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EDITORIAL

El recuento del tiempo, de cada año que pasa, nos obliga a meditar sobre quiénes ya no se encentran con nosotros. Muchos seres humanos pasan inadvertidos por la vida, no por su simple humildad, porque con humildad también se puede dejar huellas imborrables y ese es el caso que hoy no podemos pasar por alto.

El 6 de enero se cumpl el primer año de la desaparición física de nuestro hermano mayor, Carlos Quintela. Alguien que la vida lo dotó de muchos talentos, pero su principal talento era el de ser humano.

Y por eso se apegó tanto a los más desposeídos, inclusive cuando creyó en el desarrollo de las clases sociales a través del socialismo y el comunismo. Pero su sentido práctico no le permitió comulgar con la opresión y la injusticia y pagó con
su propio ejemplo lo que predicaba. Así defendió el derecho sindical de los obreros y terminó siendo un aliado incondicional de los campesinos.

Quien conoció a Carlos pudo tener el privilegio de conocer a alguien excepcional, no era de esas personas que necesitan morir para obtener el favor del perdón, Carlos era el perdón en persona.

Su gran sensibilidad humana traspasaba su propia realidad, así llevó su amor a cosas tan sublimes como las flores, las plantas y en ese desprendimiento total fue un humilde jardinero.

Carlos es un genuino representante de esa nueva generación de cubanos, que desde un surco, miran hacia arriba buscando en el sol que quema, esa luz que le falta, la de Carlos Quintela.

Allí, en algo tan simple como un libro, en un  simple discurso, en un artículo periodístico, con el aguijón en mano, en medio de una biblioteca independiente, defendiendo y denunciando todo abuso, toda injustita, allí está Carlos Quintela como el sabía decir:  “Así, a mi manera"

Su humildad no limitó su capacidad de intelectual aguzado, de conocimientos profundos y una gran inteligencia, que parecía pernoctar dentro de tan ingeniosa figura, era una institución pensante. Tanto dote no puede resumirse en una sola persona, por eso su ejemplo y su nombre están presente en el Centro Nacional de Estudios e Investigaciones Agrícolas “Carlos Quintela”

Dónde mejor puedes estar tú, Carlos, que en nuestra fe y nuestros corazones. Allí regando luz, aunque te parezca que estás solo, estás donde siempre tú quisiste estar, entre la ciudad y el campo,  junto al obrero y al campesino, observando nuestro Panorama Agrícola, allí Por Tus Montes y Caminos.

 

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