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Polan Lacki y Luis Marcenaro
* Resumen ejecutivo: Este artículo incluye, entre
otros, los siguientes
planteamientos:
* El desarrollo rural depende mucho mas de la
adecuada capacitación de los
agricultores que de la abundancia de sus recursos;
mucho mas de insumos
intelectuales que de insumos materiales; mucho mas
del "cómo hacer" que del
"con qué hacer".
* Gran parte de los problemas de los agricultores
pueden ser resueltos por
ellos mismos con la condición de que reciban una
capacitación
técnico-empresarial orientada a producir
resultados económicos y no apenas a
ejecutar actividades; una capacitación mas
comprometida en solucionar los
problemas que en problematizar las soluciones.
* La solución mas realista para los problemas de la
agricultura
latinoamericana es la eficiencia tecnológica y
gerencial de los agricultores
y la fortaleza organizativo-empresarial de sus
comunidades.
* Estos dos requisitos permiten contrarrestar, en
gran parte, la escasez de
recursos materiales y financieros de los
productores rurales y la
insuficiencia de apoyo gubernamental.
Antecedentes de este artículo: Antes de ser
redactado en su versión final este artículo fue
sometido al análisis crítico de especialistas
vinculados a las más importantes instituciones
relacionadas con el desarrollo rural
latinoamericano, a través de una consulta
electrónica informal.
Aproximadamente 230 profesionales han aportado
críticas y sugerencias, las que en la medida de lo
posible, fueron incorporadas a esta versión
definitiva.
Sus autores agradecen estos aportes reconociendo,
sin embargo, que las eventuales debilidades del
artículo son de su exclusiva responsabilidad no
comprometiendo a los referidos colaboradores ni a la
FAO.
Los problemas externos a las fincas no pueden ser
ignorados.
Los productores rurales latinoamericanos tienen
razón en criticar a:
* Intermediarios, agroindustriales e hipermercados,
porque muchos les imponen condiciones verdaderamente
crueles en la adquisición de sus productos,
olvidándose que son éstos los que inician y hacen
posible la cadena agroalimentaria de agregación de
valor en la que participan.
* Sus propios gobiernos porque no los protegen ni
asumen eficientemente la
tarea de contribuir a crear condiciones mas
adecuadas para la mayor competitividad del sector.
* A los gobiernos de los países desarrollados que
practican una competencia desleal en los mercados
internacionales, generando peores condiciones para
productores del tercer mundo.
Pero............ debemos priorizar las soluciones
que están a nuestro alcance.
Sin embargo, seamos realistas, en las últimas
décadas las quejas y protestas de los productores
latinoamericanos han producido resultados
decepcionantes. Por lo tanto ellos necesitan
reemplazarlas por una actitud más constructiva,
encargándose en primer lugar ellos mismos de
solucionar sus problemas; porque difícilmente éstos
serán resueltos por sus gobiernos ni por otros
integrantes de las cadenas agroalimentarias; porque
estos últimos intervienen en ellas para ganar dinero
y no para solucionar los problemas de los
productores rurales. Frente a esta realidad serán
los propios agricultores quienes tendrán que
corregir sus ineficiencias productivas.
Asimismo tendrán que organizarse para asumir mayor
protagonismo en toda la cadena agroalimentaria
porque son estas dos distorsiones, ineficiencia
productiva y falta de organización grupal y
comunitaria, ambas corregibles por ellos mismos, las
principales causas eliminables de la falta de
rentabilidad y competitividad del sector rural.
Visión equivocada del problema
Muchos agricultores latinoamericanos aún siguen
creyendo que, para solucionar sus problemas
económicos, necesitan que los gobiernos les otorguen
créditos y renegocien sus deudas, garanticen la
comercialización de sus cosechas, reduzcan la carga
tributaria, incrementen el valor del dólar, otorguen
subsidios y establezcan barreras a las importaciones
de productos
agrícolas.
Siguen creyendo en estas medidas porque aún no se
dieron cuenta que ellas no son factibles de ser
llevadas a la práctica, ni son eficaces en la
solución de sus problemas. Las razones para esta
afirmación, de aparente escepticismo, son las
siguientes:
* Primera razón: Los endeudados y debilitados
gobiernos de esta región sencillamente,
sencillamente, no están en condiciones de
concederles estas ayudas, aunque quisiesen hacerlo;
asimismo enfrentan enormes dificultades cuando
intentan impedir que los países ricos sigan
subsidiando y protegiendo a sus agricultores.
* Segunda razón: Aunque fuesen factibles, dichas
medidas no serían eficaces ni suficientes mientras
los productores no eliminen las dos causas más
inmediatas de su falta de rentabilidad. Estas dos
causas son las siguientes:
- Causa 1: como regla general ellos se dedican
exclusivamente a la etapa pobre del negocio agrícola
que es la etapa de producción propiamente tal; ésta
exige mucho trabajo, expone a permanentes riesgos y
genera pocas ganancias. Las actividades de la etapa
rica (fabricación y reventa de insumos,
procesamiento para incorporar valor y
comercialización de las cosechas) son realizadas por
otros agentes del agro negocio, aunque algunas de
ellas podrían ser ejecutadas por los propios
agricultores si ellos lo hiciesen en forma
asociativa y gradual.
- Causa 2: además de encargarse apenas de la
referida etapa pobre, muchos agricultores la
ejecutan con marcadas ineficiencias, tal como lo
comprueban los bajos rendimientos promedio de la
agricultura y ganadería latinoamericana, la
inadecuada o insuficiente diversificación
productiva, el dedicarse a producir rubros de muy
baja densidad económica, etc. Esto sin desconocer
las importantes mejoras de productividad de muchos
sectores y regiones, mejoras que por otra parte
demuestran que es posible crecer en cantidad y
calidad de productos y en competitividad del sector.
Al acostumbrarnos a vivir con el
problema........¡dejamos de verlo!
Estas dos distorsiones están tan generalizadas en la
agricultura latinoamericana que, a pesar de ser muy
dañinas para la economía de los agricultores, son
consideradas por muchos de ellos como normales y
aceptables; a tal punto que muchos productores
rurales ni siquiera se dan
cuenta que la falta de rentabilidad es provocada
mayoritariamente por ellos mismos, al adoptar los
siguientes procedimientos:
* Sus costos unitarios de producción son
innecesariamente altos en virtud de los bajos
rendimientos promedio que obtienen por unidad de
tierra y de animal; y de los altos precios que,
debido a su individualismo, pagan en la adquisición
de los insumos y en la realización de varias
inversiones sobredimensionadas, que no deberían
hacerlas en forma individual.
* Los precios de venta de sus cosechas son
innecesariamente bajos porque, otra vez, por no
practicar la asociatividad, los productores
comercializan sus excedentes en forma individual,
sin agregarles ningún valor y con el primer eslabón
de intermediación, directamente en sus fincas.
Las causas más inmediatas de la falta de
rentabilidad empiezan en las propias fincas y
comunidades rurales.
Estos antecedentes ilustran que los productores son
víctimas principalmente de sus propias ineficiencias
de producción, administración rural y
comercialización. Al contrario de lo que suele
afirmarse, muchos de sus problemas se deben a la
falta de conocimientos técnico - gerenciales y de
organización empresarial y comunitaria, y no sólo a
equivocadas políticas crediticias, cambiarias,
arancelarias e impositivas.
Este es un problema de fondo que debemos reconocer
con humildad y enfrentarlo con realismo, objetividad
y profesionalismo; porque las ineficiencias
provocadas por la falta de conocimientos y de
organización empresarial deben ser corregidas con
capacitación y no premiadas con
subsidios.
Esto no significa desconocer los problemas
estructurales de la agricultura, pero se trata de no
caer en la trampa de no hacer lo que es posible y
necesario porque hacemos foco solamente en seguir
reclamando por las medidas que están fuera del
alcance de los agricultores y de los extensionistas.
Preguntas que nos duelen............. a todos
Todo lo anterior parece muy claro y entonces cabe
preguntarse:
* ¿Por qué las familias rurales aún no están
capacitadas para corregir sus ineficiencias
productivas y por qué no están organizadas en grupos
para comprar insumos, incorporar valor a sus
cosechas y comercializarlas en conjunto, en vez de
seguir ejecutando todas estas actividades en forma
individual?
* ¿Cómo explicar la persistencia de estas
distorsiones tan elementales si en América Latina
existen decenas de miles de extensionistas y
promotores del desarrollo rural que, con gran
dedicación, han estado actuando durante muchos años
en los más diversificados Servicios de Asistencia
Técnica y Extensión Rural (SATER), máxime
considerando que éstos fueron creados
exactamente para corregir dichas ineficiencias y
distorsiones?
* ¿Cómo explicarlo si durante más de 50 años estos
servicios han pasado por permanentes
reestructuraciones y han aplicado las más variadas
políticas, estrategias, enfoques y modelos de
extensión rural?
Las reestructuraciones de los SATER fueron mal
enfocadas
Ello ocurrió y sigue ocurriendo porque tales
reestructuraciones han subestimado e ignorado tres
debilidades que jamás podrían haber dejado de ser
consideradas como prioritarias; porque son ellas las
verdaderas y más profundas causas de los modestos
resultados obtenidos por los SATER:
-
El extensionista no está suficientemente preparado
para ayudar a que los propios agricultores
corrijan sus ineficiencias y solucionen sus
problemas.
2. El SATER no proporciona las condiciones mínimas
para que el agente de extensión permanezca
permanentemente (la redundancia es intencional) en
el campo y dedicado principalmente a sus labores
educativas y organizativas de la comunidad.
3. El extensionista no utiliza, plena y
racionalmente, eficaces estrategias,
métodos y medios de extensión rural.
Estas debilidades, mas endógenas que exógenas, son
las que están produciendo un enorme daño a la
eficacia y eficiencia de los SATER y
consecuentemente deberían constituir la prioridad
de cualquier reforma de la extensión rural.
Sin embargo, las múltiples reestructuraciones
efectuadas en las últimas décadas no lograron
eliminarlas. Prueba de ello es que después de cada
reestructuración los extensionistas locales
siguieron haciendo prácticamente lo mismo que
hacían antes de la reforma, sin cambios técnico –
metodológicos ni en sus actitudes. Ello ocurrió,
entre otras razones, porque las referidas
reestructuraciones:
* En vez de empezar a corregir las crónicas
debilidades técnicas, metodológicas y operativas
que ocurren en las agencias locales de extensión
rural, proporcionándoles las condiciones para que
puedan responder a las necesidades concretas de
las familias y comunidades rurales
* Prefirieron el camino más cómodo de proponer
reformas en aspectos teóricos, conceptuales y a
veces ideológicos de lo que ocurre en las cúpulas
institucionales.
En el presente documento se propone revertir esa
tendencia y poner énfasis exactamente en aquellos
aspectos concretos del accionar de los SATER en
terreno, que no dependiendo de decisiones
políticas de alto nivel tienen un gran impacto en
los resultados a lograr en las fincas. En otras
palabras, se propone empezar las reformas desde
abajo y no desde arriba de las
estructuras de los SATER; desde adentro y no desde
afuera.
Corrigiendo apenas estas tres deficiencias, los
SATER estarán en condiciones de contribuir
realmente a promover una profunda transformación
en el desempeño de los productores rurales. Aunque
los gobiernos sigan sin otorgar a los agricultores
los créditos, los subsidios ni las garantías de
comercialización, que ellos tanto reivindican.
Afortunadamente la corrección de gran parte de
estas debilidades no depende de decisiones
externas a los SATER y gracias a ello podrán ser
ejecutadas por sus propios ejecutivos y por todos
los extensionistas. En esta propuesta de reforma
la ''decisión personal'' de cada ejecutivo y
extensionista del SATER es mas importante que
la ''decisión política'' del gobierno.
En sentido contrario, mientras estas tres
debilidades no sean corregidas no tiene mucho
sentido seguir formulando sofisticadas teorías
académicas sobre políticas, enfoques y modelos de
extensión rural, reformulando organigramas y
flujogramas institucionales, ni tampoco incluyendo
temas de moda en sus programas o dando nombres
nuevos a los problemas antiguos. Porque el
problema no está tanto en las políticas, en los
modelos o en los enfoques, sino en la inadecuada
capacitación técnica y metodológica de los
extensionistas; y en la falta de agilidad
operativa de los SATER para proporcionarles las
condiciones de permanencia en el campo, dedicados
principalmente a trabajar por la capacitación y la
organización de las familias y comunidades
rurales.
Tres debilidades a superar y estrategias a
desarrollar Debilidad A: El extensionista no está
suficientemente preparado para ayudar a que los
propios agricultores corrijan sus ineficiencias y
solucionen sus problemas.
La globalización de la economía y la reducción o
eliminación de los servicios estatales de apoyo a
la agricultura están exigiendo un nuevo
extensionista con visión ejecutivo-empresarial que
tenga las siguientes actitudes y aptitudes:
1- Deberá estar consciente de que, en los países
pobres, el modelo paternalista de desarrollo rural
basado en créditos, subsidios y garantías
oficiales de comercialización está agotado. Dicho
modelo es una utopía que ya no tiene ninguna
posibilidad real de ser llevada a la práctica. El
extensionista que ignore esta realidad fracasará
en su misión como promotor del desarrollo rural;
porque su accionar estará basado en recursos que
no existen y en soluciones que los agricultores,
sencillamente, no pueden adoptar. Países pobres
con muchos agricultores también pobres necesitan
de un agente de extensión que sepa "producir más y
mejor con menos recursos";
un extensionista que sea capaz de ayudar a
solucionar los problemas de los agricultores,
contando inicialmente apenas con los recursos que
ya están disponibles en sus fincas y comunidades y
no con los que seria deseable que estuviesen
disponibles. Este es el principio básico para un
extensionismo de resultados.
2- Deberá partir de la premisa de que, la familia
rural es el más importante agente potencial de
desarrollo rural; y que su misión como educador
consiste en transformar cada familia en un agente
real de desarrollo, de su finca y de su comunidad.
Para que esto sea posible la acción del
extensionista deberá apuntar a lograr que las
propias familias y comunidades rurales
adquieran la voluntad y la capacidad de tomar, en
sus propias manos, la corrección de sus
ineficiencias y la solución de sus problemas.
Teniendo en cuenta que los gobiernos no pueden
"hacer todo por todos los agricultores siempre",
el extensionista deberá ser consecuente con esta
realidad y adoptar una estrategia de desarrollo
que sea educativo - emancipadora.
En las actuales circunstancias este es el único
camino posible para que los agricultores se
vuelvan menos dependientes de ayuda de gobierno y
menos vulnerables en su relación con
intermediarios, procesadores y supermercados y
sean menos afectados por subsidios y medidas
proteccionistas de los países
ricos.
Los productores rurales latinoamericanos necesitan
de un extensionista que sepa aplicar el antídoto
más eficaz contra las dependencias y
vulnerabilidades que venimos describiendo. Este
antídoto es la eficiencia tecnológica y gerencial
de los agricultores y la fortaleza organizativo -
empresarial de sus comunidades. Este es el mejor
"remedio" para una agricultura que prácticamente
ya no cuenta con ayudas gubernamentales.
3- El agente de extensión deberá trabajar
consciente de que la principal causa del
subdesarrollo rural es la insuficiencia e
inadecuación de los conocimientos, habilidades y
actitudes que poseen las familias y comunidades
rurales; y no tanto la falta de recursos
financieros y de decisiones
políticas. Consecuentemente, las soluciones que él
formule deberán depender mucho más de medidas
técnico - educativas que político - crediticias.
En su condición de profesional de ciencias
agrarias y no de ciencias políticas, el
extensionista deberá abordar, en primer lugar,
aquellos problemas que son solucionables con las
herramientas de su profesión, en vez de seguir
esperando que otras instituciones contrarresten, a
través de subsidios, las consecuencias y los
efectos de las ineficiencias productivas y
comerciales de la agricultura.
El extensionista deberá empezar a solucionar los
problemas del agro desde adentro de las fincas y
comunidades y no necesariamente desde afuera.
Desde abajo hacia arriba y no necesariamente desde
arriba hacia abajo. Desde lo micro y no desde lo
macro. Desde lo sencillo y no desde lo complejo.
Deberá hacerlo iniciando con aquellas medidas que,
al ser de bajo o cero costos, no
necesariamente requieran de recursos adicionales a
los que los agricultores ya poseen, ni de
decisiones políticas de alto nivel. Poseyendo esta
actitud y esta aptitud de descomplicar y
desmitificar la complejidad de la problemática
rural, el extensionista estará en mejores
condiciones para contribuir a solucionar los
problemas, en vez de seguir apenas problematizando
las soluciones.
4- Con el fin de hacer factible la estrategia de
desarrollo endógeno propuesta en el punto
anterior, el extensionista deberá ser capaz de:
a) Identificar los errores que los agricultores
cometen, con mayor frecuencia, en la producción,
en la administración de las fincas, en la
adquisición de los insumos y en la
comercialización de los productos, porque, como
regla general son estos errores, y no tanto la
falta de políticas y de créditos, las principales
causas de los bajos ingresos de las familias
rurales. El agente de extensión deberá tener la
objetividad y el pragmatismo de identificar, en
primer lugar, aquellas ineficiencias que puedan
ser corregidas y eliminadas por los propios
agricultores, pues de lo
contrario de poco serviría identificarlas.
b) Poner énfasis en aquellos problemas que puedan
ser solucionados por las propias familias rurales,
con una menor dependencia de aportes externos a
las fincas. Los diagnósticos obsoletos que
enfatizan los problemas que no son solucionables
por los propios agricultores rebajan, en vez de
elevar la autoestima de las familias rurales, y
desestimulan, en vez de estimular sus
iniciativas. Dichos diagnósticos las conducen a la
pasividad y al fatalismo, porque les dan una
sensación de incapacidad e impotencia para
transformar su realidad adversa. Enfatizar tales
diagnósticos significa practicar la anti-extension
rural; porque un importante papel del
extensionista moderno es exactamente el de
simplificar la solución de los problemas, para
conseguir que los agricultores aprecien que ellos
mismos pueden resolverlos.
c) Identificar aquellos problemas que suelen ser
invisibles para los productores, tales como costos
ocultos, inversiones sobredimensionadas y recursos
ociosos, actividades y/o gastos improductivos,
tierras y animales con baja productividad,
pérdidas durante y después de la cosecha, etc.
Desafortunadamente estos problemas invisibles
están muy generalizados en las fincas
latinoamericanas. El extensionista deberá hacerlos
"visibles" a los agricultores y luego de ello
hacerlos solucionables por los propios
agricultores y sus comunidades.
d) Identificar los recursos y potencialidades de
desarrollo que ya están disponibles en las fincas
y comunidades, priorizando su aprovechamiento
racional antes que identificar debilidades y
restricciones, especialmente si éstas no pueden
ser corregidas por el productor ni por el
extensionista.
Primero utilizar lo que hay y recién después
reivindicar, con mayor autoridad, lo que no hay. A
modo de ejemplo, si el agricultor tiene una vaca
que produce 4 litros de leche al día y un ternero
cada 22 meses (promedios latinoamericanos),
pudiendo producir 20 litros al día y un ternero a
cada 12 meses, la prioridad es producir forraje
para alimentarla y mejorar su manejo
sanitario y reproductivo, antes de adquirir vacas
adicionales. De lo contrario lo más probable será
que el productor se endeudará innecesariamente y
las vacas adicionales apenas compartirán el hambre
con la primera.
e) Formular propuestas para resolver los
problemas, a través de medidas que sean
compatibles con las reales posibilidades de los
agricultores en adoptarlas. De poco sirve que el
extensionista proponga excelentes "recetas" si los
agricultores no disponen de los "ingredientes"
necesarios para llevarlas a la práctica. El agente
de extensión deberá descomplicar los problemas con
el propósito de facilitar y hacer factible su
solución. Debe recurrir a propuestas sencillas y
seguras, de bajo costo y buenos resultados
comprobados.
f) Generar verdaderos desafíos en las familias y
comunidades rurales, mostrando que normalmente
existe un buen margen posible de progreso aún con
sus limitaciones y dependiendo sólo de sus propios
recursos. En este sentido podemos decir que el
buen extensionista es un "desafiador", alguien que
genera condiciones para que los productores
lleguen a querer innovar y
progresar, que tengan una ambición sana y
adquieran un fuerte deseo de superación.
g) Saber ejecutar, con sus propias manos, las
principales actividades y faenas agrícolas
(sembrar, podar, regar, operar y regular
maquinaria, inseminar, ordeñar, procesar y
comercializar cosechas, etc.)
-
No es
suficiente que el extensionista posea excelentes
conocimientos teóricos sobre agricultura y
desarrollo rural. El productor será permeable a
sus propuestas recién después que demuestre que
sabe hacer cosas y solucionar problemas.
Con este pragmatismo y con estas actitudes
proactivas, el nuevo extensionista dejará de ser
un simple reivindicador de reclamos y asumirá la
función, mucho más fructífera y constructiva, de
promotor de soluciones de los problemas existentes
en las fincas y comunidades rurales. Este es el
extensionista que la agricultura moderna realmente
está necesitando.
5- El agente de extensión deberá tener la
versatilidad necesaria para desempeñarse con
agricultores de distintos niveles de
disponibilidad de recursos productivos, pero muy
especialmente, con aquella gran mayoría de
productores afectados por la adversidad físico -
productiva y por la escasez de capital. Esta gran
mayoría necesita de un extensionista que sea capaz
de empezar la solución de sus problemas, aun
cuando ella no tenga acceso:
* Al crédito, porque existen muchas y muy eficaces
tecnologías que para ser adoptadas no lo
requieren
* A las semillas híbridas, empezando con buenas
semillas de variedad
* A las raciones industrializadas, produciendo sus
principales ingredientes y elaborándolas en la
propia finca
* A la maquinaria moderna, constituyendo grupos
para adquirirla y utilizarla en forma conjunta.
* A los animales de alto potencial genético, ya
que la alimentación y el manejo sanitario y
reproductivo adecuados pueden compensar, al menos
en parte, la menor calidad genética
* A las garantías de comercialización, reduciendo
costos, diversificando, escalonando y
transformando o procesando la producción.
Este pragmatismo de "partir de lo posible para
llegar a lo deseable" es prácticamente un
imperativo para lograr el desarrollo rural con
equidad; porque las seis restricciones recién
mencionadas están presentes en la mayoría de las
fincas latinoamericanas. El técnico que no es
capaz de actuar con este realismo, sencillamente
no podrá ser extensionista en un país
subdesarrollado, porque no estará en condiciones
de responder a las necesidades de sus clientes,
tal como ellos realmente lo necesitan.
6- El extensionista deberá priorizar la correcta
aplicación de insumos intelectuales y tecnologías
de procesos (el cómo hacer), por sobre los insumos
materiales y las tecnologías de productos (el con
qué hacer). Los primeros, al depender apenas de
conocimientos, son de menor costo y no se gastan
al ser aplicados; mientras que los segundos, al
depender de recursos financieros y materiales, son
de mayor costo y se gastan cada vez que se los
utiliza. En países subdesarrollados, los
agricultores y los gobiernos tienen una crónica
insuficiencia de recursos financieros. Es debido a
esta
importantísima restricción que:
* Los factores de desarrollo agrícola que son
caros y escasos deberán ser un
complemento en el proceso de modernización
productiva y no un condicionante para empezarla o
una excusa para no empezarla.
* El extensionista deberá conseguir que los
productores rurales gradualicen la solución de sus
problemas. Esta gradualización podrá ser vertical
(empezando a resolver los problemas de solución
más fácil y de más bajo costos) u horizontal
(iniciando la tecnificación en pequeñas
superficies o con pocos animales e ir avanzando
hacia mayor cantidad de hectáreas y de animales).
7- Finalmente, el extensionista deberá tener una
visión integral del negocio agrícola. Al
visualizarlo en su conjunto comprenderá que el
éxito económico del agricultor depende de que
exista eficiencia y racionalidad en todas sus
actividades y etapas: en la adquisición de
insumos, en la producción propiamente tal y en el
procesamiento y comercialización de los productos.
También comprenderá que algunas de éstas
actividades o etapas sencillamente no pueden ser
efectuadas, con eficiencia económica, si los
agricultores las
ejecutan en forma individual. Por esta razón el
extensionista deberá partir de la premisa de que
la agrupación de los pequeños productores es una
medida imprescindible para que ellos puedan
sobrevivir en la actividad agrícola.
A través de dicha agrupación los propios
agricultores podrán ir asumiendo, en forma
gradual, otras etapas del negocio agrícola; y de
esta manera, beneficiarse ellos de sus ganancias y
no los agroindustriales y comerciantes. En otras
palabras, la eficiencia no podrá ser parcial,
tendrá que ser integral, en los aspectos técnicos,
gerenciales y organizativos y avanzando todo lo
posible en la cadena agroalimentaria. Sin embargo
no
debemos desconocer que en muchos casos productores
muy exitosos como tales, sufrieron grandes
problemas cuando incursionaron por ejemplo en la
industria procesadora de sus productos. Esto no es
sencillo ni es la panacea. Se hace necesario muy
buena organización y crecimiento gradual de la
capacidad de gestión y hasta pueden ser solución
etapas intermedias de lograr mejores condiciones
de comercialización con quienes actualmente le
compran la producción.
En el mundo moderno la capacitación de los
extensionistas no es tan cara ni
tan difícil.
Para alcanzar este perfil más pragmático, más
empresarial y más ejecutivo, descrito en los 7
puntos precedentes, los agentes de extensión no
necesitan adquirir conocimientos muy profundos,
complejos o sofisticados.
Conocimientos y habilidades bastante elementales
serán suficientes para que ellos puedan corregir
los errores y solucionar los problemas (ambos
generalmente también elementales), que ocurren con
mayor frecuencia en la mayoría de las fincas y
comunidades rurales. Por esta razón, en una
primera etapa, la capacitación de los
extensionistas no necesariamente deberá consistir
en cursos muy teóricos, de alto costo y de larga
duración que suelen alejarlos aún más de la
realidad concreta del sector productivo rural, en
vez de acercarlos a ella. Lo realmente importante
es que los contenidos de la capacitación sean
aplicables y eficaces en la solución de los
problemas que ellos enfrentan con mayor frecuencia
en sus labores cotidianas.
Se requiere de un verdadero reciclaje profesional
que además de actualizar los conocimientos
técnicos y metodológicos, cambie la mentalidad y
las actitudes de los extensionistas, que logre
elevar su ego, su autoestima y su auto confianza,
al demostrarles que ellos son capaces de ayudar a
solucionar los principales problemas de los
agricultores, utilizando básicamente los insumos
intelectuales de su profesión y las
potencialidades de las familias y comunidades
rurales. Esto puede lograse en el marco de una
propuesta de capacitación en la acción, de modo
que aprendan a corregir las ineficiencias de los
agricultores, corrigiéndolas y aprendan a
solucionar los problemas de
la agricultura, solucionándolos. En las
capacitaciones tradicionales para extensionistas
se les ha enseñado antes para que lo apliquen
después y lo que se está proponiendo es pasar a un
modelo de capacitación durante. Dicho de otra
forma es la capacitación en terreno, ejecutándola
allá adonde están los problemas y en el momento
que ellos ocurren, con métodos activos a partir de
la discusión y resolución de casos concretos.
Después de recibir tal capacitación, los
extensionistas deberán ser pagados de acuerdo a su
capacidad que resolver problemas y de generar
ingresos adicionales a los
agricultores; y no apenas de acuerdo a su
capacidad de ejecutar actividades.
Por otra parte existen, y es bueno recurrir a
ellas en forma complementaria, variadas
alternativas de capacitación de muy bajo costo y
reconocida facilidad de acceso: cursos a
distancia, páginas Web, organización de pequeñas
bibliotecas y videotecas en las agencias locales o
regionales de extensión rural, visitas a
estaciones experimentales, a fincas de
agricultores eficientes y a grupos asociativos
exitosos, a agroindustrias, etc. Lo anterior
indica que, gracias a las facilidades del mundo
moderno, laescasez de recursos presupuestarios y
la falta de decisiones de alto nivel ya no son
importantes restricciones para que los
extensionistas sean capacitados y/o se
auto-capaciten
En resumen, es necesario y posible desmitificar la
complejidad de la problemática rural; y para ello
se requiere, como primer paso, pragmatizar y
descomplicar los contenidos de los programas de
capacitación de los extensionistas; reemplazando
aquellos que son innecesariamente complejos, muy
teóricos, abstractos y descontextualizados de la
realidad rural, por otros más prácticos y
utilizables por ellos en la solución de los
problemas de las familias y comunidades rurales.
El extensionista que adquiera el perfil descrito
en los 7 puntos precedentes estará apto a
solucionar los problemas más inmediatos que
afectan a la mayoría de las familias rurales;
aunque se mantengan todas las conocidas
restricciones y adversidades que afectan a los
agricultores.
En relación también a la formación y capacitación
de profesionales y para-técnicos actuales y
futuros cabe un párrafo especial sobre las
escuelas agrotécnicas y las facultades de ciencias
agrarias. Ambas deberían ejecutar actividades de
extensión rural en carácter permanente y
directamente en terreno, no apenas para enseñar y
difundir innovaciones sino que también para
''zambullirse'' en la realidad rural concreta y a
partir de esta actualización y retroalimentación
adecuar sus contenidos educativos y sus
métodos pedagógicos. Habría una reciprocidad de
beneficios entre agricultores y las mencionadas
instituciones, éstas pasarían a ser más realistas
y útiles a aquellos. Por otra parte pasantías de
estudiantes en fincas sin duda serían un aporte
para la tarea de los SATER. Esto también
contribuiría a reorientar la tarea de las
facultades y escuelas aerotécnicas hacia formar
egresados que tiendan al auto-empleo y a generar
oportunidades de trabajo en el campo.
Debilidad B: El extensionista no permanece
suficientemente en el campo. Allá están los
problemas y allá tendrán que ser resueltos
El extensionista debe poder actuar permanentemente
en las fincas y comunidades rurales. Porque es
allá donde deberá trabajar con los
agricultores para lograr que ellos avancen en los
objetivos de saber, poder
y querer producir con eficiencia y superar sus
problemas individuales,
grupales y comunitarios. Solucionando problemas
concretos en el campo
agricultores y extensionistas adquieren más
confianza y se afianzan.
Asimismo ambos confirman en la práctica que muchos
problemas pueden ser
resueltos por ellos mismos, sin depender tanto de
los gobiernos o de otras
ayudas externas.
Este requisito de permanecer en terreno, que
parece tan obvio, desafortunadamente no está
presente en la mayoría de los SATER
latinoamericanos. La falta de vehículos,
combustibles y viáticos es una importantísima
causa del fracaso de la extensión rural.
Inexplicablemente, durante las últimas décadas,
esta debilidad fue subestimada y casi aceptada
como si fuese aceptable. Sin embargo es también
necesario cuestionarnos
acerca de por qué esto ocurre, incluso ante una
pasividad prácticamente total de parte de los
agricultores y de sus gremios. Es necesario tener
la humildad de reconocer que no siempre en los
SATER se lograron resultados tan importantes que
al decaer su accionar, se hayan generado
reacciones en defensa del servicio.
El primer camino entonces para solucionar las
restricciones de recursos para el accionar del
SATER es demostrar claramente que es capaz de
generar resultados, repetimos RE-SUL-TA-DOS. Estos
deben ser concretos, medibles y coherentes con las
necesidades de los productores y con los objetivos
y metas de los programas de trabajo de los SATER.
Esta restricción de recursos puede y debe ser
eliminada en el corto plazo. En primer lugar
porque está produciendo un enorme daño a la
eficacia de los SATER y a la eficiencia de los
agricultores. En segundo lugar porque existen
varias alternativas, de fácil adopción y
reconocida eficacia, a través de las cuales ella
puede ser eliminada. Es decir, no existen razones
insuperables para seguir conviviendo con ella. Sin
embargo, para hacerlo es
necesario ingeniar soluciones innovadoras, que
vayan más allá del cómodo camino de solicitar
recursos adicionales al Estado.
Si el SATER no puede proporcionar o financiar al
extensionista la adquisición del vehículo
convencional (motorizado de 4 ruedas), deberá
actuar con realismo y adoptar otros medios de
transporte que sean compatibles con sus
disponibilidades presupuestarias; o
alternativamente deberá ofrecer estímulos para que
el extensionista resida en la propia
comunidad y no pierda su escaso tiempo haciendo
largos recorridos por las carreteras. Finalmente,
si éstas alternativas no son aplicables, el SATER
deberá adoptar la medida radical de reducir su
estructura operativa; y, con los ahorros
obtenidos, disponer de los recursos necesarios
para garantizar la permanencia de los
extensionistas en terreno. Es muchísimo mejor
tener 70 u 80 extensionistas solucionando los
problemas en el campo que 100 burocratizando y
frustrándose en las oficinas. La solución más
eficaz y definitiva consiste en eliminar todas las
causas, motivos y hasta excusas para que los
extensionistas no permanezcan en terreno.
Mientras convivimos con este doble desperdicio (de
tecnologías ociosas y de extensionistas recluidos
en las oficinas), los agricultores fracasan
exactamente porque no aplican todo lo que podrían
de esas tecnologías y porque no se organizan como
grupo y a nivel de sus comunidades; y sin embargo
hay insuficiente presencia de los extensionistas
en el campo. Lo mas lamentable es que los
empobrecidos gobiernos han hecho lo más caro y más
difícil (generar las tecnologías y formar los
extensionistas) y ahora desaprovechan esa valiosa
inversión porque no proporcionan las condiciones
objetivas para que los agentes de cambio
permanezcan en terreno y trabajen con los
productores logrando que se apliquen esos nuevos
conocimientos.
La situación recién descripta produce la siguiente
contradicción y paradoja: lo que en apariencia es
una insuficiencia de recursos, en realidad es un
desperdicio de éstos. Dicho desperdicio es
provocado por el siguiente error, grave pero
desafortunadamente muy generalizado en los SATER
latinoamericanos: no respetar el limite,
considerado como razonable, de gastar menos del
70% del presupuesto en salarios y contribuciones
sociales. Cuando tal límite es superado, los
extensionistas suelen permanecer recluidos en las
oficinas, no tanto porque los recursos
presupuestarios sean insuficientes, sino porque
han sido mal distribuidos, al ser destinados al
pago de una excesiva cantidad de personal, ya sea
técnico o administrativo.
Debilidad C: El extensionista no utiliza, plena y
racionalmente, eficaces estrategias, métodos y
medios de extensión rural.
La corrección de las debilidades A y B será
suficiente apenas para mejorar la eficacia del
SATER en beneficio de aquella minoría de
agricultores que ya está recibiendo algún tipo de
asistencia. Sin embargo, dicha minoría es inferior
al 10% de los productores de esta región y el
desarrollo rural con equidad, requiere beneficiar
al 90% de agricultores actualmente excluidos.
Evidentemente que los gobiernos no disponen de
recursos para decuplicar la cantidad de
extensionistas y de vehículos; ni tampoco sería el
camino correcto ya que los SATER tienen que
ingeniarse para trabajar en el marco de nuestros
empobrecidos países.
Por estas razones será necesario buscar otras
alternativas más realistas e innovadoras, como por
ejemplo:
a) Incorporar para-técnicos en las actividades de
los SATER. Debidamente capacitados, en aspectos
técnicos y metodológicos, ellos pueden producir un
importante efecto multiplicador en las acciones de
los actualmente insuficientes extensionistas, como
por ejemplo: los maestros de las escuelas básicas
rurales, los agricultores exitosos, los líderes
rurales, los estudiantes de ciencias agrarias y
los promotores de otras instituciones
relacionadas con el desarrollo rural.
b) Involucrar en sus actividades a otras
instituciones que puedan ampliar y sinergizar las
acciones de los SATER, como por ejemplo:
cooperativas y asociaciones de agricultores,
fabricantes de insumos y maquinaria, acopiadores y
procesadores de las cosechas, etc. El éxito
económico de todas ellas depende de que los
agricultores mejoren su eficiencia productiva e
incrementen sus ingresos. Por estas razones está
en el interés de dichas
instituciones, ejecutar, apoyar o financiar las
actividades de capacitación Es evidente que los
financiarán recién después que los SATER corrijan
sus actuales debilidades; y les demuestren que al
financiarlos estarán haciendo una inversión que
les proporcionará buenas ganancias. El "gastar
para ejecutar actividades" deberá ser reemplazado
por el "invertir para producir resultados y
solucionar problemas". Los SATER que no lo hagan
quedarán cada vez más desfinanciados.
c) Establecer estímulos para que el sector privado
constituya empresas de asesoramiento técnico
capacitando y contratando profesionales
agropecuarios hoy desocupados o sub-ocupados. Otro
ejemplo de desperdicio de los escasos recursos
públicos es el altísimo porcentaje de
profesionales y técnicos en ciencias agrarias que
actualmente están desempleados. Ello ocurre no
porque los agricultores no necesiten de su
asesoramiento, sino porque el perfil de dichos
profesionales, muy teórico y disfuncional, es
totalmente inadecuado a sus necesidades. Estos
desempleados desearían y deberían recibir una
capacitación muy funcional y práctica que los
habilitara a auto-emplearse.
Efectivamente, esa capacitación debiera
desarrollar en ellos los conocimientos,
habilidades y actitudes necesarios para lograr que
los productores rurales desarrollen su capacidad
para " ganar dinero haciendo una agricultura
verdaderamente eficiente". A través de esta medida
se solucionarían, simultáneamente, los problemas
de los profesionales desempleados y los de los
agricultores carentes de una eficiente asistencia
técnica.
d) Incrementar y "eficientizar" el uso de los
métodos y medios de extensión de mayor cobertura y
eficacia, tales como las demostraciones de
resultados, las parcelas o fincas demostrativas,
las giras o excursiones técnicas, los días de
campo, los programas radiales y televisivos, las
páginas Web, etc. Antes de solicitar recursos
públicos adicionales para ampliar su cobertura,
los SATER deberían mostrar más y mejores
resultados, dinamizando y organizando a los
productores y utilizando en la plenitud de sus
potencialidades, los métodos y medios de bajo
costo y de gran efecto multiplicador, que están
disponibles pero inexplicablemente sub-utilizados.
Como ejemplo podemos mencionar la radio;
desafortunadamente son poquísimos los
extensionistas que aprovechan ese medio, a pesar
de ser de bajo costo, fácil utilización, gran
cobertura y notable llegada entre los productores.
e) Sin perjuicio de seguir dedicándose a su
actividad tradicional de capacitar a sus propios
extensionistas y a las familias rurales, el SATER
oficial podría encargarse de la capacitación
(en
aspectos técnicos y metodológicos) de los extensionistas y para-técnicos de todos los demás
organismos de extensión, promoción y desarrollo
rural del respectivo país. Seria una manera muy
interesante y eficaz de mejorar la eficiencia y
ampliar la cobertura de todos los organismos que
integran en sistema nacional de
ATER. Varios SATER latinoamericanos aún poseen
excelentes y muy vivenciados
extensionistas cuya sabiduría debería ser
aprovechada para perpetuar las experiencias
exitosas del pasado, repasándolas a las nuevas
generaciones de agentes de cambio. Estos antiguos
extensionistas deberían ser los "catedráticos" de
los cursos de capacitación de los nuevos agentes
de extensión.
Ofrecimiento: Críticas a este artículo y pedidos
de documentos que amplían y fundamentan
técnicamente su contenido podrán ser dirigidos a
las siguientes direcciones de E-Mail: Polan.Lacki@fao.org
hasta el 20 de Octubre 2002 y SDRE@fao.org a
partir del 21 de Octubre 2002.
-
Los documentos ofrecidos son los siguientes:
1. Cómo enfrentar la crisis de la agricultura:
lamentando los problemas insolubles o resolviendo
los problemas solucionables?
2. Lo que PIDEN los agricultores y lo que PUEDEN los
gobiernos: mendigar dependencia o proporcionar
emancipación?
3. La escuela rural debe formar ''solucionadores
de problemas''
4. Rentabilidad en la agricultura: con mas
subsidios o con mas
profesionalismo?
5. Buscando soluciones para la crisis dela agro: en
la ventanilla del banco
o en el pupitre de la escuela?
6. Los agricultores necesitan de un sistema
educativo que ayude a solucionar
sus problemas
7. La formación de profesionales para
profesionalizar a los agricultores
8. La modernización de la agricultura: los
pequeños también pueden
9. Educación agrícola superior: la urgencia
del cambio
10. Desarrollo agropecuario: de la dependencia
al protagonismo del
agricultor. Este es el único documento que no
podemos enviar vía E-Mail.
Sin embargo, podrá ser encontrado en la siguiente
página Web:
http://www.RLC.fao.org Para obtenerlo dar un
primer toque en
''Publicaciones'' y un segundo en
''Documentos".
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