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Grupo de Apoyo a las Cooperativas Independientes de Cuba

La verdadera justicia social está en poner a todos los individuos en capacidad de pago, no en exonerarlos de ello. La gratuidad prostituye el concepto del valor.

 

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  Cuba, sus tierras y el derecho de propiedad.

Diosmel Rodríguez Vega

La situación actual sobre la propiedad de las tierras en Cuba, favorece una justa distribución y redistribución de las mismas. La confiscación de grandes extensiones de tierras, que pasaron a manos del Estado, hoy son fuentes perfectas para llevar a cabo una verdadera política agraria, bajo el lema de que “dueño ha de ser quien trabaja la tierra, no quien explota en nombre ella”.
Los antecedentes sobre posesión de las tierras en Cuba, dan la posibilidad de buscar alternativas más justas y razonables. Partiendo de la base que deben implementarse y estar presentes todas las formas de propiedad: individual, cooperativas, mixtas y hasta la estatal. Se hace obvio suponer que las formas pasadas de arrendatarios, colonos y precaristas no son las más idóneas para volverse a establecer. Aunque todo el que decida someterse al uso de tierra bajo esa condición, tendrá toda la libertad y derecho para hacerlo, garantizado por un Estado de Derecho.

El campesinado como grupo social tiene que jugar un papel determinante en la sociedad. Cuba por su condición agrícola ha de tener una población mayoritariamente rural, para ello hay que instrumentar una adecuada política agraria que estimule el retorno de la población hacia los campos. Los campesinos tienen que convertirse en una clase social fuerte por su fuerte posición económica. Campesino no puede ser sinónimo de atraso, pobreza y marginación social.
La propiedad privada individual de las tierras, aunque debe reforzarse y fortalecerse con nuevos propietarios, es uno los pasos más adelantados conque contamos en un proceso de distribución y redistribución de las tierras, si consideramos que aún subsisten 120 mil campesinos individuales según cifras oficiales, después de una rígida política de colectivización.
Sin embargo esto quiere decir que en ello hay presente dos factores elementales a parte de la voluntad personal de no aceptar la colectivización: la ubicación de sus tierras y sus cultivos no eran de interés para el estado o que la característica del relieve y los suelos los hacían muy pocos productivos.

Teniendo en cuenta lo postulado en el párrafo anterior, se puede comprender que es imprescindible mantener el carácter individual de las propiedades con las características señaladas anteriormente, pero aplicando un trato diferenciado en cuanto a precios de sus productos, financiamientos y asistencia social, con tal de garantizar la continuidad de explotación de las mismas. Reorientar en casos necesarios algunos cultivos y fines más apropiados como la crianza de algunos tipos de animales, también se facilitarán las permutas de tierras para lograr que los productores se puedan acoger al principio de voluntariedad sobre el cultivo a realizar.
En las zonas montañosas del Escambray, la Sierra Maestra, incluyendo la Gran Piedra y Baracoa se potenciar el cultivo del café de forma individual, por los que todas las fincas estatales deberán pasar a manos privadas. Se revisará la zona costera de estos territorios para desarrollar planes ganaderos de diferentes tipos.

Las Unidades Básicas de Producción Cooperativa, son  estructuras perfectas para implementar las cooperativas de nuevo tipo, sólo hay que liberarlas de las trabas estatales y dotarlas de la autonomía que como propiedad privada deban tener. Cancelando toda deuda históricamente contraída y acreditándoles los fondos necesarios para ejecutar sus planes.
Las UBPC establecerán convenios con las Empresas Agroindustriales (centrales azucareros) para determinar las demandas necesarias, pero nunca se supeditarán a los intereses de las mismas en detrimento de los resultados productivos, como cortar la caña antes de su maduración, inmiscuirse en la política de cultivo de los campesinos, etc.
Todas las Empresas Agroindustriales, incluyendo los centrales azucareros  deben regirse por nuevas legislaciones, la que determinarán su forma de uso y propiedad, fuera de los principios y regulaciones que sobre las tierras se determinen.
Las maquinarias agrícolas en posesión de las UBPC quedaran bajo su libre determinación, pero las deudas contraídas por causa de las mismas serán canceladas de oficio.

Las UBPC convertidas en cooperativas de nuevo tipo pondrán en práctica cuantas iniciativas sean necesarias para lograr la mayor autonomía de sus socios, que los haga sentirse verdaderos dueños de su trabajo, con parcelas y crianzas individuales que le permitan recuperar la independencia que siempre ha añorado el campesino cubano. Sólo serán colectivos los planes productivos y los financiamientos, mientras la redistribución de las ganancias, serán lo más equitativas posibles teniendo en cuenta los índices de participación. Los planes sociales serán responsabilidad de todos los miembros, con igual derecho y beneficios.
El desarrollo de planes agropecuarios por medio de fuerzas combinadas de propiedad, o sea la propiedad mixta puede ser factible en cultivos como el arroz, algunos planes cañeros y cualquier otro que se necesite de forma directa la participación del estado. Todas estas serán  formas de participación cooperativa donde el estado será un socio más, por lo que puede ser aplicable a disímiles proyectos, pero siempre bajo la supervisión y control del Tribunal de Tierras, que evite el tráfico de influencias y corrupción de las partes.

La propiedad estatal quedará reservada para aquellos terrenos que formen parte de otros proyectos: culturales, educacionales, de salud, cementerios y de reserva, tanto natural como de tierras disponibles, sobre las cuales se pueda aplicar para tomarlas en propiedad si se califica.

Analizados los distintos tipos de propiedad aplicables sobre las tierras en el caso cubano, podemos pasar a analizar como podrían instrumentarse los mecanismos para llegar a ello:
Lo primera que se crearía sería el Tribunal de Tierras, donde quedarían resueltos todos los litigios sobre el derecho a la propiedad. Al unísono se legislaría una ley donde quede establecida la cantidad máxima- expresada en caballerías- de tierras permitidas como propiedad individual.

Los campesinos individuales en Cuba, a pesar de la cantidad que subsisten en la actualidad  no cubren la cantidad de tierras necesarias a explotar por sus características bajo esta forma de propiedad. Hay que tener en cuenta que las zonas montañosas fueron las más afectados por el éxodo masivo debido a la mala política agraria y las intenciones del gobierno de controlar estatalmente todas las tierras.

La cantidad de tierras bajo la categoría de propiedad individual no debe sobrepasar los límites que impidan satisfacer todas las intenciones sobre necesidad de las mismas y que en la práctica se demuestre que hay capacidad para poderlas explotar en esa proporción. Todos tienen derecho a que se les complete la cantidad legalmente determinada, cuando se encuentren por debajo de ellas, siempre acogidos a las normas vigentes sobre la adquisición de tierras.

Solamente podrán sobrepasar los límites de uso y explotación de tierras todas aquellas personas o entidades que presenten proyectos que así lo justifiquen, bien sean planes ganaderos o agrícolas en cultivos que así lo requieran, en estos casos las tierras se tomaran en usufructo y nunca podrán retirarse los derechos sobre las mismas siempre que se cumplan los parámetros productivos.
De igual forma se procederá contra aquellas personas que se encuentren ocupando extensiones de tierras por encima de las establecidas, ya sean heredadas  por prebendas políticas o cualquier otra forma paternalista de distribución. En estos casos se reducirán a las cantidades establecidas por las normas vigentes, y el resto será puesto a disposición del fondo nacional de tierras, sin derecho a compensación.

Para la adquisición de tierras deben tenerse en cuenta además de algunos derechos históricos, la capacidad del individuo de ponerla o mantenerla en producción. Que se concilie un proyecto de viabilidad productiva que le permita adquirir préstamos sobre la cosecha. Las tierras no se darán en principios en propiedad, sino en calidad de usufructo, donde los individuos o empresas agrícolas estarán en la obligación de demostrar su capacidad productiva.

Después de transcurrido el tiempo establecido y las personas o entidades económicas agrarias  y ganaderas hayan demostrado su capacidad productora, se le otorgará la propiedad de las tierras en cuestión, mediante los trámites que determine la Ley Agraria.
La compensación que se otorgue mediante el Tribunal de Tierras, será igual al valor que le permita adquirir la cantidad de tierra autorizada por la nueva Ley Agraria, con igual características a las que le fueron expropiadas. La diferencia sobre el valor, en el caso de ser más, se les dará como fondo de inversión. Será obligatorio para todos los casos someterse al régimen de probatoria económica, antes de ser declarada en firme la propiedad.

Tendrán prioridad para la adquisición de tierras los cubanos por nacimiento o naturalización, la venta a extranjeros sólo se realizarán cuando declinen su interés por la oferta los nacionales, incluyendo el estado, avalado por un fallo del Tribunal de Tierras.
La nueva política agraria define como campesino a todo poseedor de tierras de forma individual o colectiva, por lo que para ello tiene que estar presente física o administrativamente frente a la propiedad. No será admisible jurídicamente el concepto de campesinos sin tierras, ya que todo el que califique tendrá el derecho sobre las mismas.
La existencia de una población subrural, aportará la fuerza de trabajo necesaria para la agricultura, como obreros agrícolas, los que recibirán un salario adecuado dentro de la escala salarial de puestos comunes, protegidos por la legislación vigente.

La comunidad rural deberá estar ubicada en los asentamientos poblacionales de cada zona, quedando proscrita la construcción de bohíos a lo largo de caminos y carreteras o lugares inapropiados  por considerarse injustificados e innecesarios.
Además de los préstamos bancarios que se puedan obtener, los campesinos tanto independientes como cooperativos podrán acogerse a préstamos sobre cosechas o financiamientos a cultivos predeterminados por centros de elaboración industrial, cadenas comerciales, etc.

Será responsabilidad del gobierno a través de una cámara de comercio controlar y regular la producción agrícola, estimulando una política de precios adecuada a partir de la demanda, pero nunca en detrimento de la producción realizada, a la cual se le tiene que garantizar el mercado.

Se aplicará una lista oficial de precios tanto para  la venta como para la compra de la producción agrícola, que impida acciones ventajistas por falta de mercados, el que hay que resolver por medio de la demanda, no por la regulación de la oferta, a no ser por crearse producciones alternativas.

Se creará un seguro sobre la cosecha, que contemple todas las posibilidades de desastres naturales, plagas o accidentes, en caso de producirse los mismos, los campesinos dispondrán de fondos inmediatos para  su pronta recuperación.
Es una responsabilidad del gobierno el fomento agrícola, por lo cual tiene que adoptar todas las medidas necesarias para poner en producción todas las tierras del país, desarrollar una política que permita un mínimo de aseguramiento a los campesinos hasta que sus tierras entren en producción. Debido a la insuficiencia de recursos que se puedan presentar para el cultivo de las tierras por su estado actual de abandono,  se podrá potencializar la crianza de todo tipo de ganado, hasta que las condiciones lo permitan.

El gobierno otorgará facilidades que le permitan al campesino obtener su  módulo agrario:  los diferentes tipos de animales de corral, bestias de monta o tiro y una vaca lechera. Todos de buena calidad genética.
Para asegurar la recuperación de la fertilidad y humedad de las tierras ubicadas en las márgenes de los ríos se liberarán los niveles de las presas, buscando otras soluciones a los abastos de agua. Desarrollar una adecuada política de reforestación y aplicar cuantas medidas sean necesarias para la desalinización de los suelos.

El Ministerio de Justicia creará el Departamento de Justicia Rural, quien estará encargado de velar porque se cumplan todos los derechos y obligaciones sobre los campesinos, evitando con ello que se produzcan condiciones que favorezcan el surgimiento de nuevos tipos de latifundios o que se violen los procedimientos sobre las tierras, establecidos por la ley.

Independientemente de la cultura histórica de los campesinos se creará un cuerpo de orientación agrícola que recomendará la mejor utilización de los suelos, técnicas de cultivo y uso de los recursos, todo con el fin de lograr mejores rendimientos. El propósito es ayudarle a mejorar o innovar la técnica, utilizando la experiencia práctica del mismo productor y si es preciso, orientarlo para que cambie de mentalidad, actitud y forma de hacer las cosas, que amplíe y desarrolle su marco de conocimientos, aprovechando mejor las condiciones del medio donde realiza sus actividades productivas.

Es innegable que además de todos los cambios estructurales planteados anteriormente, es evidente que el sector agropecuario debe realizar cambios e innovaciones tecnológicas profundas en los sistemas y métodos empleados en la producción, incluso en la mentalidad del propio agricultor, con la finalidad de obtener mayor productividad y rentabilidad.

Por tanto la estrategia a seguir, debe ser potenciar los factores que generalmente los pequeños y medianos agricultores tienen disponibles o pueden tener acceso a ellos fácilmente como son: Su propia mano de obra y la de sus familiares, preparación oportuna y correcta de la tierra, semilla y material de siembra, abonos ( mayormente orgánicos) y manejo de plagas y enfermedades.
Los objetivos de este proyecto son convertir a los pequeños y medianos agricultores en agro empresarios, como solución definitiva a los altos costos, bajos rendimientos y escasa o ninguna rentabilidad, que desgraciadamente viene arrastrando el agricultor cubano. Es preciso brindar al campesino asesoría técnica, en cuanto a análisis y preparación de tierras, estudios y diagnósticos de laboratorios, control de los costos a nivel de fincas e información de precios y mercados para mejorar la comercialización de los productos agropecuarios.

Tantos años de agricultura estatal, donde los costos, la calidad y el final destino de los productos no eran responsabilidad directa de los agricultores, debe ser un reto para las nuevas generaciones de productores cubanos.
El actual proceso de globalización que entre otras cosas significa eliminación de las barreras arancelarias y no arancelarias para facilitar el libre acceso de los productos a los mercados, esto exige un gran esfuerzo en términos de identificar y aplicar medidas que conduzcan a la eficiencia de los proyectos agropecuarios, algo a que tenemos que enfrentarnos luego que nuestros productos hayan cubierto el mercado nacional.

La actividad agropecuaria requiere de quienes invierten en ella, reciban una compensación justa y racional expresada en la obtención de un mínimo de rentabilidad. La obtención de un bien agroalimentario tiene justificación sólo, si el precio final del producto para el consumidor es igual o menor que el mismo producto importado, con buena calidad y presentación.

En el país nunca se han realizado intentos efectivos y sostenidos encaminados a resolver los problemas estructurales de los productores agrícolas, específicamente en lo que implica disponer de un ambiente de  seguridad y confianza en el destino de su producción, que le permita emprender nuevos proyectos, adquirir insumos y nuevas tecnologías que conlleven a una mayor productividad, todo esto sin un financiamiento oportuno, en cantidad y tasa de interés adecuado, como las que se destinan a la producción agropecuaria en otros países.

La escasez de recursos de todo tipo, el bajo nivel de desarrollo tecnológico, y la  estructura heterogénea que presenta la propiedad de la tierra, requiere la adopción de acciones bien planteadas para lograr una modernización de la actividad agropecuaria, con criterios verdaderamente empresariales, orientados fundamentalmente a obtener rentabilidad.

Cambiar la realidad actual, representa una de las tareas más importantes y trascendentales a que tiene necesariamente que enfrentarse la agricultura cubana, teniendo en cuenta que la situación económica está ejerciendo una fuerza prácticamente determinante sobre el comportamiento social y político del país.

Este cambio debe ser fruto de un plan de consenso e integración a nivel nacional en las que participen todas las instituciones públicas y privadas vinculadas al sector agropecuario, para cuando la agricultura cubana rompa el cerco invisible del totalitarismo, pueda llegar fortalecida y en capacidad competitiva a la apertura económica que impone la globalización.

Si ponemos en práctica todas estas premisas podemos decir que hemos salvado el futuro agrícola de nuestro país, resuelto los viejos problemas de injusticia social de nuestros campos y alcanzado el viejo sueño cubano, la diversificación de nuestros cultivos, con plena libertad y sin imposición de nadie y el campesino cubano, dejará de ser mirado con lástima y por su potencial económico se convertirá en una de las fuerzas a tener en cuenta en las decisiones políticas y sociales de la nueva república.