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Maltratos por participación en el II Encuentro Campesino
PINAR DEL RIO, 16 de noviembre de 1999 (Víctor Rolando Arroyo, UPECI)
- Posteriormente a nuestro arresto nos trasladaron, al ingeniero Pedro
Pablo Hernández Mijares y a mí, hacia la Unidad de Operaciones
Policiales del Departamento de la Seguridad del Estado (DSE) que está
ubicada en el kilómetro 4 de la carretera de San Juan.
Nosotros debíamos haber participado en el II Encuentro Nacional de
Campesinos y Cooperativistas Independientes, porque teníamos que
defender nuestra ponencia "Reforma agraria y derecho a la propiedad".
Debo decir que alrededor de nuestras viviendas, y de la de Giraldo
León Corvea, que es el delegado en esta provincia del Consejo Unitario
de Trabajadores de Cuba, se había desplegado una tremenda operación
policiaca. Nuestras casas están cerca una de otras. En nuestro
derredor había un operativo tremendo. Personas vigilando frente a
nuestros domicilios con equipos de radio portátil, automóviles
aparentemente de civil y carros patrulleros.
Cuando salimos de nuestras casas se produce la intercepción por uno
de esos carros patrulleros en el que iban oficiales del DSE vestidos
de policías. Pudimos identificar al primer teniente Carmona y otros
cuyos nombres y apellidos no conocemos, pero que sabemos que son
oficiales del DSE.
Nos trasladan hacia la sede del DSE. Allí, ya cada uno tenía
asignada una celda. En mi caso me confinaron en la número 19, donde
habían tres detenidos más: dos por asesinato y el otro por un hecho
delictivo violento.
Después de varias horas allí empiezan a sacarme continuamente para
diferentes interrogatorios que se centraron en los eventos
planificados por la oposición y en el encuentro agrícola;
principalmente en la ponencia que habíamos desarrollado. Los
interrogadores gritaban que nosotros no éramos campesinos, que no
teníamos que ver con la agricultura, y otras incoherencias más.
Se veían muy molestos, muy agresivos, muy violentos por lo que
había ocurrido en La Habana días antes, cuando un hermano nuestro,
Eduardo Díaz Fleitas, que se encuentra detenido, enarboló un cartel en
el Parque Dolores de la capital. Parece que eso los irritó tanto que
sencillamente se vengaron en nosotros, porque yo he sido detenido
muchas veces pero nunca con una violencia extrema como en esta ocasión.
Solamente recuerdo algo comparable así, en el año 92, cuando fuimos a
ponerle flores a Martí y al tratar de leer un documento se me lanzaron
arriba como ahora, con una violencia tremenda. Este arresto del día 12
es comparable con aquella fecha.
El DSE nunca ha dejado de reprimir pero ahora fue terrible.
Constantemente los interrogatorios, a deshoras, las ofensas, que me
iban a encausar de una u otra forma, que también encausarían a mi
familia, las barbaridades que me dijeron allí incluso hasta ayer, en
que fui liberado cerca de las 5 de la tarde. El último interrogatorio
fue unos minutos antes de la liberación. Esto es aproximadamente,
porque mi reloj sufrió un golpe durante el arresto y dejó de funcionar.
En la detención nos ocuparon los carnés de identidad y los pasajes,
que después nos devolvieron, pero nos decomisaron las credenciales de
invitación al II Encuentro de Campesinos Independientes y al Encuentro
de Organizaciones no Gubernamentales.
En cuanto a las condiciones de los calabozos de la sede del DSE son
pésimas. Cada día el estado higiénico de ese lugar es peor, los
colchones de fibra vegetal albergan todo tipo de bicharracos. Hay
hacinamiento, porque son celdas muy pequeñas, de unos 2 metros por 1 y
medio, la puerta es tapiada, pintado de blanco fosforescente que
agrede la vista, un chorrito de agua corriendo por la pared porque
allí no hay llave, una letrina pestilente, sucia, antihigiénica,
proliferan los mosquitos, reina un calor insoportable, y la luz
permanentemente prendida.
Allí no entra la luz ni corre el aire, porque la ventana es de unas
hojas en forma de V invertida superpuestas una sobre otra que sólo
dejan pasar un débil resplandor. La puerta es totalmente tapiada con
una plancha de hierro de varios milímetros de grosor, con una
aspillera en el medio por donde te entran la bandeja a la hora de
comer.
Te inspeccionan y te registran constantemente, a todas horas, te
sacan a interrogar a cualquier hora. Me tiraron infinidad de
fotografías. No hay ningún tipo de atención médica. La alimentación es
pésima, ínfima. Es tanta el hambre que están pasando los confinados
allí, que el día 13 se desmayó un prisionero cuando lo sacaron a coger
sol. Se cayó en el soleador y se lesionó la cara. El lugar se
estremeció cuando recogieron al hombre y se lo llevaron para otro
lugar. Se oyó cuando un carcelero le decía a otro: "Parece que le dio
una fatiga". Eso es producto del hambre.
En esas condiciones hay allí personas que llevan más de 15 meses en
esas celdas tapiadas, 15 meses encerrados allí, les dan un poco de sol
cuando los interrogadores entienden.
Quiero subrayar la agresividad de los interrogatorios, las ofensas
que te hacen, involucran a la familia de los arrestados. En otros
interrogatorios a que me han sometido no se habían comportado tan
groseros y tan agresivos como ahora. En varias ocasiones la falta de
argumentos que tienen los llevó por momentos a golpear violentamente
la mesa, y a gritar desaforadamente que me tenían allí por sus ...
pantalones.
Yo les ripostaba preguntándole que si estaba arrestado por querer
viajar a la capital de mi país. Y entonces sólo decían: "Tú sabes a lo
que ibas".
La reacción de los habitantes de Pinar del Río fue de solidaridad
con nuestro caso. Decenas de personas se acercaron a conocer de
nuestra detención. Había ya un murmullo, que es de la pocas cosas que
abundan en este país, entre la ciudadanía de rechazo a esta acción
contra nosotros. Hace sólo un momento una profesional de las leyes me
decía, con temor pero lo decía, que el hecho de que hayan utilizado
escolares para evitar la actividad del Parque Dolores en La Habana y
arrestado a los campesinos, es repudiable. La ciudadanía está
informada, conoce cómo nos detuvieron, y no aceptan esos métodos, se
dan cuenta que el régimen está en esa fase extremadamente represiva
que caracteriza a todas las dictaduras en su etapa senil. |