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La emancipación de la
mujer
Emily Rodríguez
Agencia de Prensa Libre Oriental (APLO)
SANTIAGO
DE CUBA, enero de 1998 - Una de las llamadas conquistas de la
revolución es la emancipación de la mujer, que permite
liberarla de la esclavitud impuesta por el hombre desde
el mismo inicio de la humanidad, incorporándola a la
vida laboral y eximiéndola un tanto de las obligaciones
para con la familia.
¿Qué de positivo y negativo trajo esto? Como positivo
se puede decir que logró una incorporación a la vida
de la sociedad, haciendo su presencia cada vez más
importante en todas las esferas de la vida, en comparación
con otros países más desarrollados, donde la cultura
situó al hombre en una posición privilegiada.
Sin embargo, las consecuencias negativas son mayores: se
oye hablar de máximas feministas, se estimula a romper
las cadenas en cualesquier circunstancias que se
consideren restrictivas, como el cuidado de los niños,
el trabajo doméstico y el yugo de la monogamia.
¿Cómo se ha manifestado este fenómeno? Se ha ubicado
inadecuadamente a la mujer en la sociedad, haciéndola
participar en todo tipo de trabajo, sin tener en cuenta
las diferencias biológicas, lo que ha provocado
enfermedades sobre todo inflamatorias del aparato
reproductivo por las cargas excesivas de peso y largas
jornadas de pie.
En el plano social, ha causado una falta de consideración
hacia el llamado sexo débil, por parte de ellas mismas
y por los hombres, que consideran que si ellas pueden
realizar trabajos forzosos y se consideran al mismo
nivel que ellos, no merecen tratos diferenciados.
Por otro lado, se ha abandonado el cuidado del hogar, la
crianza y el establecimiento de patrones de conducta en
los niños, y se ha quebrantado la estabilidad del
matrimonio al destruirse la integralidad de la familia,
lo que ha provocado desunión y desamor.
Cada día son más los divorcios producto de la
infidelidad y deslealtad de las mujeres, que por cumplir
determinadas tareas productivas como los llamados planes
"la escuela al campo" o participar en los
contingentes agrícolas y de la construcción viven
fuera del hogar por periodos prolongados.
La militancia en organizaciones políticas y de masas,
así como la participación en actividades militares,
incluyendo misiones internacionalista hacen que la mujer
desatienda la familia, siendo relegada ésta a un
segundo plano.
Es verdad que el desarrollo de la humanidad exige la
independencia de la mujer, pero ésta no puede perder la
posición privilegiada que le ha dado la naturaleza, de
ser una parte importante en la conservación de la raza
humana; de ser delicada, dulce, de llevar en sí misma
el amor necesario para crear y organizar una familia.
Todas las actitudes que conduzcan a lo contrario deben
considerarse incorrectas ya que no contribuyen a ubicar
adecuadamente a la mujer en el sitio que ella busca y
que le corresponde.
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