PDCR         
        Proyecto de Desarrollo Cívico Rural

La verdadera justicia social está; en poner a todos los individuos en capacidad de pago, no en exoneralos de ello. La gratuidad prostituye el concepto del valor.

                         Fincas o fábricas de producción agropecuaria

Diosmel Rodríguez
Miami, Fl.   Agosto, 2005

Se hace imprescindible considerar una finca como una fábrica de producción agropecuaria. Nadie concebiría la idea de utilizar las instalaciones y beneficios de una fábrica cualquiera, para junto a su familia, llevar en ella una vida de subsistencia, sin ponerla a producir. La idea misma de construir una fábrica comienza con la disposición de un capital que garantice su puesta producción y lograr en el menor plazo posible la recuperación de la inversión, para luego seguir capitalizando.

La explotación de una finca tiene que ser de otro modo, como una fábrica. Una finca no puede ser un asentamiento de subsistencia, donde los campesinos vivan como una gran masa de entes económicos dispersos, sin la capacidad de convertirse en productores empresarios. Sin visualizar e identificar siquiera las causas de sus ineficiencias, cómo podríamos esperar  que trabajen para erradicarlas. No se puede hablar de desarrollo rural, si previo a ello,  no se logra una eficiente producción agropecuaria que lo financie y sostenga.

La ineficiencia productiva es una fuerza negativa que actúa en el ser humano como un ocio organizacional, tienen que emplearse mecanismos prácticos y psicológicos que rompan la inercia de esa fuerza negativa. No basta con identificar el mal, si no se adoptan las medidas pertinentes para erradicarlo. El campesino económicamente enfermo, necesita quien le diagnostique con justicia su enfermedad y le enseñe el remedio para curarla.

Una forma de lograr la emancipación campesina es “agroempresariando” la producción agrícola, a la vez que se estimula la actividad cooperativa. La urbanización rural es posible, siempre y cuando el campo adquiera los mecanismos de desarrollo empresarial de la ciudad, y el obrero agrícola sea capacitado para operar las herramientas de una agricultura moderna, donde su fuerza de trabajo sea bien remunerada y el alto poder de ingreso de la comunidad rural se convierta en un atractivo que estimule los servicios.

La reorganización social rural tiene que ser política de estado, creando programas de relocalización productiva donde los individuos, sin acudirse a medidas coercitivas o impositivas, acaten los programas de reubicación como una ventaja personal o familiar. También debe ser política de estado el estímulo y fomento de las agro-empresas privadas, que potencien la economía rural e incrementen la mano de obra y los ingresos de la familia.

Los campesinos incapaces de lograr resultados económicos de subsistencia frente a sus competidores tendrán que recalificarse e incorporarse como obreros agrícolas o de la agroindustria, donde deben recibir las ventajas económicas y sociales que como agricultores independientes les resultan imposible conseguir.

Estos conceptos revolucionan la idea de que con un pedazo de tierra una familia acumula en poco tiempo el capital necesario para garantizar el bienestar de su familia y sufragar todos los servicios que la sociedad demanda. La realidad ha demostrado que son muchos los elementos que necesita un campesino para poner a producir eficientemente una finca, incluyendo su propia capacidad y vocación de empresario, lo cual permita erradicar la inercia de la improductividad, que de forma perniciosa se mantiene en la agricultura y es difícil de vencer.

Las grandes extensiones de tierra, muchas veces acompañadas de otros ingresos económicos, proporcionan  a sus propietarios un buen nivel de vida, que a pesar de su improductividad proporcional, hacen pensar a muchos que el éxito está en la mayor cantidad de tierras y no en la racionalidad productiva.

Si el crédito no es el eslabón perdido de la causa que inhabilita al campesino en su capacidad productiva, entonces la propiedad sobre las tierras, como colateral que lo respalde tampoco es la causa de la pobreza rural de América Latina. Aunque la titulación es un derecho que a los campesinos se le debes reconocer.

La condonación de la deuda, a la que muchos aspiran y otros muchos proponen como solución, no es más que repetir el ciclo del endeudamiento. Si los campesinos no fueron capaces de pagar sus deudas en primera instancia, nada asegura que lo podrán hacer por segunda vez, y la desconfianza crediticia siempre será mayor.

La creación masiva de propietarios por medio de leyes como la como tan recurrente reforma agraria, aunque se haga con la mejor intención y consumación real, tampoco resuelve el problema de la eficiencia agrícola. No se puede crear un mundo sólo de propietarios, sin trabajadores capaces y bien remunerados.

La instrucción aplicada debe ser premisa de un sistema educacional, como política de estado, que forme individuos que sean capaces de transformar  la utilización de herramientas y prácticas tradicionales por maquinarias, instrumentos y prácticas de avanzada, que conlleven menos esfuerzo físico, mayor motivación emocional y mejor rendimiento productivo.

La Educación elemental debe contemplar un programa que capacite a los alumnos para una vida eficiente en lo social y productivo. La educación  rural debe enseñarle a ubicar los componentes básicos de una vivienda, la explotación racional de las tierras, la agrotécnia, protección e higiene, medidas y conservación del medio ambiente, así como el uso de equipos,  herramientas y mercadeo, etc.

Sería ingenuo pensar en la implementación masiva de estas novedosas medidas, frente a un sistema de educación tradicional, sin haber tenido resultados tangibles a pequeña escala. Las cooperativas y otros asentamientos humanos y comunidades pudieran fungir como laboratorios para este experimento social. Los municipios, en su concepto de mini gobiernos serían en definitiva los idóneos para ponerlas en práctica.

El mercado, como problema sólo tiene solución si se potencia el mercado interno. Sin un poder adquisitivo fuerte que estimule la demanda, los productores siempre estarán atados a las consecuencias del mercado exterior, mientras sus pueblos padecen de hambre y necesidades.