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Las
intimidades de las íntimas
Adrián
Leiva, Grupo Decoro
LA
HABANA, abril (www.cubanet.org) - Contarlo es cosa
fácil. Lo difícil es vivirlo, como me lo explicaron unas
amigas a las que me acerqué solicitándole me confesaran
cómo podían las féminas cubanas solucionar lo que cada
mes se convierte para las que están en edad fértil, en
toda una tragedia higiénica, ante la falta de
almohadillas sanitarias, conocidas en Cuba como intimas.
Rompiendo todo esquema de intimidad lo escuchado
parecería cosa del siglo antepasado.
Lo que
dio origen al tema fue un cartel que vi en una farmacia:
“Todas las mujeres en edad de 10 a 55 deben traer la
libreta para el censo de la íntima”. El cartel, que
hacía referencia a la libreta de abastecimiento,
aclaraba que quien no se censara o se registrase en el
listado de la farmacia correspondiente no tendrá derecho
a comprar el producto. Así supe que las almohadillas
sanitarias son vendidas en Cuba por la libreta de
productos alimenticios.
Pero éste
es sólo el comienzo del problema. Tal pareciera que cada
mes toda mujer cubana comprendida en la edad censada
tiene garantizada, al menos, la venta de una cantidad de
material higiénico para su ciclo menstrual. La realidad
es otra, porque el producto lo venden realmente de
manera irregular, llegando a veces transcurridos los
tres meses desde la última venta. El paquete sólo
contiene 10 piezas, lo cual ya de por sí no logra cubrir
la necesidad de la s mujeres.
Para
solucionar la situación, la mujer cubana, tiene que
ingeniárselas de la misma forma en que enfrenta cada día
las otras dificultades cotidianas. En algunos casos, las
que son favorecidas con el envío de remesas familiares,
las pueden adquirir en las unidades que comercializan en
dólares. Pero la otra parte, que es mayoritaria, tiene
que utilizar recortes de telas viejas, con las que
confeccionan unas tiras que sustituyen las almohadillas.
Lo más triste es que estas íntimas improvisadas, después
de usadas varias veces, no son desechadas como debería
ser, sino que se reciclan lavándolas tantas veces como
lo permita la tela, el agua, el jabón y hasta los medios
para hervirlas, que permitan recuperarlas para su uso de
nuevo.
La mujer
cubana, quien se ha caracterizado por su buen gusto al
vestir, así como por la atención y cuidado que pone a
su aspecto personal e higiénico, hoy se ve privada de
algo tan sencillo y necesario como es la almohadilla
sanitaria. Y esto la hace sentir infeliz y grandemente
humillada.
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