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Ponencia
al II Encuentro de Cooperativas Independientes
“Política de precios y compra de los productos agrícolas por
parte del Estado al sector campesino”
Delegación Provincial Guantánamo
La política
agraria del gobierno cubano es totalmente desacertada. Esto ha
motivado que los agricultores pierdan todo el interés por la
producción, lo que trajo por consecuencia que se perdiera el
incentivo de hacer producir la tierra. Aquella política fue tan
negativa que provocó el éxodo en masa de los campesinos hacia
las ciudades, dejando sus fincas abandonadas y en el peor de los
casos vendidas al Estado.
La agricultura se utilizó como un medio de castigo para
dirigentes inferiores y obreros que cometieran violaciones en
sus puestos de trabajo. Las personas que solicitaban visa para
abandonar el país, tenían que trabajar un año de castigo en la
agricultura por la decisión tomada. Es un grave error ese tipo
de política, porque en parte es la causante de que el cubano
haya perdido la cultura agraria y el interés por hacer producir
la tierra.
La política de precios que el gobierno ha empleado en la compra
de la producción de los agricultores, los que no cubren siquiera
los costos ha provocado un sentimiento de rechazo hacia las
labores agrícolas. La agricultura se ha convertido en algo
humillante no sólo para los productores, sino para toda la
sociedad cubana, incluidas las nuevas generaciones de cubanos,
nacidos y crecidos con la revolución. Para los que quedamos en
nuestras fincas a toda costa como símbolo del guajiro cubano, se
nos miraba como gente de segunda clase, marginados de la
sociedad.
El gobierno aplica el monocultivo, interesándose sólo por la
caña de azúcar en gran escala. La ganadería, fue declinando al
igual que el resto de los cultivos a un segundo plano. Se
trazaron planes de desarrollo, que resultaron un total fracaso.
Las autoridades gubernamentales siempre acusaron al campesinado
de mini latifundista y de que predominaba en ellos la mentalidad
burguesa y capitalista. Eso acentuó más el odio y el desprecio
de la sociedad a la clase campesina.
Hoy la cosecha que se está recogiendo en Cuba es precisamente la
que sembraron con esa errónea política: hambre, pobreza, miseria,
la mitad de Cuba cubierta de marabú, el trabajador agrícola
abandonado y desatendido. Lo que gana no le alcanza ni para la
supervivencia de él y su familia, y lo que es más grave, tiene
que convertirse en delincuente con el fruto de su trabajo,
vendiendo clandestinamente sus productos para obtener un precio
justo en sus producciones, porque al precio que paga el Estado
no puede enfrentar el alto costo de la vida. El agricultor
cubano es objeto de la más brutal explotación.
El campesino tiene que vender al Estado el 80% de lo que
produce a precios irrisorios, del 20% restante tiene asegurar el
autoconsumo, las semillas y si algo le quedara entonces podría
venderlo en el llamado mercado agropecuario a mejores precios,
pero grandes impuestos y tarifas que al final lo que le deja es
pérdida. Esta es una de las razones por la cual el campesino no
acude al mercado y se ve obligado a tener que vender sus
productos en el mercado subterráneo.
Para que se tenga una idea del desbalance desproporcionado que
existe entre los precios que le paga el Estado al productor por
sus mercancías y las ganancias que obtiene el gobierno al
comercializarla, voy a citar algunos ejemplos:
El tabaco es uno de los renglones que más ganancia proporciona
al gobierno y al mismo tiempo el que demuestra el grado de
esclavitud y explotación de que es víctima el veguero cubano.
Los precios de 25 tabacos habanos de la marca Cohíba, en
dependencia del tamaño y clase que tengan, oscilan entre los
49.80 dólares, -- que es el Joyita-- hasta 349.10 dólar, que son
los Casonas Especiales, Robustos y otros. Si la caja de tabaco
es de 50 brevas llega a valer entre 600 y 700 dólares, en
dependencia de su clase.
El productor sólo recibe el mísero pago de 153 pesos cubanos,
unos 7 dólares, por cada 100 libras de tabaco, el de primera
calidad, porque el precio varía en dependencia del tipo de
tabaco.
El de segunda y tercera calidad bajan de precio, hasta llegar a
30 pesos el más malo, que al ser convertido en cigarrillos, 100
libras les proporciona 2,400 cajetillas, que a 7 pesos
representan para el gobierno la astronómica cifra de 16,800
pesos cubanos. Se puede apreciar claramente que las ganancias se
van de un solo lado. A los vegueros les proporcionan una
ridícula estimulación en divisa que es de 1.60 dólar por cada
mil posturas plantadas vivas en el campo y 2.40 dólares por cada
quintal que tengan de sobre cumplimiento.
Esto por sí solo demuestra la grave situación que enfrenta el
campesino tabacalero cubano. Igual sucede con los demás
renglones de la agricultura. Por ejemplo con la ganadería vacuna
no puede ser peor. El campesino ganadero no es dueño de la vaca,
porque no puede disponer de ella ni hacer con ella lo que desee.
Sin embargo, por ese animal tiene que pagarlo todo, los
servicios veterinarios, CENCOP (Censo de Control Pecuario) y
está obligado a vender los animales al precio y peso que imponga
el comprador del gobierno.
El peso de los animales se determina a ojos vista, no tienen
romana de pesaje y le roban al productor cientos de libras, sin
que el campesino pueda reclamar, ni tiene a quién quejarse. Lo
mismo sucede con las frutas: el gobierno compra el mango de
industria a 7 pesos el quintal y lo comercializa a 30 pesos. El
mango de primera clase lo paga a 9 pesos y lo comercializa a 50,
las piñas las paga a 20 pesos el quintal y las comercializa a 65
pesos.
Con las viandas ocurre lo mismo: el plátano burro los pagan a 6
pesos el quintal y los venden a 30; la calabaza, que se vende a
través de la Empresa de Acopio, las pagan a 6 pesos el quintal y
el Estado las vende a 60 pesos el quintal. Lo mismo sucede con
las hortalizas, en fin, en todos los aspectos se puede apreciar
que el campesino cubano está sometido a una gran explotación, lo
que va reduciendo considerablemente su nivel de vida, que ya se
hace insostenible y va acrecentando el malestar, la
inconformidad dentro de la clase campesina, y de no buscarse
fórmulas que den respuestas a estas problemáticas pueden
desencadenar en un conflicto en un futuro no muy lejano.
Recomendaciones:
Para dar respuesta a estas problemáticas, sólo hace falta la
voluntad del gobierno para: Liberalizar la comercialización de
los productos agrícolas en todo el país, incluyendo a empresas
extranjeras, así como al turismo, sólo sujeto a contribuciones
tributarias razonables. Que el productor pueda ser el dueño de
su trabajo y defenderlo con justicia.
En los renglones que el Estado tenga un interés marcado, como el
tabaco, café, ganado, caña, cacao, etc. entablar negociaciones
con el campesinado, donde el productor pueda defender el precio
de su producto y se llegue a un acuerdo que convenga a las dos
partes.
Eliminar todo tipo de traba burocrática que conspire contra la
libre venta por parte del campesino de sus producciones,
incluido el ejército de policías y auxiliares que tienen en las
calles y carreteras, decomisando productos a los campesinos e
imponiéndoles multas que sólo traen malestar y descontento y
conspira contra el interés del guajiro de hacer producir la
tierra. Esta práctica estimula a los captores de los productos,
porque el destino final de los mismos va a resolver el propio
problema de alimentación de los policías y sus familiares y el
exceso lo venden en bolsa negra.
Despenalización del sacrificio del ganado mayor, sujeto sólo a
las regulaciones sanitarias, y la derogación del Decreto Ley
225, que conspira contra el productor de ganado agobiándolo con
grandes y arbitrarias multas
Revisar la política de precios y permitir que el productor sea
quien fije el precio de sus productos de acuerdo al libre
mercado y la relación de la oferta y la demanda.
Poner en práctica una ley agraria y se les entreguen las tierras
realmente a los campesinos y a todos los cubanos que quieran
producir, sin ningún tipo de condicionamiento, dotando a los
agricultores de 2 a 5 caballerías de tierra de las que están
ociosas, cubiertas de marabú en poder del Estado y de aquéllas
que pertenezcan a empresas agrícolas que no sean rentables o a
complejos agroindustriales donde no se le garantice por parte de
los
mismos una buena atención en sentido general a la agricultura
cañera.
“La Revolución le dio a los campesinos algo más que una Ley de
Reforma Agraria” --dice Fidel-- pero lo que le dio fue un
castigo perpetuo, nunca se repartió tierras, porque del
latifundio privado pasaron al latifundio estatal, con igual
perjuicio social, pero peor económicamente.
El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba -durante
su intervención de tres horas- puntualizó “la Revolución le dio
a los campesinos algo más que una Ley de Reforma Agraria, le
llevó educación, salud, seguridad, créditos, condonación de
deudas ante desastres naturales, electrificación y la
oportunidad de que sus hijos pudieran estudiar cualquier carrera
universitaria”. Según el periódico oficial Granma.
De ser cierto todo esto es una negación de las ventajas de la
reivindicación social, porque los resultados demuestran un
campesinado empobrecido, una población rural extinguida y una
producción agrícola de subsistencia. Que se puede visualizar con
una visita a nuestros campos, no en un foro de hoteles y
recepciones. Quedan todos invitados.

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