PROYECTO INTERNACIONAL DE DESARROLLO 
  CIVICO RURAL  Y COOPERATIVO
 

 

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La verdadera justicia social está en poner a todos los individuos en capacidad de pago, no en exonerarlos de ello. La gratuidad prostituye el concepto del valor. 

DIAGNOSTICO Y DESARROLLO:
El desarrollo de las comunidades rurales a partir de sus propias potencialidades y actores

Diosmel Rodríguez, Houston, T X  Noviembre-2008

Introducción:


El desarrollo social Rural ha sido tratado desde diferentes perspectivas y estudiado por disimiles de académicos e intelectuales. Incluso se ha enfocado como una necesidad o condición política e ideológica.  Sin embargo,  lo menos tratado ha sido la potencialidad el individuo. Su en conjunción con el medio que lo rodea, en una sumatoria de recursos y posibilidades.

El Ingeniero Agrónomo y extensionista brasileño, Polan Lacki, junto a
Jorge Gaitán Arciniegas han hecho un minucioso estudio de las principales causas que afectan directamente al pequeño productor  agrícola latinoamericano. Poniendo énfasis en las potencialidades internas del productor agrícola, como prioridad ante las llamadas causas externas, aunque reconocen las incidencias de las mismas en el desempeño de los pequeños agricultores. Y aunque en los trabajos de referencia no se hace una definición exacta de los pequeños productores agrícolas o pequeños agricultores, es preciso aclarar que estos se definen como “pequeños”  por su bajo volumen de producción y no por la extensión de sus tierras o instalaciones.

El desarrollo Integral Rural, es la única estrategia que puede llevar un desarrollo armónico a la sociedad civil rural, donde se involucren, interactúen y se complementen todos los factores necesarios para lograr tales propósitos, donde al individuo no solo se les  dé el pescado o se les enseñe a pescar, sino que con objetividad se les ponga a pescar, por su propia voluntad, como única alternativa para resolver sus problemas. El desarrollo rural progresivo, no solo contempla al productor agrícola, sino todas las fuerzas vivas del tejido social rural, a partir de sus potencialidades individuales.

La profundidad del estudio
de Polan Lacki y
Jorge Gaitán nos permite tomarlo como base o guía para la fundamentación de nuestro trabajo. El desarrollo de sus percepciones las iremos analizando en su propio orden y contexto. Esto nos permite evaluarlas y dejar abiertas las puertas para ser complementadas con las propuestas  del Proyecto de Desarrollo Cívico Rural, que además de entender su validez teórica, asume la responsabilidad histórica de ponerlas en práctica, sumando voluntades para su implementación.

Sin embargo, el productor agrícola es el ente económico con mayores posibilidades de impacto en las comunidades rurales. Por tanto merece la prioridad de análisis, ya que de él, parten o se desencadenan un sinnúmero de condicionales que repercuten en los demás miembros de la comunidad.

Por tal razón, se hace imprescindible que los agricultores de  los países de América Latina realicen una agricultura rentable y competitiva; no sólo por imperativos de su propio bien,  de su comunidad o de justicia social, sino porque la agricultura es parte importante en la solución de los grandes problemas nacionales.  

No obstante,  no tendrá ese rol, mientras la gran mayoría de los agricultores de nuestra región sigan practicando una agricultura arcaica y rudimentaria y cometiendo algunas, varias o todas las distorsiones que recogeremos en este documento.

Lo primero que hay que reconocer es que en la ineficiencia en la producción, gestión y comercialización estriban las principales causas del subdesarrollo agrícola, que a su vez, repercute en el subdesarrollo en el medio rural y contribuye al subdesarrollo nacional de nuestros países.

 La tarea para que los agricultores puedan introducir innovaciones, eliminar estas ineficiencias, aumentar sus rendimientos y se vuelvan rentables y competitivos es una responsabilidad de todos. No basta con diagnosticar académicamente los problemas y deficiencias de los pequeños agricultores, sino ayudarlos a identificarlas y compulsarlos a resolverlas, para que no se vean compelidos a vivir en el campo bajo condiciones de miseria, en una economía de subsistencia.

Deficiencias y recomendaciones:

Es evidente que el sector agropecuario debe realizar cambios e innovaciones tecnológicas profundas en los sistemas y métodos empleados en la producción, incluso en la mentalidad del propio agricultor, con la finalidad de obtener mayor productividad y rentabilidad. Las innovaciones necesarias, no son solamente tecnológicas y en la etapa de producción propiamente. Las innovaciones tienen que ser además gerenciales y organizativas y hacerlo en todos los eslabones de la cadena agroalimentaria: en los insumos, en la producción, en la gestión administrativa, en la transformación de las cosechas y en la comercialización de los excedentes; porque éstos son los principales requisitos para que ellos se transformen en eficientes (aunque sean pequeños) empresarios, capaces de obtener insumos a precios más bajos, reducir costos de producción, mejorar la calidad de sus excedentes, incrementar sus precios de venta; y, como consecuencia de la adopción de estas medidas realistas, mejorar sus ingresos.

La necesidad de que los agricultores sean eficientes está fuera de discusión; el problema es cómo y con qué hacerlo. Los intentos hechos con tal propósito en los últimos 45 años en los países de América Latina y el Caribe, han demostrado que es prácticamente imposible a través del modelo convencional de desarrollo agropecuario. A pesar de la promulgación de leyes de Reforma Agraria en varios países y fuertes créditos en ciertas ocasiones, lo que quiere decir que con estas medidas por si solas no se resuelve el problema.

El problema central es la profunda contradicción entre: a) la necesidad de tecnificar y modernizar la agricultura para aumentar la producción y la productividad; y b) la no disponibilidad de recursos para hacerlo por la vía convencional, fuertemente dependiente de los factores clásicos ya conocidos. Insistir en ello significaría seguir desperdiciando tiempo y recursos cada vez más escasos, creando falsas expectativas a los agricultores y postergando la solución de los angustiantes problemas de ellos y de los países en general.  

Sin embargo, por imperativos económicos, sociales, políticos y especialmente éticos, los gobiernos no pueden renunciar al objetivo de la equidad, lo que significa que el Estado deberá adoptar medidas capaces de compatibilizar las urgentes necesidades de una enorme cantidad de agricultores con las cada vez más limitadas posibilidades de los gobiernos de satisfacerlas. Los gobiernos están siendo obligados a ofrecer oportunidades de modernización a todos sus agricultores porque los países necesitan urgentemente:  

a) aumentar la producción, la productividad y los ingresos de los agricultores;  
b) abastecer de alimentos al creciente número de pobladores urbanos a precios que sean compatibles con el bajísimo poder adquisitivo de la mayoría de ellos;  
c) generar excedentes agrícolas de mejor calidad y menor costo, sin los cuales no podrán:
- hacer económicamente viable el desarrollo de las agroindustrias nacionales,
- competir con éxito en los cada vez más abiertos mercados internacionales, y
- generar las divisas necesarias para financiar las importaciones.

Sin embargo muchos gobiernos ignoran estas realidades, o les interesan poco, pero los que quieran ver avanzar sus países tienen que saber  que la salida no podrá ser logradas por la vía paternalista, fuertemente dependiente de créditos, subsidios y proteccionismos, lo que significa que:  

a) Agricultura rentable y competitiva tendrá que ser sinónimo de agricultura eficiente, en el acceso a los insumos, en la producción, en la administración de los predios, en el procesamiento y conservación de las cosechas y en la comercialización de los excedentes, sin la intromisión del Estado y bajo todas las prerrogativas de la libertad económica.

b) Sólo podrá ser rentable la agricultura que gracias a su eficiencia:
-utilice a toda capacidad los recursos disponibles, incluyendo la tierra;
-seleccione los cultivos de mejor precio en los merados, incluyendo el exterior;
- reduzca costos unitarios de producción; 
-incremente precios de venta de los excedentes

c) Sólo podrá ser competitiva la agricultura que:
- logre alta calidad de los excedentes;
-reduzca sus costos de producción.
- y pueda establecer precios competitivos.

d) Tendrán mayor posibilidad de éxito económico los agricultores que, además de producir con mucha eficiencia, se organicen para hacer inversiones en conjunto y se encarguen ellos mismos de la mayor parte de las demás etapas de la cadena agroalimentaria, incorporando parte de la cadena a su propia unidad económica.

e) Los insumos materiales que son insuficientes o inaccesibles, tendrán que ser reemplazados por (o potenciados con) los insumos intelectuales (tecnologías apropiadas, capacitación y estímulos); los agricultores tendrán que utilizar íntegra y racionalmente sus recursos propios y aplicar correctamente tecnologías que sean compatibles con dichos recursos; al optimizar el rendimiento de los recursos que poseen estarán siguiendo el camino lógico para volverse menos dependientes de recursos que no poseen.  

f) El principal factor para incrementar la producción será el conocimiento adecuado y no tanto de la abundancia de recursos. Tendrán más posibilidades de éxito los agricultores que sepan solucionar sus problemas, identificando los recursos que poseen y no tanto aquellos que siempre esperan que les den con qué hacerlo; disponer de recursos materiales no será suficiente si los agricultores no tienen los conocimientos para aprovechar las potencialidades y oportunidades de desarrollo que existen en su entorno.

Esta propuesta de “menor dependencia” no significa que los factores externos sean innecesarios, ni que los países podrán modernizar su agricultura sin apoyo de los gobiernos, sin servicios del Estado y sin insumos y equipos modernos; sería irreal e ingenuo proponer que en el mundo moderno se logre una agricultura rentable y competitiva sin riego, fertilizantes, maquinaria, etc. Lo que se propone es dotar a los agricultores del conocimiento que le permita poner en marcha la  maquinaria productiva, modificando las condiciones preexistentes que iremos analizando en este documento para que ellos puedan empezar a tecnificar sus actividades aun cuando no tengan acceso, como de hecho no lo tienen, la inmensa mayoría de los agricultores de América Latina, a los factores externos de modernización.  

La agricultura es una actividad económica y como tal sólo podrá sostenerse si es rentable y para que esto sea posible deberá ser encarada con visión empresarial. La forma profesional y empresarial de hacer agricultura requiere que los agricultores tengan mejores conocimientos, habilidades, aptitudes y destrezas, porque éstas les proporcionarán la autosuficiencia técnica y especialmente la autoconfianza anímica para que ellos mismos puedan asumir el protagonismo en la solución de sus propios problemas.  

Innumerables experiencias han demostrado que, aun cuando los recursos externos no están disponibles, es perfectamente posible producir localmente algunos insumos y empezar a modernizar la agricultura y, después que ello ocurra, es posible generar en las propias fincas parte de los recursos que son necesarios para adquirir aquellos insumos externos requeridos en las etapas subsecuentes de modernización.

Muchos proyectos de modernización de la agricultura han fracasado porque se ha sobreestimado la importancia y eficacia de los factores externos.  Sin embargo, la importancia   de capacitar a los agricultores para que pudieran desarrollarse a partir de sus propios recursos y capacidades se ha  subestimado. Los extensionistas y desarrolladores rurales tienen la responsabilidad de llevar a los agricultores los  conocimientos para que adopten de forma correcta las medidas tecnológicas y gerenciales que sean compatibles con los recursos que poseen.

Igualmente varios programas para modernizar la agricultura han fracasado por intentar solucionar los problemas aparentes, en vez de resolver los reales; remover causas no eliminables en vez de las eliminables; resolver problemas no solucionables en vez de resolver los solucionables y satisfacer a los agricultores en lo que ellos solicitan en vez de proporcionarles lo que realmente ellos necesitan. Esta condición persiste en la mentalidad de las familias rurales, que supeditan todas sus aspiraciones a recursos externos, en detrimento a los recursos internos, muchas veces al alcance de sus manos.

Todos los responsabilizados moral o institucionalmente con el desarrollo rural, deben empezar por contribuir con las familias campesinas, incluyendo los productores agropecuarios a determinar sus potencialidades económicas, sus fallas y sus posibles soluciones.

Algunos de los principales problemas externos sistemáticamente señalados son:  

- Ausencia de políticas agrícolas claras y estables. Muchas veces determinadas por funcionarios desde posiciones burocráticas y motivaciones políticas, sin conocimientos reales o profesionales del sector agrícola.

 - En la formulación de las políticas globales de desarrollo los gobiernos discriminan en contra de la agricultura; y en la formulación de las políticas agrícolas, discriminan en contra de los pequeños productores agropecuarios y especialmente de las mujeres agricultoras.

- Las políticas agrícolas son definidas en forma centralizada y vertical, sin considerar las reales necesidades de los pequeños agricultores y sin tener en cuenta si ellos están en condiciones o no de llevarlas a la práctica; los agricultores no tienen canales para establecer sus demandas,  ni fuerza política para lograr que ellas sean atendidas o tomadas en cuentas.

Como se puede ver en los puntos anteriores, enfrentar esos problemas es casi imposible, cuando menos llevaría un tiempo y dedicación que sacaría a los productores de su verdadero rol, que es producir. Entonces nos centraremos en aquellos puntos, que se consideran de una importancia relevante, pero que hay una concepción errónea de ellos y que se pueden revertir como:

a) - La tierra es insuficiente, de mala calidad y ubicada en áreas marginales; además, muchas veces los campesinos no detentan los respectivos títulos de dominio.  En este punto,  la titulación de tierra, como tipicidad jurídica y voluntad política se escapa de las manos del poseedor de la misma, por lo que la titulación se pudiera incluir en los problemas externos. Sin embargo, las tierras insuficientes no se pueden determina a priori, sin un minucioso estudio de utilización, en cuanto a diversidad y productividad. No hay tierras de mala calidad o carenciales, sino utilizadas incorrectamente, en cada tipo de tierra a terreno se puede lograr un propósito productivo si se sabe definir correctamente. La naturaleza es prodiga, no se soborna, se aprovecha como se nos ofrece, solo se puede cooperar con ella, cuando sea posible. La primera condición para ser un productor agrícola es tener la tierra y sus fines de uso bien definidos, de lo contrario son meras aspiraciones.

 - Los recursos de capital, tales como préstamos, maquinarias, instalaciones, y animales de trabajo y producción, son de acceso muy limitado para los pequeños agricultores. La solución a estas condicionales son cooperativizarlas, incluso los préstamos serian mejor utilizados si fueran otorgados como capital inicial o para financiar proyectos específicos de cooperativas u organizaciones de economías solidarias. Otra alternativa seria la creación de empresas de servicios, a las cuales los productores contrarían sus operaciones.

- Los servicios agrícolas de apoyo son insuficientes en su cobertura e ineficientes en su funcionamiento, con lo que excluyen a la gran mayoría de los productores agropecuarios y no responden a sus necesidades concretas. Esta razón impone que los productores conformen sus propias estructuras de servicios: técnicos, financieros, de insumos, comercialización, etc.

- El crédito rural oficial es escaso y burocratizado; a él no tienen acceso la gran mayoría de los agricultores y mucho menos las agricultoras. Y lo peor, que las necesidades acumuladas de las familias, más la baja capacidad productiva de los agricultores hace del crédito un círculo vicioso, que lo compromete con más endeudamiento. El crédito rural es poco efectivo,  lo efectivo sería utilizarlo como capital inicial de  los asociados de organizaciones comprometidas con proyectos de forma institucional, cuyas ganancias respaldarían  la recuperación crediticia y los individuos no estarán obligados a presentar colaterales como títulos de propiedad de la tierra.

- Las restricciones, los subsidios y los proteccionismos impuestos por los países desarrollados dificultan las exportaciones y estimulan las importaciones de alimentos a precios subsidiados, perjudicando doblemente a los productores nacionales. Sin embargo aumenta la capacidad de compra de los consumidores, incluso beneficia a los de menor ingreso, por lo que la solución no sería el proteccionismo, sino el reordenamiento del mercado interno, hacerlo competitivo en cuanto a precios y calidad, para ello es preciso que los productores reduzcan costos, incrementen la productividad e incorporen valor agregado a su productos y garanticen una alta calidad de presentación y conservación de  los mismos.

- La continua caída en el tipo de cambio real (dólar por monedas nacionales) estimula la importación y desestimula la exportación de productos agrícolas, ambas perjudiciales a los agricultores. La solución es l elevar el poder adquisitivo de la población en general, para que el mercado interno o nacional sea igual de atractivo que el mercado externo, porque no se justifica la exportación de alimentos cuando nuestras poblaciones literalmente se están muriendo de hambre. También en este sentido es posible la organización de una economía solidaria, donde los socios sean parte de los consumidores, sin un perjuicio excesivo a la rentabilidad de su actividad económica.

- Los pagos correspondientes al servicio de la deuda externa y otras formas de exportación de capitales, limitan las posibilidades de los gobiernos de asignar recursos adicionales al desarrollo nacional en general y al desarrollo del sector agropecuario en particular. Deuda que los gobiernos muchas veces contraen producto de la corrupción y agendas personales  de los gobernantes, en misiones que nada tienen que ver con el crecimiento económico del país, sino en cruzadas políticas e ideológicas, en contra de las aspiraciones y ambiciones de sus propios pueblos. La solución sería que los productores contribuyeran al presupuesto nacional luego de satisfecha todas sus necesidades económicas y sociales.

- Existe una permanente transferencia de recursos del sector rural-agrícola al sector urbano-industrial.  La mejor estrategia para corregir esta irregularidad es lograr que los agricultores aumenten su capacidad productiva, utilicen la fuerza de trabajo local, desarrollen el beneficio de los productos y utilicen los distintos procedimientos de incorporación de valor agregado de los mismos en la propia comunidad. Esto eleva significativamente el poder de ingreso de la población rural, aumenta su demanda en el consumo y los servicios fluyen automáticamente hacia ella. Este fenómeno nos hemos  dado en llamarle, la urbanización rural.

 Los problemas internos, tal vez sean los más importantes, veamos los más recurrentes.

Los pequeños agricultores tienen crónicos y gravísimos problemas internos, generados al interior de sus predios y comunidades. Al contrario de los problemas externos, los problemas internos han sido minimizados e ignorados muchas veces. Es lamentable que su importancia haya sido subestimada porque:

- su solución está o podría estar al alcance de los mismos agricultores, si el Estado y las Organizaciones No Gubernamentales les ofrecieran el apoyo mínimo que reconocidamente está dentro de sus posibilidades proporcionar.

- mucho se ha hablado de que en las manos de los agricultores está la mayor parte de la solución a sus problemas, pero generalmente ni siquiera ellos mismos están conscientes de que podrían solucionar muchos de sus problemas productivos y económicos; y que en sus propias fincas están disponibles muchos de los recursos mínimos para empezar su autodesarrollo.  Ante esta realidad se debe comenzar por ayudarlos a identificar sus deficiencias y reorientar su eficiencia.

- Los pequeños agricultores no están capacitados para identificar las causas internas que los afectan y que originan sus problemas; al no conocerlas o al subestimar su importancia, no se preocupan por eliminarlas o atenuarlas; más bien se dedican a identificar causas externas, a corregir consecuencias y a buscar infructuosamente agentes también externos que les ayuden a solucionar sus problemas, es decir, dejan de hacer lo que pueden por intentar hacer lo que no pueden.  

- Aunque parezca irracional, los agricultores muchas veces no son capaces de percatarse de la importancia de aumentar rendimientos por superficie y por animal; producir mayores y mejores excedentes para el mercado; incorporar valor a las cosechas; y reducir costos unitarios de producción.  En fin que hay enseñarle a administrar integralmente su propia finca.

- Tampoco están organizados para acceder a los insumos y otros factores productivos, ni para comercializar sus excedentes en condiciones más favorables. Aquí se evidencia la necesidad de recurrir a variadas formas de organización de base, para darle un tratamiento específico a cada situación que se presente, como dedicar las tierras adecuadas para cada cultivo, utilización optima de las maquinarias, fuetes de agua, etc. y no solo estas que aparecen en este enunciado, son muchas más que pudieran desarrollarse y darían magníficos resultados si se realizaran en forma cooperativa y empresarial, asociadas por medio del capital, donde pudieran participar y capitalizar, incluso personas  no vinculadas a al sector agropecuario.

Todas estas circunstancias enumeradas anteriormente mantienen un círculo vicioso, en el cual la agricultura ineficiente no genera los recursos necesarios para aumentar los ingresos. A falta de ellos, los agricultores no pueden comprar algunos insumos externos que son necesarios para modernizar la agricultura, mejorar la capacidad productiva y generar ingresos adicionales. Estas distorsiones no ocurren solamente por culpa de los agricultores o porque ellos sean reacios al cambio, sino: i) por no habérseles ofrecido alternativas tecnológicas y gerenciales compatibles con los recursos que efectivamente poseen; y ii) por no haber sido entrenados adecuadamente para que identifiquen y utilicen racionalmente dichos recursos, adopten correctamente las referidas alternativas tecnológicas, organicen sus comunidades y, con estas medidas, solucionen sus problemas más inmediatos. Hay que romper el círculo vicioso de identificar culpas y culpables para sentirse victimas, ya es hora de asumir responsabilidades.

Reiteramos, ya es hora  de que los pequeños agricultores dejen de comprar al por menor los pocos insumos que adquieren, que generalmente lo hacen en forma individual, en pequeñas cantidades, adquiriendo productos procesados con alto valor agregado. Además, compran a crédito y al último eslabón de una larga cadena de intermediarios.

Muchas veces, estimulados por el aparato publicitario y comercial, compran productos innecesarios, lo hacen en cantidades excesivas, gastan sus escasos recursos en adquirir insumos cuyos reemplazantes podrían producir a nivel local (fertilizantes químicos en vez de abonos orgánicos, concentrados industrializados en vez de forrajes leguminosos producidos en la propia finca, etc.). Otras veces compran productos inadecuados para sus necesidades, adulterados, o con fecha de vencimiento ya expirada. Con frecuencia adquieren maquinarias innecesarias o sobredimensionadas para su pequeña escala de producción o hacen inversiones que, técnica o económicamente, no se justifican hacerlas en forma individual.

Otras distorsiones que se pudieran señalar son:

- usan semillas de mala calidad y las siembran a destiempo y con densidad inadecuada (por falta de test de germinación y de regulación de la sembradora);

- no efectúan las labores agrícolas en forma correcta y en el momento oportuno;

- no practican la rotación de cultivos con leguminosas previamente inoculadas o con praderas;

- no adoptan medidas elementales (de bajo o cero costo) para conservar el suelo y mejorar su fertilidad;

- desperdician el estiércol y queman los rastrojos y otros desechos orgánicos;

- aunque dispongan de abundante mano de obra familiar o de fácil contratación y de animales de tracción no eliminan las malezas en el momento oportuno;

- por carencia de conocimientos elementales sobre administración rural, no hacen un uso óptimo de sus recursos, no diversifican los rubros productivos y no planifican adecuadamente las actividades para distribuirlas durante todo el año.

Por falta de conocimientos (y no tanto de recursos) subutilizan los factores productivos disponibles en sus predios (tierra, mano de obra familiar, animales de producción y de trabajo, etc.); contraen deudas para comprar mayor número de animales de producción, en circunstancias que normalmente la prioridad no sería tener más animales, sino mejorar su manejo y producir forraje para alimentarlos adecuadamente, de modo que produzcan en la plenitud de sus potencialidades. Además suelen utilizar insumos costosos en exceso y aplicarlos en forma incorrecta o a destiempo (por ejemplo, aplican fertilizantes compuestos, sin hacer previo análisis para conocer las reales necesidades del suelo, o efectúan aplicaciones exageradas de plaguicidas, en cuanto a frecuencia o cantidad). Asimismo, sufren inaceptables pérdidas de producción agrícola durante el proceso productivo, en la cosecha, en el transporte y en el almacenamiento, ocasionadas por manejo inadecuado o por plagas y enfermedades.

En América Latina se pierde aproximadamente el 40 por ciento de la producción agrícola potencial en circunstancias en que gran parte de dichas pérdidas podría ser evitada por medio de tecnologías de reconocido bajo costo y fácil aplicación. Igualmente, sufren pérdidas en la producción pecuaria potencial (menor número de partos y de animales destetados; menor producción de leche; bajo porcentaje de extracción; alargamiento innecesario de la edad de mercadeo; mortalidad; etc.). Estas pérdidas podrían ser evitadas si los agricultores mejoraran la alimentación de su ganado con forrajes producidos en la propia finca, adecuaran el manejo del rebaño, mejoraran la higiene y aplicaran vacunas y antiparasitarios.

Los ejemplos corroboran las distorsiones que generan los problemas internos, pero que si se analizan bien, también de forma interna encuentran su solución. En estas distorsiones debemos centralizar nuestros esfuerzos tanto de forma individual como colectiva, para comprobar en la práctica nuestra fundamentación teórica de las causas y efectos de la ineficiencia productiva de los pequeños agricultores en América Latina y el Caribe.

Como se ve:

a) La propuesta de empezar por la solución de los problemas internos no es una cuestión de opción, más bien es una necesidad y una condición para hacer factible el desarrollo de los agricultores. Si se sigue priorizando la solución de los problemas externos, el crecimiento seguirá siendo excluyente, porque no habrá recursos suficientes para proporcionarlos a la totalidad de los productores agropecuarios;

b) El dilema, por lo tanto, no está entre empezar por los problemas internos o por los externos; el dilema está entre empezar el desarrollo en forma progresiva desde adentro o simplemente continuar el camino del fracaso recorrido hasta hoy por nuestra población rural.

c) Finalmente, las soluciones externas, cuando necesarias, no deberían ser buscadas exclusivamente en el Ministerio de Economía, en el Parlamento o en el Banco Agrícola, sino que, y muy especialmente, en las Facultades de Ciencias Agrarias, en los institutos de investigación agropecuaria y en los servicios de extensión rural, porque es allí donde están los instrumentos factibles y eficaces (conocimientos), a través de los cuales los agricultores podrán incrementar los actuales rendimientos promedio de la agricultura latinoamericana.

La capacitación y la educación rural

La capacitación es absolutamente indispensable. Sin embargo deberá ser ejecutada por capacitadores que tengan un profundo y vivencial conocimiento de los problemas y necesidades reales de los agricultores; y, muy especialmente, que tengan capacidad técnica y pedagógica para enseñarles lo que les sea realmente útil y aplicable en la solución de sus problemas concretos y cotidianos. Muchos programas de capacitación han fracasado porque fueron ejecutados por profesionales teóricos y urbanos, que al no conocer las reales necesidades de los agricultores les enseñaron teorías y abstracciones sin ninguna relevancia ni utilidad práctica para solucionar los problemas que enfrentan. La poca disponibilidad de estos capacitadores prácticos, objetivos, realistas, pragmáticos, experimentados y técnicamente capaces de solucionar los problemas tecnológicos, gerenciales y comerciales de los productores, es: a) el mayor obstáculo real (generalmente no reconocido o subestimado) que los países de esta región enfrentan para promover el desarrollo rural; y b) la principal causa de los fracasos de los proyectos destinados a modernizar la agricultura.    

La formación de los profesionales de ciencias agrarias.

La enseñanza universitaria está fuertemente inspirada en la realidad del mundo desarrollado. En los países de América Latina y el Caribe los contenidos que se enseñan en las facultades agropecuarias, generalmente no son adecuados a nuestras circunstancias y, muy especialmente, a las de la gran mayoría de los pequeños agricultores.  

"Una escuela o una universidad de un país en desarrollo es considerada tanto más adelantada o progresista cuando más cercanamente simule en sus programas de enseñanza e investigación lo que se hace en instituciones similares de otros países desarrollados, sin importar que éstos no respondan en absoluto a las necesidades del propio país. Los programas de enseñanza deben adecuarse a las necesidades de la sociedad a la que van a servir los futuros profesionales. Esto no significa que tenga que sacrificarse la calidad académica y la base científica por tratarse de países en desarrollo. Por el contrario, se requiere formar profesionales con un alto grado de preparación académica, pero conscientes de las necesidades de su propia sociedad"

Esta formación práctica no puede ser impartida exclusivamente en las aulas, en las condiciones artificiales de los laboratorios o estaciones experimentales, ni en la simulación de los computadores; debe ser proporcionada en las adversas y difíciles condiciones del campo, donde viven y trabajan las familias rurales; de ahí la importancia de "ruralizar" la enseñanza de las ciencias agrarias, dentro del principio de enseñar y aprender haciendo y produciendo. Lo anterior requiere una mayor inmersión de las facultades en su entorno; su mayor vinculación con las comunidades rurales y que los profesionales formen parte del problema, para que sean ellos los que se esfuercen en la búsqueda de las soluciones, en pro de sus propios beneficios e intereses.

Durante su formación, los estudiantes generalmente no tienen la suficiente vivencia de la problemática del campo, ni posibilidades concretas de ejecutar prácticas agropecuarias directamente en las fincas y comunidades rurales. Este desconocimiento se acentúa debido al origen crecientemente urbano de los estudiantes y docentes de las facultades y a las restricciones presupuestarias de dichas instituciones, las que limitan sus posibilidades de llevarlos al campo.

Debido a los contenidos que las facultades les enseñan, estos profesionales no están preparados para solucionar los problemas de los agricultores dentro de la escasez y de la adversidad productiva, es decir, solucionarlos con menos insumos, créditos, tractores, tecnologías de punta y con menor dependencia del Estado. Cuando se ven enfrentados a las restricciones, no disponen de los conocimientos adecuados para solucionar los problemas con los recursos locales y con tecnologías menos dependientes de aportes externos; esta es la razón de fondo por la cual tienden a solicitar más recursos y soluciones externas preconizadas por los modelos clásicos de desarrollo agropecuario, y como generalmente no los obtienen, no logran transformar las realidades adversas allí existentes.  

El desconocimiento de la realidad rural, de sus potencialidades y limitaciones, de las aspiraciones y necesidades reales (no de las aparentes) de los agricultores, contribuye a alejar aún más lo que se formula en las oficinas de planificación y lo que se investiga en las estaciones experimentales, de lo que realmente necesitan las familias rurales. Existe un creciente desencuentro entre la oferta universitaria urbana y las necesidades concretas de la demanda rural.

Los futuros profesionales de ciencias agrarias necesitan recibir una formación:  

- Más constructiva y más positiva, que genere en los profesionales la voluntad y el compromiso de: i) encontrar y aplicar soluciones, en vez de limitarse a diagnosticar los problemas e identificar las causas que los originan; ii) formular el remedio (y saber aplicarlo), en vez de limitarse a señalar la enfermedad; y iii) asumir como suya la responsabilidad de solucionar los problemas de los agricultores, tales como ellos son y con los recursos que efectivamente poseen

Esto significa que debe empezarse por:

La adecuación de las escuelas básicas rurales para que se transformen en centros de participación comunitaria y formación de recursos humanos: las escuelas básicas deberían ofrecer a los niños rurales los conocimientos, habilidades y actitudes para que, una vez adultos, protagonicen la solución de sus propios problemas y promuevan su desarrollo y el de sus comunidades, en forma más autónoma. Esta adecuación debería introducir cambios en los contenidos de la enseñanza, en los materiales didácticos, en los métodos pedagógicos y en la formación/capacitación de los docentes. Los niños rurales no deberán seguir siendo obligados a memorizar tantas fechas de hechos históricos y nombres de héroes de otros países, la longitud de ríos y altura de montañas de otros continentes, o el nombre de animales exóticos; pero sí deberían recibir una educación relevante para la vida en el campo, para el trabajo rural y para el compromiso social de promover el desarrollo de sus comunidades.    En la práctica se pueden formar círculos de interés que complementen esa necesidad  lógica de los futuros hombres del campo, se estructuren en organizaciones solidarias, que aprendan a manejar gerencias y cooperativas y que en el futo sean sus propias instituciones, se recomienda la creación de cooperativas escolares.

Que a los niños rurales se les enseñe: i) menos sobre semáforos, rascacielos, puertos, balnearios y centros de recreación urbana (que los desarraigan de su medio), y ii) más a valorar lo rural; a identificar las riquezas y recursos productivos existentes en las fincas, a utilizar racionalmente y en su propio beneficio dichos recursos, a no dañar el medio ambiente, a desarrollar sus habilidades manuales, a producir y consumir frutas, verduras y otros alimentos en forma balanceada, a procesar y conservar alimentos, a pesar y medir, a calcular proporciones, intereses, superficies y volúmenes, a aplicar primeros auxilios; a tener mejores hábitos de higiene; a no contaminar el agua; a tener una letrina para la familia; a aplicarse vacunas y adoptar otras medidas profilácticas; a cepillarse los dientes; a lavarse las manos antes de las comidas; a estimular el desarrollo de la personalidad, con autoestima y autoconfianza; a valorar la solidaridad; a ayudar al prójimo; a asociarse o cooperar con él para solucionar problemas comunes y a promover el desarrollo de la comunidad; y a identificar nuevas oportunidades de producir más y mejor, de progresar y de vivir mejor en el campo. En fin, que se les impartan conocimientos útiles que les ayuden a solucionar sus problemas cotidianos de vida, de trabajo y de participación comunitaria, que se les enseñe más de lo actual y de lo cercano y no tanto de lo pasado y de lo lejano.   

La adecuación aquí propuesta se debe al hecho de que la cobertura casi universal de las escuelas básicas rurales podría contrarrestar, a bajo costo, la limitada capilaridad de los servicios de extensión rural. Además, el paso por la escuela básica es, para muchísimos habitantes rurales, la única oportunidad en toda su vida de recibir algún tipo de formación regular y sistematizada.   

Una comunidad rural prospera, en posesión de los beneficios de la modernidad y un fuerte reconocimiento social por su alto nivel de ingresos harían desaparecer las principales motivaciones para abandonar el campo y disminuiría la presión sobre los gobiernos para que solucionen -en las ciudades- los tres grandes problemas que agobian a las autoridades urbanas: generar empleos, ejecutar proyectos habitacionales de alto costo y satisfacer las necesidades alimentarias de los pobres, porque los agricultores -ellos mismos- se auto-emplearían en sus propias fincas, construirían sus casas con los materiales producidos o existentes en sus predios y se autoabastecerían de alimentos en sus fincas diversificadas; todo ello en su propio medio, con sus propios recursos y sus propios esfuerzos.  

No obstante, ello no es suficiente; alcanzar dicho desarrollo es solamente un medio (y en cierto modo una estrategia) para conseguir el objetivo último que es el desarrollo rural, entendido como el mejoramiento de las condiciones económicas, sociales, culturales y políticas de todos los habitantes del medio rural.

El desarrollo rural y los actores políticos:

Cambiar la realidad actual, representa una de las tareas más importantes y trascendentales a que tiene necesariamente que enfrentarse la agricultura, teniendo en cuenta que la situación económica está ejerciendo una fuerza prácticamente determinante sobre el comportamiento social y político de los países.

A pesar de que todo lo planteado, aunque ello sea posible, no es justo imponerle a los campesinos una política de austeridad, sacrificios, abnegaciones y "economía de guerra", condenándolos a seguir produciendo ad infinitum en condiciones de adversidad y escasez y con mínimo apoyo oficial, con mayor razón si el Estado sigue aplicando sus recursos en actividades muchísimo menos importantes que la producción de alimentos.

Junto con llevar a la práctica el desarrollo agropecuario, no sólo experimentarán los cambios de actitudes mencionados en el punto anterior, sino que se darán cuenta también de que algunos problemas productivos y económicos no pueden ser solucionados en forma individual y sin aportes externos. Por esta razón, comprenderán la necesidad de organizarse para canalizar sus demandas, fortalecerse como grupo, desarrollar su liderazgo y participar en la toma de decisiones que los afectan. Al hacerlo estarán dando un importante paso hacia su desarrollo político, tendiente a lograr que los gobiernos adopten decisiones y ejecuten servicios y obras de infraestructura que respondan a aquellas demandas de los habitantes rurales que no pueden satisfacer por sí mismos. La participación de los pequeños agricultores en la toma de decisiones del gobierno es muy importante porque, mientras éstas sigan siendo adoptadas exclusivamente por los que tienen el saber, el poder y los recursos, los que no los tienen seguirán no teniéndolos.

Es fundamental, entonces, que los pequeños agricultores estén organizados para que, además de producir, administrar y comercializar eficientemente, también fortalezcan su poder político y reivindiquen que el Estado y los proveedores hagan lo mínimo que podrían y deberían hacer en pro del desarrollo agropecuario. Debidamente organizados y políticamente fortalecidos deberían reivindicar la adopción de las siguientes medidas:   

1) Formulación de políticas nacionales de desarrollo que no discriminen en contra de la agricultura, y de políticas agrícolas en particular que no discriminen en contra de los pequeños agricultores.  

2) Asignación al sector agropecuario de recursos adicionales y su distribución en forma más equitativa, en beneficio de todos los agricultores.   

3) Adecuación en la formación de profesionales y técnicos de ciencias agrarias a las necesidades concretas de la mayoría de los agricultores y de los empleadores que contratan sus servicios. Estos demandantes requieren egresados mucho más pragmáticos, eficaces y prácticos, que tengan real capacidad de ayudar a solucionar los problemas de los agricultores.

4) Adecuación de las orientaciones y el funcionamiento de los servicios agrícolas de apoyo a las necesidades concretas de los agricultores. Muchos de estos servicios tienen pesadas e ineficientes estructuras burocráticas, están sobrecargadas de funcionarios y presentan inaceptables contradicciones entre: i) lo que declaran sus objetivos constitutivos; ii) las actividades que verdaderamente ejecutan; y iii) lo que las familias rurales realmente necesitan recibir de ellas; dichas contradicciones generalmente son muy profundas. Es necesario hacerlos cumplir sus objetivos constitutivos; exigir que sus actividades sean ejecutadas con eficiencia y eficacia para que produzcan resultados concretos; definir claramente sus funciones y eliminar sus distorsiones y deficiencias; descentralizar y desconcentrar sus actividades para que los agentes de desarrollo estén más cercanos a los agricultores y a sus problemas cotidianos; eliminar rutinas y controles administrativos innecesarios; modernizarlos (no tanto en equipos y edificaciones, pero sí en procedimientos y actitudes); hacer más eficientes sus mecanismos de operación e intervención; y adoptar nuevas metodologías para ampliar su cobertura. Asimismo, desburocratizarlos, despolitizarlos, agilizar sus operaciones y reasignar a los funcionarios, capacitándolos para que mejoren su desempeño y exigir de ellos que no sólo cumplan con ejecutar las actividades, pero que se comprometan a que éstas produzcan resultados, sin lo cual de poco sirven.  

Todo lo anterior, con el propósito de que dichas instituciones y personas cumplan realmente con su deber de ofrecer servicios que tengan capacidad de dar respuestas eficientes y efectivas a las necesidades y problemas de la mayoría (no de una minoría) de los agricultores; de no ser así, es difícil justificar la razón de su existencia y, aún más difícil, conseguir que se les asigne recursos adicionales. Es urgente romper el círculo vicioso en el cual el Estado no aporta recursos suficientes a los servicios agrícolas de apoyo porque son ineficientes  éstos, a su vez, se vuelven aún más ineficientes porque el Estado no les proporciona el apoyo necesario. Si no es posible aumentar los presupuestos de dichos servicios, es preferible reducir estructuras y metas para que las instituciones dispongan de recursos suficientes para operar adecuadamente.

De todos modos es imprescindible evitar la politización y la ideologización de la problemática rural, porque ellas, además de no contribuir a la solución de los problemas, han destruido muchas iniciativas bien intencionadas de organizar a los agricultores. La ideologización y la politización suelen ser los medios a los cuales recurren quienes no saben solucionar los problemas por la vía de la eficiencia tecnológica, gerencial y organizativa.  

Los agricultores y la sociedad civil rural en general deben aprender a defender con sus votos sus propios intereses y elegir a quienes mejor los representen. Hay que dejar de votar por aquellas personas que por su condición de médico, deportista, mujer bonita o por sus lindos discursos. En reiteradas ocasiones se les ha entregado  el poder  a personas solo por esas condiciones, pero que en realidad no sienten, entienden o simplemente no les interesa  la vida de nuestra gente del campo.

Los agricultores muchas veces carecen de auténticos representantes que interpreten sus necesidades e intereses.  Eso lo hace en ocasiones vulnerables a planteamientos populistas de quienes están más preocupados en conquistar simpatías (votos) que en solucionar los problemas de las familias rurales. El campesinado suele ser casi siempre víctima de la demagogia de los malos políticos, quienes ofrecen en campaña, los que no son capaces de cumplir cuando asumen el poder.

No son pocos los lugares del mundo donde familias rurales de escasos recursos, cansadas de escuchar promesas políticas y de esperar ayudas estatales, han decidido tomar sus palas, picotas y martillos para reconstruir sus propias viviendas, para construir una escuela, una capilla o una posta de enfermería, o para abrir senderos o caminos que les permitieran llegar a los mercados. En tales experiencias, la colaboración subsidiaria tanto pública como privada comenzó a afluir como por encanto, ya sea porque "Dios ayuda a quien se ayuda" o, simplemente, porque "los ganadores son siempre atractivos". Arturo Urrutia Aburto.

Cuando las propuestas en pro de un desarrollo agropecuario menos dependiente de factores externos, empezaron a surgir en América Latina, sus planteamientos tenían poca credibilidad, sonaban a utopía y lirismo.  La radicalización y la polarización de ciertas propuestas han contribuido a ese escepticismo, algunas ingenuas y otras cargadas de fuerte contenido emocional e ideológico. Los intereses contrarios, actuando de mala fe, se aprovecharon de tales polarizaciones y de la aparente falta de fundamentación científica de dichas propuestas, para descalificarlas y desacreditarlas.  

Sin embargo, a raíz de las contradicciones y del agotamiento del modelo clásico de desarrollo agropecuario, afortunadamente han surgido en los países de la región propuestas más consensuales y neutrales que buscan disminuir la ideologización y politización. Estas nuevas propuestas, al rescatar algunas prácticas autóctonas y potenciarlas con aportes de los avances científicos más recientes, tratan de conciliar, en gran medida, las necesidades más inmediatas de los agricultores con las reales posibilidades y voluntad política de los gobiernos de satisfacerlas.

Los principales problemas de la mayoría de los agricultores son, más bien (aunque no sólo), de tipo técnico, gerencial y organizativo y por estas vías deberán ser resueltos, y no necesariamente por la vía política e ideológica.


La organización cívico-rural

Al organizar a los agricultores es necesario definir claramente los objetivos y las metas que se pretenden alcanzar, porque objetivos abstractos y metas difusas difícilmente logran motivar y comprometer a los agricultores. Además, se deben programar y ejecutar actividades concretas, que produzcan resultados también concretos; consecuentemente, no se debe organizar por organizar, porque la organización debe ser encarada sólo como un medio para lograr resultados palpables y mensurables y éstos deberán estar previa y claramente establecidos. Muchas organizaciones han fracasado por no haber definido qué quieren hacer y a dónde quieren llegar.

La organización sólo tendrá éxito si la totalidad de sus miembros se compromete, asume y comparte responsabilidades y actividades. Cuando unos pocos tienen atribuciones concretas (generalmente los miembros de la directiva) y la mayoría sólo asiste como espectadora, es muy probable que ésta critique a los dirigentes, no valore el esfuerzo de la organización y no se comprometa con su éxito. Por tal motivo, las actividades y responsabilidades deberían atribuirse (en forma rotatoria o permanente) al mayor número posible de socios; ojalá a todos ellos.  

Al estimular la organización, es preferible partir de los grupos autóctonos, naturales o informales ya existentes y sólo avanzar hacia la formalización de los mismos, en la medida en que ella sea realmente necesaria y deseada por las familias rurales, de lo contrario se corre el riesgo de que las formalidades burocráticas pasen a ser más importantes que la prestación del servicio para el cual fue constituida la organización. Evitar la politización y la ideologización porque ellas, además de no contribuir a la solución de los problemas, han destruido muchas iniciativas bien intencionadas de organizar a los agricultores. La ideologización y la politización suelen ser los medios a los cuales recurren quienes no saben solucionar los problemas por la vía de la eficiencia tecnológica, gerencial y organizativa.  

Partir de lo micro a lo macro, de lo particular a lo general, de lo individual a lo colectivo. El proceso de cambio deberá empezar con pocos agricultores, con pocos rubros, con tecnologías elementales, en pequeñas superficies y usando los recursos disponibles. Al empezar en pequeña escala, se puede hacer con recursos propios y consecuentemente se disminuye la dependencia externa y se evitan riesgos innecesarios (hay que probar en pequeño para no equivocarse en grande). Además, en pequeña escala es más fácil alcanzar mayor perfección y con ello lograr resultados más concretos y más contundentes; éstos al ser más visibles y más impactantes, contribuirán a elevar la autoestima y la autoconfianza de las familias rurales, quienes al darse cuenta de que son capaces de eliminar, en el presente, pequeños problemas y las causas internas de su subdesarrollo, se sentirán estimuladas a solucionar, en el futuro, los grandes problemas y a organizarse para conquistar la eliminación de las causas externas a sus fincas y comunidades.  

Es decir, los agricultores deberán actuar en pequeño y avanzar en forma gradual para llegar a lo grande, porque los pequeños desafíos generalmente los estimulan y los grandes los paralizan; cuanto mayor es la amplitud y complejidad de un problema menor será la disposición de los agricultores para enfrentarlo y viceversa. Los proyectos en pequeña escala son más ágiles, más fáciles de manejar y existe mayor confianza recíproca entre los miembros del grupo cuando el número de agricultores que lo integran es reducido. En sentido contrario, los grandes proyectos de ámbito nacional, centralizados y burocratizados son más caros, menos eficientes, más engorrosos y suelen dar más importancia (en la asignación de recursos y en la dedicación de tiempo del personal) a los medios (controles, fiscalizaciones, procesamiento de datos) que a los fines institucionales. El efecto multiplicador e irradiador de unos pocos agricultores, que logran resultados de gran impacto, es mucho mayor que el efecto de muchos agricultores que obtienen resultados apenas mediocres; lo anterior es especialmente importante si se considera que tenemos pocos extensionistas y consecuentemente los resultados deberán "saltar a la vista" para que se difundan por sí solos. Esta es una buena oportunidad para que los organismos internacionales, fundaciones y todos los comprometidos con el desarrollo rural pongan fe  y voluntad política en esos proyectos.

Otros actores en el desarrollo rural:

Como hemos visto a lo largo de este trabajo, todo el enfoque está dirigido a los pequeños productores agrícolas y sus familiares, siempre partiendo de una propiedad o posesión de tierra. Esa tendencia a considerar al productor agrícola como único ente rural es una percepción errónea y que deja fuera a otros actores rurales de casi igual importancia dentro de  la comunidad rural.

Un análisis serio de esta realidad conduciría a determinar cuántos miembros de esas comunidades están en posesión de tierras. Los que no lo están muchas veces desarrollan una fuerte actividad económica muy importante como parte del mercado dinámico no agropecuario.  Es justo reconocer que, por muchas razones a veces se relacionan entre sí. Estas fuerzas no agropecuarias potencialmente serían  un gran complemento para el desarrollo de una actividad agropecuaria integral.

Una comunidad rural integrada solo por productores es una manera irracional de concebir la organización social. Esa no puede ser la meta o aspiración de toda la población rural, porque en la práctica es totalmente imposible. Tampoco se puede concebir como única, la mano de obra familiar, ya que todos los productores no disponen de una familia laboralmente activa o en capacidad y disponibilidad de fuerza de trabajo. Entonces el trabajador agrícola es una fuerza laboral totalmente necesaria y que debe tenerse en cuenta, incluso con derecho a una remuneración justa, que le permita llevar junto a su familia una vida digna. La mano de obra familiar tiene que estar en posesión de iguales derechos y  prerrogativas administrativas e institucionales de los demás trabajadores rurales, independiente de los nexos familiares.

Además de los trabajadores agrícolas también existen trabajadores informales que bien pudieran catalizarse para organizar los servicios de apoyo a la actividad agropecuaria, como la producción artesanal de semillas, fabricación de abonos orgánicos, beneficiado de los productos agrícolas, transporte y comercialización de la producción, etc. Sería recomendable que todas estas actividades se desarrollaran bajo una unidad económica integral, aunque no es mandatorio imponerla en detrimento de las libertades de los productores.

El aumento de la actividad agro-económica en las comunidades rurales, incrementa su poder de ingreso, se vuelven auto consumidoras y posibilita el desarrollo y diversificación la actividad económica, surgen nuevas fuentes de materias primas y otras labores de producción y servicios.

Conclusiones.

No se pretende recoger en un simple documento, todas las acciones necesarias para lograr un desarrollo armónico de la sociedad en las zonas rurales. Al señalar las circunstancias más relevantes no se trata de establecer un manual por donde regirse. Lo que se quiere es formular  una alerta, que sirva para todos los actores comprometidos de una forma u otra con el desarrollo rural. No por filantropía, sino aprovechando sus propios intereses y motivaciones, en pro de un beneficio en común.

El desarrollo rural debe estar inspirado en desarrollo empresarial, bajo las mismas fuerzas y prerrogativas económicas que inspiraron el desarrollo urbano,  Hay que convertir los campos en verdaderas fábricas de producción agropecuaria, donde tengan cabido todos, los productores agrícolas, los trabajadores rurales y el resto de la población, independientemente de su oficio o vinculación laboral.

El fracaso de anteriores proyectos como la Reforma Agraria, la asignación de créditos en sumas significativas durante la llamada Alianza para el Progreso y la colectivización forzosa han demostrado que no solo la tenencia de tierras, financiamientos y ciertos tipos de organización son suficientes para lograr el desarrollo, que más que eso se necesita la voluntad individual hecha colectiva para el bien y disfrute de todos.

Es fundamental para que los agricultores aumenten en forma muy significativa los rendimientos de la tierra, la selección adecuada de los cultivos. Cultivar rubros de baja densidad económica, como por ejemplo yuca, arroz, porotos, maíz, papas, etc; es decir si los agricultores pobres produciendo rubros que son adquiridos por los consumidores pobres  es una mala estrategia, o pensando en cultivos muy pocos competitivos frente a los grandes productores, incluso de países desarrollados. Lo inteligente es cultivar aquellos rublos de alta densidad económica o requeridos desde el exterior por su fuerte demanda en el mercado nostálgico, producto del incremento de la inmigración.

La fuga de fuerza de trabajo, principalmente de jóvenes de los territorios rurales, demuestra el fracaso de las políticas agrarias en América Latina. La falta de perspectiva es la principal motivación para emigrar, estimulada por un progreso económico a corto plazo de los emigrantes en los respectivos países de destino, principalmente en los Estados Unidos.

Si se aprovechan las potencialidades económicas de la migración, coordinando sus esfuerzos e institucionalizando sus recursos, principalmente para que las remezas familiares no se seguirán utilizando para la adquisición de bienes de consumo y servicios y se inviertan  en el desarrollo económico y productivo de nuestras naciones. Si no se coordina que esa migración tenga impacto económico en su comunidad de origen y sirva de vía de desarrollo personal y social para los que se quedaron, el flujo migratorio continuará y nuestros territorios rurales cada día serán más pobres.

Y no se puede seguir viendo la pobreza como un mal endémico, si la pobreza no es más que la falta de riqueza, entonces la opción es crear riqueza para eliminar la pobreza y quienes deben y tienen que estar más comprometidos con crear riquezas, son los que carecen de ella, los pobres.

Esa es la razón de este proyecto, partir de la fundamentación teórica y la conceptualización para poner en práctica el ejercicio de hacer riqueza, huyendo de la demagogia y la retórica de su distribución equitativa, idilio que a más de uno le ha convertido su sueño en una pesadilla.  

 
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