en posición de una vivienda decorosa, fuera de
las zonas de alto riesgo. La reubicación habitacional,
social y económica en América latina es una situación
apremiante. Los daños por deslaves, desrumbes,
desbordamiento de los ríos y penetraciones los mares son
situaciones perfectamente previsibles y con soluciones
menos costosas y traumáticas como las perdidas humanas.
Los propietarios de tierras, deben gozar de todas las
libertades, incluyendo la económica que les permitan
disfrutar del esfuerzo de su trabajo y tener las
utilidades suficientes para hacer de sus trabajadores
acreedores de los privilegios que una buena remuneración
otorga, principalmente del disfrute de una buena vivienda
que valla más allá del folklore y el bohío. |
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