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SANTIAGO DE
CUBA, Junio (www.cubanet.org) – El Plan Turquino,
una iniciativa de desarrollo rural que el Gobierno
cubano implementó a los inicios del año 1987, que
consistía en una serie de infraestructuras
económicas y sociales con el objetivo de
rehabilitar, principalmente las zonas montañosas
del país, 20 años después se puede catalogar de un
rotundo fracaso
La
recuperación del cultivo del café, el mejoramiento
de las condiciones de vida y la repoblación
demográfica de estratégicas zonas rurales, eran las
premisas de este proyecto, conocido como “Plan
Turquino”. Debido a su aparente importancia se
nombró una Comisión nacional presidida por el
ministro de la Agricultura y otros altos
funcionarios, que se encargarían de su
implementación y control a nivel nacional.
Con tal fin se
movilizaron centenares de técnicos agrícolas, tanto
de nivel medio como superior e integrantes del
Ejército Juvenil del Trabajo, una formación militar
cuya principal misión es servir como mano de obra
bajo una rígida disciplina militar. En el municipio
Segundo Frente, se movilizaron 50 técnicos y 500
reclutas, distribuidos en diferentes áreas como
Valerio, Soledad de Mayarí, La Luisa, Tio Felipe,
Rosario Arriba y Polilla.
Los técnicos eran situados por parejas de hembras y
varones en todos estos campamentos, con el claro
objetivo de que constituyeran familias y se
establecieran en aquellos lugares. También los
jóvenes reclutas que contrajeran matrimonios con
residentes del lugar, recibirían cierto apoyo para
construir viviendas y un modulo pecuario, que
contemplaba algunos animales, como cerdos y aves de
corral.
Lo que se veía
como un intento del gobierno cubano de revertir los
traumáticos resultados de una errónea y negativa
política agraria, no demoró mucho tiempo en sumarse
como un fracaso más. Las promesas dejaron de
cumplirse, los técnicos empezaron a retirarse de la
zona, regresando a sus lugares de origen o
involucrándose en otra actividad laboral. La
reanimación del sector turístico fue una gran
oportunidad para muchos de ellos, y la deserción
sistemática de los reclutas, terminó con la
suspensión de las movilizaciones de jóvenes como
fueraza de trabajo. Al final todo quedó como al
inicio, sumido en el más absoluto abandono.
Del Plan Turquino, sólo quedan aquellas personas que
se les entregaron tierras en usufructo, lo que
demuestra que el interés individual, sobre los
mecanismos económicos y de producción, está por
encima de cualquier voluntad política. Resulta
triste ver en lugares como Valerio las ruinas de
grandes secaderos, despulpadoras, casas de vivienda
y albergues para recogedores de café que han quedado
abandonados. Infraestructura que ya existía desde
antes de 1959. Es decir, qué seria hoy 50 años
después, de no haber sido por las confiscaciones y
la colectivización agraria forzosa, que mataron el
sentido de pertenencia y la relación entre los
resultados del trabajo y la mejora de las
condiciones de vida de la población rural
Pedro Antonio Alonso Perez
Director General Proyecto
Desarrollo Cívico Rural en Cuba
Email:
proyectorural@yahoo.com