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INFORME A LA ASAMBLEA GENERAL DE LA FLAMUR
LA HABANA 25 DE JUNIO- 2005
La Federación
Latinoamericana de Mujeres Rurales, fue fundada el 12 de
enero del 2001 en Artemisa, provincia de La Habana, por
las señoras Graciela Águila Corrales como Presidenta;
Elizabet Béjar Baltasar, Secretaria General; Tulimia
Amores Rodríguez, Organizadora; y Maritza Damas
Domínguez, en el cargo de Coordinadora Nacional.
El trabajo de la FLAMUR en Cuba se hace más difícil por
la incomprensión del gobierno cubano, que lejos de
ayudar a fortalecerla, como parte del tejido social, la
ve como una fuerza opositora política, lo cual convierte
a nuestra organización en victima de la maquinaria
represiva en su actuar cotidiano, y que además dificulta
que algunas mujeres se incorporen a una participación
activa y más militante.
La represión y
la marginación política han provocado en la FLAMUR la
emigración política de sus dirigentes. Dos de sus
principales directivas, Oralis Leticia Martínez e Ilenis
Pérez, emigraron hacia Estados Unidos. Otros, como Hilda
Otero, están a punto de partir y muchos más están en
trámites de salida. Estos factores negativos disminuyen
el liderazgo de la organización y nuestras mujeres,
principalmente las campesinas, se ven abandonadas en la
tragedia, sin la posibilidad de acudir al mismo método,
la emigración, como alternativa para conseguir la
libertad.
A pesar de los
retos y dificultades, la FLAMUR en su Capitulo Cuba
tiene más que razones suficientes para seguir su trabajo
de orientación y representación social de nuestra mujer
campesina. Por eso trabajamos para que la marginación
social y la politización impiden no impidan ver con
realismo las precarias condiciones en que viven nuestras
mujeres rurales.
La FLAMUR,
como organización no gubernamental de la incipiente
sociedad civil en Cuba, enfrenta los verdaderos
problemas de la mujer rural, no sólo a partir de la
realidad cubana, sino desde la perspectiva
latinoamericana, como forma de interactuar con la
comunidad internacional.
Durante los
últimos cuatro años de trabajo hemos cosechado logros y
también grandes dificultades. La carencia de un
reconocimiento legal nos impide trabajar bajo las normas
y regulaciones de las ONG´s a nivel internacional, así
como controlar y auditar nuestros recursos para recibir
una ayuda más efectiva de las instituciones
internacionales.
No obstante,
por medio de nuestra representante en el exterior,
Magdelivia Hidalgo, somos miembros permanentes del Foro
Mundial de la Sociedad Civil. Hemos testimoniado ante la
Comisión de Derechos Humanos en Ginebra por tres años
consecutivos. Nuestra actual presidenta, Lissete
Fernández Caraballo, quedó entre las diez finalistas a
nivel mundial para el premio que otorga la prestigiosa
organización Freedom House.
También,
nuestra representante en el exterior participó en el II
y III Encuentro Internacional de la Mujer Cooperativa,
celebrados en Argentina y España, respectivamente y
mantiene un contacto permanente con organizaciones de
mujeres latinoamericanas, tanto de Sur América como de
América Central y el Caribe.
La
Asociación Dominicana
de Mujeres Rurales, ADOMUR se fundó a instancias de la
FLAMUR. La presidenta de ADONUR, la Arquitecta Ana Leida
Japa Trinidad, visitó Cuba en el 2001, compartió
experiencias con las representantes cubanas, incluso con
la hoy prisionera del régimen cubano Maritza Damas
Domínguez, una de nuestras fundadores y a quien hoy le
rendimos tributo por su firmeza y valentía en la
prisión, junto a nuestras dos hermanas de lucha Ana Rosa
Ledea Ríos y Yolanda Nardo.
Nuestro Capítulo Cuba ha logrado presencia en todo el
territorio nacional. Los talleres y otras
manifestaciones sociales y económicas forman parte de
este gran proyecto, que pone a la mujer en el propio
centro de sus problemas y la convierte en protagonista
de las soluciones para nuestra patria, sin retórica
alguna, con resultados palpables a lo largo de toda la
isla
Si la
situación de la mujer cubana es dura y difícil en la
ciudad, las del campo sufren con mayor rigor. La mujer
rural está expuesta a enfermedades curables como la
parasitosis, que por falta de agua potable y otras
medidas sanitarias se ha convertido en algo endémico,
para ellas y sus familiares incluyendo a los niños.
La pobreza
generalizada afecta a toda la población cubana, pero en
el campo se les restringe aún más la venta de productos
de la canasta básica, sólo por su condición de
campesinos. Los niños, por falta de una alimentación
adecuada, crecen con dificultad, pierden la dentadura a
temprana edad por falta de calcio y avitaminosis y
tienen que asistir a la escuela en ayunas, porque no se
garantiza el desayuno escolar y familiar.
La falta de
perspectivas y una política gubernamental que utiliza a
la juventud campesina para sus intereses como la policía
represiva, misiones internacionalistas, contingentes
agrícolas y de construcción, desarticula la familia
campesina, donde los padres se quedan sin apoyo o fuerza
de trabajo para cultivar sus tierras.
Los jóvenes
del campo que por una razón u otra no forman parte de
esta fuerza enumerada anteriormente, no encuentran en el
trabajo agrícola el incentivo necesario, tomando como
patrón a sus padres, que después de tantos años de
trabajo han terminado sumidos en una profunda pobreza.
Esta falta de motivación los lleva a cometer delitos
como robo, hurto y sacrificio de ganado, juegos
prohibidos y hasta el consumo y distribución de drogas.
Nuestras
muchachas jóvenes enfrentan una falta de esperanza
económica y social todavía peor, por lo que muchas optan
por irse a las grandes y medianas ciudades para
prostituirse a los extranjeros por unos pocos dólares,
cayendo en lo que popularmente se conoce como “Jineterismo”.
Otro de los
problemas serios que confronta la mujer campesina y sus
familiares es la falta de una vivienda adecuada. No hay
programas gubernamentales que contemplen la fabricación
y reparación de las viviendas de nuestros campesinos.
Todos estos
factores negativos hacen a nuestra comunidad campesina
vulnerable a otros incidentes tales como: el
alcoholismo, la violencia doméstica, el homicidio y el
suicidio. |