|
El
futuro del café cubano (II parte)
Antonio Alonso, PDCR
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - En el
trabajo anterior tratamos someramente las condiciones
pre-existentes en las plantaciones cafetaleras en
Cuba, sobre todo desde el punto de vista de las plagas
y enfermedades como la broca (Hypothenemus hampei Ferr)
y el hongo producto de la roya (Hemileia vastatrix),
pero, y a pesar de las malas condiciones, incluso
estructurales de los cafetales cubanos, la
recuperación de ese cultivo tiene un futuro prominente
en un mundo de libre empresa, no sólo por su consumo
tradicional, sino por nuevas aplicaciones en la
gastronomía y la industria del perfume.
Una apertura política que libere las restricciones
económicas en Cuba devolvería al cultivo del café la
posibilidad de encontrar nuevas estrategias de
desarrollo y comerciales. Ello implica la búsqueda de
infraestructuras más convenientes, desde la creación
de grandes empresas y cooperativas cafetaleras, hasta
la industrialización del grano.
La calidad del café depende mucho de la altura
sobre el nivel del mar en el que se cultiva, por lo
que las zonas montañosas son las más idóneas, pero su
acceso e infraestructura son más deficientes. Este
inconveniente debe tenerse en cuenta a la hora de
reestructurar la industria cafetalera cubana, en la
que los productores no dependan de una economía de
subsidencia, vinculada socialmente a las áreas de
cultivo, carentes muchas veces de infraestructuras y
servicios básicos, acorde a las necesidades de un
desarrollo integral.
El consumo tradicional del café lo mantiene con
gran demanda, pero el uso combinado con otras
disciplinas comerciales los hace muy prometedor en
cuanto a la elevación de su precio en el mercado
internacional. En los años 60 compañías francesas se
interesaron por el café cubano, por su alto contenido
de aceite esencial como fijador en perfumería. Eso
hace suponer que en una economía de libre empresa, el
desarrollo de la tecnología y nuevas motivaciones y
condiciones para la inversión extranjera, despertará
el interés por esta peculiar característica del café
cubano.
Dentro de las proyecciones futuras de nuestro café
hay que tener en cuenta desde su cultivo hasta una
óptima utilización de todos sus beneficios. La
utilización de la pulpa siempre ha constituido un
problema tanto en el procesado en seco como en el
húmedo, puesto que los granos secos constituyen sólo
la tercera o cuarta parte del peso de los frutos
frescos. En los sitios donde las plantas de procesado
se hallan cerca de la plantación, se ha hecho uso del
desperdicio en algunas ocasiones como fertilizante
orgánico. En ciertas regiones se ha utilizado muy
limitadamente como un suplemento alimenticio para el
ganado. Sin embargo, en ningún caso se ha utilizado
más que una pequeña fracción de las miles de toneladas
producidas cada año, quedando la mayor proporción de
este desperdicio para ser simplemente podrido en pilas
o para ser arrojado a las corrientes cercanas,
contribuyendo a la continua contaminación de los ríos.
En el futuro se necesitará encontrar algún uso
económico para estos desperdicios.
También hay criterios de que el cultivo tradicional
del café puede dañar el ecosistema. Se debe
desarrollar un método que ayude a mantener la
biodiversidad. El cultivo de café a la sombra parece
ser una buena respuesta a esta gran necesidad medio
ambiental. Este tipo de cultivo de café no sólo es
beneficioso para el medioambiente, sino que también
puede resultar una buena fuente de ingresos para los
pequeños y medianos productores.
La producción de café orgánico ha logrado
establecer su propio mercado gracias a la paulatina
modificación de los gustos a favor de alimentos que no
han sido producidos mediante fertilizantes químicos. A
este tipo de café se le incorporan labores culturales
con un mayor sentido ecológico, lo que permitirá a los
productores enfrentar con mejores posibilidades un
mercado deprimido, al lograr cotizaciones que, en
promedio, en ocasiones fueron superiores en 40% a las
del grano más comúnmente negociado (el prima lavado).
Aunque la forma de cultivo de este tipo de café
presenta numerosas similitudes con la forma
tradicional, la diferencia principal radica en el
cuidado que se tiene para evitar el uso de
fertilizantes, insecticidas y fungicidas, pues ellos
dejan residuos que el cafeto no puede desechar y se
conservan en la semilla, por lo que pueden llegar a
ser nocivos para la salud. Junto a lo anterior, se
debe mantener la biodiversidad en las zonas
cafetaleras, fomentar la conservación de los suelos,
evitar la contaminación con residuos del procesamiento
del café y proteger las costumbres de quienes cultivan
el grano.
Todo lo anterior está condicionado a una serie de
atribuciones y prerrogativas implícitas en los
derechos de propiedad, que aseguren el libre mercado y
la responsabilidad corporativa de las entidades
cafeteras cubanas, que son las que determinarán el
futuro del café cubano.
CubaNet:
El futuro del café cubano (I
parte)
El futuro del café cubano (II
parte)
|