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II
Encuentro Nacional de Campesinos y Cooperativistas Independientes
Fecha:
Noviembre 12, 1999
Ponencia: La Ganadería en Cuba
Introducción
Cuando en 1959 triunfó el llamado proceso revolucionario encontró una
ganadería próspera, con excelentes instalaciones, un personal
experimentado, exigente y estricto en el manejo del ganado, lo que
garantizaba una producción de leche y carne estable. Leche fresca sin
ningún tipo de restricciones, a no ser las de carácter sanitarias y de
calidad.
Una vez que comienzan las confiscaciones y el surgimiento de las
granjas estatales se produce un progresivo deterioro que ha durado
hasta la actualidad. En 1958, en nuestro país había alrededor de 8
millones de cabezas de ganado, ya que según cifras de los registros de
la época había más de 6 millones de animales vacunos, pero muchos
pequeños propietarios no cumplían con las formalidades de inscripción,
por lo que no se puede tener una cifra exacta, ya que esto no
constituía un delito como en la actualidad.
De
una forma u otra podemos asegurar que había cierta paridad entre el
crecimiento de la población cubana y la ganadería, y que de haberse
mantenido esta tendencia, hoy tendríamos alrededor de 11 millones de
cabezas de ganado.
En
1989, cuando desaparecen los subsidios del campo socialista, es que
nos damos cuenta de la verdadera crisis en que se encontraba el sector
ganadero en Cuba; sin embargo, nunca se han tomado las medidas
necesarias para recuperar la tradición ganadera cubana y se persiste
en una ganadería centralizada estatal, que atribuye solamente su
fracaso al hurto y sacrifico ilegal y a la falta de pienso importado,
sin tomar en cuenta los demás factores objetivos y subjetivos que
restringen el desarrollo ganadero, como es el caso del decreto ley 225
y lo controversial de la ley, que considera ilegal el sacrificio de
ganado mayor. Ley con la cual se pensaba aumentar considerablemente la
ganadería cubana y sin embargo en cuarenta años de la ley, sólo se ha
logrado reducirla a menos de 4 millones en 1999.
Desarrollo
A
pesar de un estricto control del sacrificio del ganado mayor, sus
niveles de existencia se reducen cada día. Una mala política en el
manejo de la masa ganadera, que no comprende un personal dedicado en
corazón y alma, ha sido una de las causas del deterioro de su
infraestructura, como son los molinos de viento, corrales adecuados,
cercas perimetrales y hasta las áreas de pastoreos, que se encuentran
invadidas por malezas, principalmente marabú.
Según cifras oficiales, en estos momentos se encuentran alrededor de
80 mil caballerías cubiertas de marabú, lo que ha traído como
consecuencia que hayan desaparecido grandes áreas de pastos
tradicionales como la hierba de guinea.
La
reducción de la masa ganadera se trata de vincular con el hurto y
sacrificio ilegal de ganado mayor, perdiendo de vista que existe menos
ganado que en 1958, cuando su sacrificio no era penado, el productor
tenía toda la libertad para disponer de sus animales y el consumo no
estaba racionado.
Cuando analizamos a las reproductoras, su vida útil se ve reducida por
varios factores, mala alimentación, tabulación inapropiada para
protegerlas del robo, la inclemencia del tiempo sin posibilidades de
alimentos y agua, etc. Las unidades pecuarias dedicadas a la
producción de leche sólo tienen en cuenta el cumplimiento de este
parámetro, sin dejarle leche al ternero, por lo que no se garantiza el
reemplazo natural de las hembras producto del alto índice de
mortalidad.
A
todos estos factores hay que añadirle otro muy importante, máximo
responsable de la casi aniquilación de nuestra masa ganadera y que fue
el inapropiado cruce de razas, sin tener en cuenta el resultado
genético, lo que produjo un animal físicamente muy débil, proclive a
muchas enfermedades y sin valores productivos en carne ni leche.
En
Cuba, con todo un historial ganadero, hay que analizar los métodos
tradicionales para encontrar una proyección hacia el futuro. El
pastoreo extensivo fue muy criticado al inicio de la revolución, y se
trató de sustituir por el llamado pastoreo intensivo atribuido al
francés André Voisin. A este sistema se incorporaron las vaquerías
privadas que formaban un cinturón lechero alrededor de las principales
ciudades del país.
Como resultado de esta nueva estructura de cría, el ganado necesita
una atención más directa y esmerada, algo que no se logra bajo la
tutela de la propiedad estatal. Esto nos induce a analizar el fenómeno
ganadero en Cuba en dos vertientes: el productor privado y el estatal.
En
el sector estatal, podemos seguir añadiendo causas y efectos de los
manejos de la masa ganadera en Cuba, por su gran repercusión en la
sociedad, ya que el estado tiene el mayor peso en la producción, pues
cuenta con la mayor parte de las tierras y del ganado existente en
todo el país.
Aunque muchos atribuyen la falta de leche a la carencia de insumos
básicos, hay que recordar que Cuba, en su empeño de ser la Suiza de
América, invirtió grandes recursos en la ganadería, llegando a montar
todo un sistema de vaquerías con ordeño mecánico, aire acondicionado y
hasta música indirecta y todo esto no impidió que en la única etapa
que la leche tuvo un mayor acceso por parte de la población fue cuando
por 10 años el programa de alimentos de las Naciones Unidas le
suministró gratuitamente el consumo nacional, más la obtenida en un
trueque ventajoso por levadura torula con Alemania Oriental.
La
irresponsabilidad colectiva en el manejo de la masa ganadera conlleva
que no se mantenga una cultura de explotación vacuna. Ya
desaparecieron esas modernas vaquerías, se perdió una conducta
higiénico sanitaria, tanto en el ordeño como en la inseminación
artificial, descuido ante el cruce involuntario de las razas, muerte
de más del 40 % de los nacimientos y una permanente existencia de
vacas vacías.
Si
pensáramos que el productor privado sería la solución, tendríamos que
aceptar una nueva voluntad política del gobierno que deposite la
responsabilidad ganadera en sus manos y le brinde todas las
posibilidades y apoyo. En las condiciones actuales el campesino apenas
puede mantener, por ley, un número muy limitado de animales, carece de
infraestructura, de tierras y de cuanto hace falta, incluyendo el
apoyo gubernamental.
Para comprender mejor la falta de voluntad del gobierno en la
recuperación ganadera en el sector privado sólo hay que observar el
Decreto Ley 225, que preve multas de hasta 500 pesos al tenedor de
ganado que se le pierda un animal, entre otras muchas regulaciones que
desaniman al productor.
El
cobro de los servicios veterinarios y las medicinas en divisas hacen
inaccesibles a los campesinos los recursos mínimos para la salud
animal, más si tenemos en cuenta que nunca puede comercializar su
ganado con otro que no fuera el estado como único comprador y, siendo
dueño, ni siquiera puede sacrificarlo y disponer de su carne.
La
compra por parte del estado se hace sin utilizar básculas, por lo que
el dueño tiene que conformarse con el peso que determine el propio
comprador, que le impone además un descuento del 7% y le paga por lo
que se dice llamar carne al gancho, por lo que la cabeza, las patas,
las vísceras y el cuero se descuentan del peso total. Después de todo
esto muchas veces tienen que esperar meses para recibir el pago por la
venta.
En
el caso de los nacimientos, el poseedor de ganado tiene treinta días
hábiles para declarar e inscribir el ternero, debiendo llevar un sello
de 5 pesos. De no efectuar estos trámites puede ser multado o acusado
por tenencia ilegal de ganado mayor, con penas hasta de tres años de
privación de libertad.
Conclusiones
Si
queremos que se produzca una recuperación de los niveles de producción
en el sector de la ganadería, el gobierno tiene que tomar las medidas
para que esta actividad se convierta en un negocio rentable,
subsidiando la producción de leche y por otra parte dándole la
posibilidad al productor de comercializar directamente tanto la carne
como la leche y sus derivados, eliminando el excesivo control estatal
para que el productor recobre el verdadero concepto de propiedad y que
el estado se desvincule de la actividad pecuaria, como centro de la
producción y control.
Recomendaciones
Implementar el programa de ganadería popular, bajo el concepto de
proyecto familiar que se responsabiliza con el éxito o fracaso de su
gestión, limitándose el estado solamente con el asesoramiento técnico,
los financiamientos y las regulaciones higiénicos sanitarias.
Otorgar en arrendamiento todas las vaquerías que se encuentran
alrededor de las ciudades y que el gobierno financie los
requerimientos necesarios para su mejor explotación.
Se despenalice el sacrificio de ganado mayor por considerarlo bajo una
ley obsoleta, que no cumple los fines jurídicos para lo que se creó.
Se entreguen tierras para todas las personas que estén interesadas en
establecer vaquerías, se le faciliten los recursos, así como los pies
de cría y demás medios necesarios para la protección y control del
ganado.
Se permita la libre comercialización de la carne de res y sus
derivados, así como la leche fresca.
Se eliminen todos los controles estatales, incluyendo el Decreto Ley
225. |