|
Carta a
dos españolas estudiantes de periodismo
Mis
gentiles Irene López Rodríguez y Agueda Crespo González, no saben
cuánto se renuevan mis fuerzas, ya casi carentes de energías, cuando
de juventud se llena, en la misma medida en que la mía se va.
Yo
soy de esos hombres que al decir de nuestro Apóstol José Martí, nací
sin sol. Ya en 1952 una dictadura de derecha se cernía sobre Cuba y en
1959 comienza este controversial proceso que ni los propios cubanos lo
han podido llegar a entender bien. Pero Martí no se equivocó cuando
dijo: “La dictadura es una en todas sus formas, aunque a veces se
vista de grandes obras y hechos hermosos”.
El
análisis de la situación cubana no debe centrarse en la simple
comparación con la situación social de otros países, sino en la
incapacidad como pueblo de poner en práctica su propio potencial por
imposición del gobierno. Hay que tener en cuenta que los gobiernos
están regidos por dos principios elementales: los que dependen y
responden a la voluntad popular y los que la voluntad popular está
sometida a la voluntad del gobierno. Este último es el caso del pueblo
y gobierno cubano, por lo que se puede comprender que los problemas
sociales de Cuba nunca se han resuelto, ni está en la obligación y
prioridad del gobierno para resolverlo, ni rendir cuenta por ellos.
No
hay razón de que se nos compare y se nos brinde como alternativa
desarrollar un capitalismo brutal y un futuro similar al de Haití,
pues ni nuestra idiosincrasia es la misma, ni la cultura alcanzada por
nuestro pueblo lo permitiría. Cualquier otra cosa sería negar nuestra
instrucción alcanzada o su inútil participación en la determinación de
los pueblos.
El
problema cubano es bastante difícil de comprender, pero lo primero que
hay que tener en cuenta es que está desprovisto de los mecanismos de
cambio. Con un sistema electoral que no permite opción alguna, donde
los nominados, postulados y elegidos representan lo mismo, porque
ninguno representa nada, carecen de autonomía y decisión. Las
decisiones y determinaciones vienen de arriba, todo lo determina el
gobierno central. Pero es más, para entender el mecanismo electoral
basta con saber que los candidatos tienen que estar bajo una condición
única que los uniforma y cualquiera da lo mismo, porque tienen que
estar todos identificados con los principios de la “revolución” o sea
estar integrados, esto quiere decir que es un individuo incondicional
al gobierno, por lo que de hecho ninguna otra persona califica para
ser elegida, ya que ni siquiera puede ser propuesta, pues quien la
propone, si la persona propuesta resulta ser alguien no confiable
políticamente, el que la propuso también está en tela de juicio.
El
país está bajo los efectos de una dualidad económica, la oficial y una
economía informal o complementaria, donde un sistema de mercado negro
suple la demanda popular en gran medida, pero que a su vez el gobierno
la tiene en cuenta y la utiliza como un medio de comprometimiento
corruptivo, lo cual siempre pende sobre el individuo como una espada
de Damocles. Desde el punto de vista económico el estado no pierde
porque el valor de la mercaría sustraída la compensa con bajos
salarios y esa es la razón por la que el obrero cubano a pesar de
tener un ingreso promedio de alrededor de 10 dólares mensuales, en un
país sin producciones de autoconsumo, puede subsistir.
Históricamente se han confundido los términos Cuba, gobierno, pueblo,
revolución, como una misma cosa. Esto ha traído como consecuencia que
se pierda el verdadero concepto y desde el exterior no se pueda
identificar los propósitos e intereses de cada cual. Ahí precisamente
centro mi estrategia de lucha social, demostrar al mundo que con quien
tiene que relacionarse e identificarse es con el pueblo cubano y al
pueblo cubano que tiene que auto representarse.
Las
llamadas luchas de izquierda, son luchas de contenido social, por eso
que los proyectos en Cuba tienen que basarse en ese concepto. Sin
embargo es una contradicción que se traten de implementar a través de
un gobierno que no le interesa mejorar las condiciones de vida de su
pueblo, pues esto tendría que ser a través de la independencia
económica, lo que como gobierno totalitario no puede permitir, pues
pone en riesgo el control del poder.
No
es que el gobierno sea ineficiente económicamente por desconocimiento
o falta de recursos, sino por naturaleza. Las trabas gubernamentales
impiden que el campesino pueda subsistir en el campo, cultivando sus
tierras y vendiendo libremente sus productos. No se explica, cómo un
país netamente agrícola, tenga que comprar en divisas las verduras a
los dominicanos y canadienses para el turismo y no le permita a sus
propios campesinos cultivarlas, ya que cuando lo hacen se las pagan en
moneda nacional a precios deprimidos.
Esa
es la razón por la que nosotros nos hemos propuesto imponer una nueva
política agraria, donde el campesino sea el verdadero dueño del
producto de su trabajo. Las cooperativas independientes se rigen por
los principios de: libertad de cultivo, libertad de precios y libertad
de mercado. Lo cual produce una confrontación directa a las
imposiciones del gobierno, pero es la única manera de reivindicar la
agricultura cubana.
Ante las medidas gubernamentales de no venderles insumos como castigo
por su actitud, hemos creado un Comité de Apoyo en el exterior, para
recabar ayuda internacional. Somos de la opinión que la ayuda
humanitaria debe partir de darle la oportunidad y los recursos al
individuo para producir sus alimentos, no el alimento directo, pues
creemos que la gratuidad prostituye el concepto del valor. Entre los
derechos elementales del hombre auspiciado por Naciones Unidas está el
derecho al desarrollo y es lo que nosotros defendemos.
Nota: Luego le sigo informando si el tema les interesa, pero para que
no se aburran llego hoy hasta ahí. Me gustaría si el tiempo se los
permite mantener una fluida comunicación y si pueden darme un teléfono
con mucho gusto la llamaría.
Diosmel Rodríguez Vega
Miami, 29 de marzo de 1999
1501 SW 6 St. Apto. 6 Miami Fl 33135
Tele. 305 541 3825 |