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El mercado
campesino en Cuba: un paso adelante y dos hacia atrás
Lic. Miguel Arzuaga Guerra, Aprox. Mayo 1992
La teoría comunista dice que el campesino tiene una doble
conciencia: por un lado, es un trabajador incansable,
pero por otro, tiene afán de lucro, es individualista y
hasta un poco egoísta por ser dueño de la tierra. Esa
desviación ideológica la toleran a regañadientes en el
llamado período de transición al comunismo, pero con la
vista puesta en el momento en que los liquiden como
clase social y los conviertan a todos en obreros
agrícolas que trabajan para el estado.
Esa ha
sido la base de la política agrícola cubana que a pesar
de su evidente in operabilidad se sigue aplicando, pues
en esas sociedades la primera tarea del gobierno es
mantener el sistema y el poder, mientras que la
alimentación del pueblo y el progreso económico del país
son aspectos secundarios y derivativos.
Queremos compartir con los lectores un episodio que
muestra la justeza de las ideas que hemos expuesto
arriba.
Como se
sabe, la mal llamada campaña de rectificación de errores
y tendencias negativas comenzó con una fuerte crítica al
PCC, el cual según Fidel Castro “en cierto momento
descuidó el campo de la economía, al considerar ésta una
tarea de expertos”. Como recordamos, esta crítica fue
acompañada de purgas en las filas del PCC, siendo la más
notable la expulsión de Humberto Pérez, presidente de la
Junta Central de Planificación. Fidel Castro se lavó las
manos como Poncio Pilato, declarando que él no estaba al
corriente de todo lo que ocurría porque en ese tiempo
estaba ocupadísimo con la guerra en Angola.
La
medida más relevante del proceso de rectificación de
errores y tendencias negativas fue la clausura del
mercado libre campesino.
“Las
ideas expuestas por ustedes, sus proposiciones, el
criterio unánime del movimiento cooperativista, hacen
que este mercado desaparezca sin dilación alguna”. Con
este “ciérrate sésamo” Fidel Castro clausuraba el
mercado campesino en el II encuentro nacional de
cooperativistas. A raíz de esta medida se levantaron
voces de protesta, entre ellas, la del autor de este
artículo, y en todos los casos, fueron duramente
reprimidas.
Uno de
los pocos proyectos sensatos de Fidel Castro, en su
largo historial de presidente, fue la creación del
mercado libre campesino en 1980. En éste, los campesinos
individuales podían vender el excedente de producción
después de cumplir con los pedidos estatales.
Los
resultados del mercado campesino no se hicieron esperar.
La CEPAL en su Análisis Económico de América Latina de
1980, refiriéndose a la situación de la economía cubana
señala: “ ...se observa un crecimiento notable de la
producción agrícola, dedicada al consumo interno. Y se
destacan los aumentos en la producción de raíces y
tubérculos (38%), arroz (13%), granos (14%) y hortalizas
(38%)”. Más adelante se subraya, que a esta expansión
contribuyó, entre otras medidas, la instauración del
mercado campesino.
Además
es necesario considerar, que el mercado comenzó a
abastecer a la población con algunos productos, los
cuáles, debido a la atención especial que requieren para
su cultivo, tienen que producirse en pequeñas parcelas,
y no en las gigantescas haciendas estatales.
Estos
logros evidentes no impidieron que en 1986 fuera
clausurado el mercado campesino. ¿Cuáles fueron los
argumentos expuestos por el gobierno?
1. Que
el mercado campesino fue utilizado por intermediarios
con el propósito de enriquecerse.
2. Que
los campesinos vendían sus productos a precios
exorbitantes.
3. Este
mercado, según la propaganda gubernamental, se convirtió
en freno al movimiento cooperativo.
4.
Desde el punto de vista económico, aseguraba Fidel
Castro, el mercado campesino no tenía significado, pues
su oferta era aproximadamente el 2% de los productos
agrícolas que se vendían a la población.
5. El
mercado campesino fue responsabilizado con el éxodo de
la población rural a las ciudades.
6. Y
por último, sostenían que el mercado fue clausurado con
el respaldo unánime de los propios campesinos.
Pasemos
a analizar estos argumentos.
La
presencia de intermediarios en el mercado, en general, y
en el mercado campesino en particular, es necesaria en
cualquier economía, a fin de llevar el producto hasta el
consumidor. Imagínese usted, señor lector, que los
campesinos abandonen sus haciendas y vayan a vender la
cosecha a las ciudades. A primera vista, parece que la
población se beneficia al emanciparse de los
intermediarios, a los que debe pagar una comisión. Pero,
realmente, ¿qué ocurre? Pues que cuando el campesino
abandona su hacienda para ir a la ciudad se paraliza el
trabajo de preparación de la tierra, la siembra y otras
labores, y como consecuencia, baja el rendimiento, se
reduce la oferta de productos agrícolas, y se
desencadena el efecto dominó, aumentan aún más los
precios y se agudiza la carencia de productos.
En
cuanto a los precios exorbitantes de los intermediarios,
cabe preguntarse: ¿Qué condiciones favorecían, que ellos
establecieran esos precios?
Naturalmente, la escasez de productos les permitía
establecer precios monopolistas. En una economía de
mercado, cuando aumentan los precios, la demanda se
restringe y la oferta se pone por encima de ella. Es
evidente, que finalmente los productores tienen que
reducir los precios, y los que no puedan trabajar en
esas condiciones por tener costes elevados, saldrán
automáticamente del mercado porque sus haciendas
quebrarán. Ese simple mecanismo de mercado, - aunque no
es perfecto- funciona hace siglos en los países
civilizados. En Cuba no existe, porque el estado le ha
usurpado sus poderes.
En el
mercado campesino no había competencia. Salvo la que
existía entre los consumidores. Estaban autorizados a
vender en él sólo los campesinos privados, prohibiéndose
la participación de los campesinos cooperativistas y las
empresas estatales agrícolas. Si los campesinos privados
hubieran tenido que enfrentar la competencia de los
cooperativistas y las empresas estatales, sus precios no
habrían sido monopolistas. A propósito, en esta
competencia las empresas estatales y cooperativas
habrían tenido ventajas comparativas, no sólo porque las
haciendas cooperativas poseen la mayor cantidad de
tierra (12% y 80%, respectivamente), sino también porque
ambas cuentan con el respaldo del estado (subsidios,
asistencia técnica, etc.). Es más, es muy posible que
los campesinos individuales hubieran tenido que
agruparse en cooperativas para poder resistir esa
competencia. Así pues, este hubiera sido un proceso de
cooperativización sólido, voluntario, sin presión
gubernamental alguna.
Por
otro lado, la competencia entre los diferentes tipos de
propiedad y dentro de ellos mismos, sería un colosal
incentivo para estimular la productividad y reducir los
costes y precios introduciendo los avances
científico-técnicos.
Cuando
se clausuró el mercado campesino, el gobierno prometió a
la población que las empresas estatales en un corto
período de tiempo cubrirían la demanda que antes
satisfacía el mercado campesino. Así el mercado
paralelo, donde vendía el estado, se hizo monopolista.
Por paradójico que parezca, aquí se vendía más caro que
en el mercado campesino. Algunos decían: “Está bien, es
preferible pagar caro al estado que a los campesinos,
porque el primero, con este dinero financia la educación
de mis hijos, la salud, etc., mientras que a los
campesinos los mueve el ánimo de lucro individual”. Las
cifras prueban que la carrera armamentista preocupaba
más que la esfera social. Por ejemplo, según las
estadísticas oficiales, entre 1980 y 1985 en Cuba se
construyeron sólo 12 círculos infantiles, mientras que
el ejército estaba armado hasta los dientes con los
últimos modelos de armamentos soviéticos y por todo el
país se construían cientos de instalaciones militares.
Lo peor
del caso es que el estado fue incapaz de satisfacer las
necesidades que cubría el mercado campesino. Esto nos
hace sospechar que los datos estadísticos oficiales que
afirman que el mercado campesino aseguraba sólo el 2%
del consumo agrícola, es falso. Si realmente este
mercado tenía un papel tan insignificante, entonces,
¿por qué el estado no fue capaz de cubrir ese pequeño
hueco? ¿O es que la cifra es fidedigna pero las empresas
agrícolas estatales son tan ineficientes que no pudieron
cumplir esa mini
tarea?
La
ineficiencia de las empresas estatales cubanas es de
todos conocidas y no merece ningún análisis. En lo que
se refiere a las estadísticas, es necesario tener en
cuenta lo siguiente:
En
primer lugar, el estado calculaba como suyos aquellos
productos, que compraba a los campesinos y después
vendía en las tiendas estatales. Esto significa que el
aporte de los campesinos privados era muy superior al
2%.
En
segundo lugar, es natural que el estado, poseedor del
80% de la tierra, la más fértil además, asegurara la
mayor parte del consumo de la población, y no los
campesinos privados con sólo el 8% de la tierra, y de
peor calidad.
En
tercer lugar, hay que tener en cuenta no el volumen,
sino la calidad y variedad de los productos del
campesino privado. Con el cierre del mercado campesino
empobreció la variedad de productos que se ofertaban a
los consumidores. Los cultivos que requieren especial
atención, como regla, no son rentables cuando se
producen en las inmensas haciendas estatales, y éstas
simplemente prefieren no producirlos.
Otro
aspecto negativo que el gobierno achacó al mercado
campesino, fue el éxodo del campo a la ciudad. Se decía
que los campesinos se hacían ricos gracias al mercado,
compraban viviendas en las ciudades y abandonaban el
campo.
Como es
conocido, el éxodo del campo a las ciudades es un
problema global. Esta emigración tiene lugar en América
Latina, Africa, Asia, e incluso en la próspera Europa.
Alrededor de las grandes ciudades: Lima, Brasilia,
Quito, etc. se levantan numerosas favelas, que son
refugios infernales de la pobreza de los campos.
En el
caso de Cuba, si hacemos un análisis de los emigrantes
del campo después de 1980, notaremos que en su mayoría
éstos eran obreros agrícolas y no campesinos con
tierras. Los obreros agrícolas, que - dicho sea de paso
- constituyen la mayor parte de la población rural en
nuestro país, por supuesto, no poseen la mínima cantidad
de tierra para el autoconsumo y mucho menos para
producir y vender en el mercado.
Indudablemente, la causa de la emigración del campo a la
ciudad es evidente: la gran diferencia entre el nivel de
desarrollo del campo y la ciudad.
Faltaría analizar el principal argumento político del
gobierno para justificar el cierre del mercado: “esta
medida fue aprobada unánimemente por los propios
campesino en su congreso”.
La
primera interrogante sería: ¿Acaso, no es paradójico,
que los campesinos que se enriquecen gracias al mercado,
de pronto deciden unánimemente clausurarlo?
La
respuesta a esta interrogante no hay que buscarla muy
lejos. Veamos las actas de la reunión de Fidel Castro
con los campesinos.
En mayo
de 1986 se celebró en La Habana el II encuentro nacional
de cooperativistas de producción agropecuaria. En él
participaron los secretarios de los núcleos del PCC y la
UJC de las cooperativas, presidentes en los Municipios y
Provincias de la ANAP y el Poder Popular, Secretarios
del partido en los Municipios y Provincias, delegados
provinciales de los ministerios de la agricultura y del
azúcar.
En esta
reunión se trataron los problemas que enfrentaban el
movimiento cooperativo y las vías para superarlos.
También se analizó el problema de la inestabilidad del
abastecimiento de materiales de construcción a las
cooperativas.
La idea
central del congreso podemos resumirla así: hay
inestabilidad en los abastecimientos de materiales de
construcción a las cooperativas porque los campesinos
individuales se enriquecen y los compran todos para
construir palacios en las ciudades. Y en fin, el mercado
campesino crea monstruos capitalistas y es un freno para
el movimiento cooperativo.
En las
palabras de clausura el compañero Fidel, después de
prometer a los cooperativistas, que cuando cerraran el
mercado campesino, se resolverían los problemas de
abastecimiento de materiales, de construcción, incluso,
que estos aumanterían, expresó”....pero la fuerza, la
decisión, la claridad y la energía, con que ustedes
plantearon, que se pusiera fin a este mercado, realmente
es prueba concreta, palpable, del desarrollo de la
conciencia de los campesinos cooperativistas”..., y
agregó – “....porque aquí se puede apreciar ya una
mentalidad distinta en los campesinos cooperativistas.
Tienen una conciencia, una mentalidad diferente a la del
productor individual...” “Y plantean aquí, de manera
unánime, que se le ponga fin de inmediato” Más adelante
añade: “Las ideas expuestas por ustedes, sus
proposiciones, el criterio unánime del movimiento
cooperativista hace que ese mercado desaparezca sin
dilación alguna”. Al final del discurso señala: “Tenemos
el congreso de la ANAP el 17 de mayo del próximo año.
Ahí no estarán presentes sólo los campesinos
cooperativistas, estarán presentes también los
campesinos privados, con los cuales hay que trabajar,
hay que hacer un trabajo activo allí, porque allí es
donde estamos librando la batalla contra el
enemigo,...contra los elementos especuladores...”.
Después
de esto creo que el lector atento ya ha descubierto el
truco del que se valió Fidel Castro para cerrar el
mercado campesino. A los que se podían oponer a esta
medida, a los “especuladores”, a los campesinos
individuales que sí tenían interés en que el mercado
perdurara, a diferencia de los cooperativitas, no le
dieron vela en este entierro. Cuando en mayo de 1987 se
celebró el congreso de la ANAP, ya hacía un año que el
mercado campesino había dejado de existir.
....
A inicios de la década del 80 Cuba empleaba un total
de 73,7 miles de tractores,
miles de cubanos se graduaron de agrónomos, técnicos,
etc. Sin embargo, aún no nos hemos podido deshacer de
esa denigrante tarjeta de racionamiento. Sólo profundas
reformas en la agricultura nos permitirán salir con
dignidad de la crisis que sufre hoy la agricultura y
todos los demás campos de la vida política y social de
nuestro país.
En este
indicador ocupaba el cuarto lugar en América Latina,
sólo superado por México, Brasil y Argentina.
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