Por Antonio Alonso, ANAIC
A los mercados agropecuarios, sucesores de los
famosos mercados campesinos, ya se les vislumbra su
ocaso. La resiente ola represiva en la Habana contra
varios de estos mercados y el desmantelamiento de sus
mecanismos de funcionamiento, como los transportistas
privados y los intermediarios, no es más que el final
de un proceso de exterminio que se viene fraguando,
desde la cúpula del poder, hace mucho tiempo.
Los mercados libres campesinos fueron eliminados
después de reiterados ataques de Fidel Castro, quien
acusaba a sus participantes de “macetas” (personas con
mucho dinero) que se enriquecían a costa de la necesidad
del pueblo y la corrupción, sustrayendo los productos,
muchas veces, de las propias granjas estatales.
Cuando se reinició el debate, para reabrir los
mercados campesinos, debido a la profundización de la
crisis económica de 1993, Fidel Castro mantuvo su
oposición, frente a las argumentaciones de Raúl
Castro, quien dijo: “Esta
guerra hay que ganarla con frijoles, no con
cañones”.
A pesar de la posición de Fidel Castro, la situación
obligó a restablecer los mercados el 1 de octubre de
1994, pero ya no como mercado libre campesino, sino
como mercados agropecuarios, con precios varias veces
superiores a los que dejaron impuestos sus
antecesores, cuando fueron cerrados en 1988.
El gobierno constantemente ha tratado de eliminar los
mercados agropecuarios privados, pero de forma menos
traumática, como el cierre de los mercados campesinos,
más teniendo en cuenta, que en 1988 Cuba todavía
gozaba del subsidio soviético y una mejor situación
económica y política, con la que no cuenta hoy. Por
ejemplo, los principales mercados agropecuarios de la
ciudad de Santiago de Cuba pasaron a ser mercados
estatales, so pretexto de ser mercados con precios
topados, buscando la aprobación popular, sin tener en
cuenta la experiencia acumulada del fracaso de la
administración estatal y su incapacidad en la
actividad de marcado.
En su estrategia, para eliminar los mercados privados,
se utilizan las mas mínimas excusas; el mercado del
poblado de Alto Songo lleva más de un mes cerrado,
según las autoridades locales, por falta de higiene y
organización, así como por el mal estado de las
instalaciones.
Los camioneros privados son constantemente multados
por las mercancías que transportan, ya sea por la
característica del producto o su destino. No se puede
trasladar viandas, hortalizas o frutas fuera de su
localidad y si la carga no va acompañada por el
productor, aprobado por la ANAP (Asociación nacional
de Agricultores pequeños) es confiscada y multado el
camionero, que corre el riesgo que le sea decomisado
el vehículo.
Los vendedores ambulantes, que estratégicamente se
sitúan en lugares muy discretos, para vender algunas
viandas que acarrean de los campos, en esta semana han
recibido una persecución implacable por parte de la
policía. Los que capturan les decomisan los productos,
que casi siempre el propio policía se los lleva para
su consumo y luego, les ponen multas, que puede llegar
hasta los 1500 pesos MN.
Con todas estas restricciones los campesinos no tienen
incentivos para producir, y se le sumamos las
limitaciones con los insumos y los robos
consuetudinarios, estamos en presencia del principio
del fin de los mercados agropecuarios, un golpe más
para el campesino cubano.